reforma constitucional leen Lo consignado en el proyecto de Constitución exige relecturas inteligentes. Foto: Dunia Álvarez Palacios

Contar con el consenso de las mayorías resulta, desde hace mucho tiempo, una necesidad histórica.

Las convocatorias a referendo para aprobar, mediante el voto secreto y directo del pueblo, las decisiones o los cambios de mayor trascendencia en un país, se han convertido en prácticas medianamente frecuentes.

No es común, sin embargo, someter a debate previo aquello que, al final, deberá ser refrendado en las urnas. Ese acto participativo singulariza y consolida el rumbo democrático, siempre perfectible.

Cuba, en sus casi 60 años de andar soberano, mucho ha apelado a esa anuencia colectiva. De esos ejercicios, y de la esencia misma de la Revolución, hemos aprendido que el primero y más noble de todos los propósitos es aquel que sitúa al ser humano en el centro de cada obra y recaba para este toda la justicia posible.

El proceso de consulta popular sobre el Proyecto de Constitución, que movilizará al país desde el próximo 13 de agosto hasta el 15 de noviembre, nace de esa misma raíz, y responde a un empeño mayor que habla de consenso, el cual ha de forjarse entre opiniones diversas, discrepantes, válidas todas. Y también habla de igualdad, de derechos consabidos y justísimos, de socialismo e irrevocabilidad.

Ese modo auténtico de obrar, con el oído presto al decir de la gente, deberá conducir, como tantas veces, el periodo de examen de nuestra futura Carta Magna, fruto del trabajo de la Comisión Parlamentaria que laboró en su redacción, y del equipo de expertos que con anterioridad la estudió.

Recordemos cómo fue la consulta previa de los Lineamientos que, luego de adiciones, supresiones y modificaciones, fueron aprobados durante el Sexto Congreso del Partido; o la que precedió la adopción de documentos programáticos como la Conceptualización del Modelo Económico y el Plan de Desarrollo Nacional hasta el 2030. De los análisis precedentes emergieron textos más integrales, enriquecidos con el conocimiento colectivo, y su letra sintetizó el sentir de la mayoría.

Hubo quienes solo añadieron o eliminaron comas, o quienes ni siquiera hicieron una lectura; pero fueron más, muchos más, los que aportaron saberes, y trascendieron la formalidad de asistir para, en definitiva, participar.

Y de eso se trata durante esta consulta que nos convoca, de asumir el privilegio de ser parte, y de interiorizar la responsabilidad que supone edificar, desde la colectividad, el porvenir, desprovistos de ojerizas que coarten «el culto a la dignidad plena del hombre». Y esa dignidad pondera, en toda su magnitud, el bienestar general, siempre superior a los reclamos individuales.

Los enjundiosos debates parlamentarios fueron la antesala de un ejercicio que, Cuba adentro, deberá conciliar voluntades y vigorizar la institucionalidad, pues el proyecto de Carta Magna propone una visión moderna y actualizada del tejido social, económico y político de la nación, profundamente modificado a lo largo de los 42 años que nos separan de la proclamación de la actual Ley de Leyes.

De poco o nada valdría llegar a ese suceso de participación ciudadana sin haber realizado un estudio consciente de los cambios que se pretenden introducir o de los principios que invariablemente perdurarán, porque sobre ellos descansa la continuidad de una obra tan genuina como la nuestra.

Por el alcance y envergadura de las transformaciones, lo consignado en este proyecto de Constitución, futura Ley Suprema que regirá todo el ordenamiento jurídico del país, exige relecturas inteligentes, exhaustivas, sin tabúes o conservadurismos.

En ese caso, concordar con los artículos propuestos es posible, discordar también; pero sin atrincheramientos que desconozcan los porqués o invaliden el avance de un proyecto que, pese a cualquier inconformidad personal, delinea un estado de equidad y justicia social más íntegro, más contemporáneo, más revolucionario.

Este proceso nos da la posibilidad de hacer crecer, entre todos, el carácter progresista y de avanzada de la  propuesta de Carta Magna,  no aprovecharlo sería contradecir nuestro legado emancipador, profundamente humanista, ligado de manera indisoluble a la historia constituyente.
Desde el pasado martes, ya está en las calles, en las casas, en las manos de los cubanos, el proyecto de Constitución. Lograr que la consulta sea fértil es una responsabilidad popular;  implicarse, un derecho que todos deberíamos hacer valer.

Fuente: Periódico Granma

 

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