Todos sienten cuando las crisis tocan a la puerta. Sus golpes de insolvencia, disminución de las producciones y el consumo, la fluctuación de los precios como en montaña rusa…, provoca tambaleos en más de un coloso económico y abismos, todavía mayores, para los países más pobres.
Cuando un obrero alemán del sector automovilístico se queda sin trabajo, expuesto al desamparo capitalista por razón de esta crisis global que nadie sabe las más graves consecuencias que puede traer todavía para millones de personas en cualesquiera de los puntos cardinales del planeta, no le sucede lo mismo a uno guantanamero, sólo porque vive y trabaja en el socialismo cubano.
Cuando los indicios de la burbuja del sector inmobiliario de los Estados Unidos, otras pistas habían anunciado, desde antes, como la caída de la primera ficha del dominó y los que, visionarios, se sentaron a esperar la realidad del descalabro.