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María de la Caridad Rodríguez Ortega, secretaria general del Buró Municipal del Sindicato de Hotelería y Turismo en Cár­denas, fue la primera en intervenir durante los debates en el Pleno 97 del Consejo Nacional de la CTC el sábado último.

Mientras la escuchaba, recordé las muchas veces que he tenido que discutir con numerosos compañeros que, con razón o sin ella, se cuestionan la utilidad del Sindicato y si está solo para “cobrar la cuota y las MTT”. Conste que no son pocos los ejemplos, sustentados en la pobre actividad de sus organizaciones sindicales de base y/o de sus dirigentes que, por cierto, ellos mismos, nosotros, elegimos.

Me gustaría que ellos y otros con similares criterios, y principalmente los cientos de afiliados al Sindicato de Hotelería y Turismo en aquel municipio matancero, hubieran tenido la oportunidad de oír su intervención, sustanciosa de principio a fin en argumentos acerca de la aplicación o dilación de un conjunto de nuevas normas con respecto al salario, que en vez de beneficiarlos ante mejores resultados, se han visto afectados. No se cumple lo legislado y lo publicado en Granma al respecto, están desmotivados, no hay respuesta a lo que plantean… fueron algunas de sus expresiones conclusivas.

Fue un magnífico inicio de este encuentro periódico de los principales dirigentes del movimiento sindical, elegidos justo hace un año en el XX Congreso de la CTC, que aunque su objetivo era examinar la labor de la Central y sus sindicatos durante el 2014, que abrió las deliberaciones, esta presentación de credenciales, mereció un largo aplauso de los participantes, y no solo eso: se esclareció que el problema está en el análisis, y se adoptó el acuerdo de atenderlo de manera priorizada con las autoridades administrativas competentes y llevar la respuesta que corresponda a los trabajadores del Turismo que han expresado esta queja.

Podría referenciar otras intervenciones de los participantes, sobre temas a veces comunes en estos eventos, con expresiones un tanto clásicas, convocatorias a mejorar tareas o em­prender otras, algún que otro señalamiento crítico, experiencias positivas, compromisos, reconocimientos… que lejos estoy de solapar, pero que por su frecuencia o reiteración no siempre logran captar ese mensaje distinto que esperan los trabajadores de quienes los dirigen en sus organizaciones sindicales.

Sin embargo, tres asuntos ameritan unas líneas: la necesidad de que los dirigentes sindicales se preparen lo más posible para el nuevo escenario laboral y las transformaciones que se en­frentan, sin lo cual, bien difícil les resultará saber y poder defender, como les corresponde, los intereses y derechos de los trabajadores; e incrementar la vinculación con los trabajadores, que no puede ser un slogan, pues son estos sus ojos y oídos en la base y los llamados a alertar los problemas que pudieran impedir el cumplimiento de los objetivos propuestos y generar desmotivaciones.
No por casualidad, Ulises Guilarte de Nacimiento, miembro del Comité Central, del Consejo de Estado y secretario general de la CTC, afirmó en una de sus intervenciones: Para que nuestro discurso no sea solo de convocatoria, o de alusión a que me dijeron o yo oí, el dirigente sindical tiene que tener dominio de lo que está diciendo, y para eso tiene que estar capacitado, bien preparado, y en esto vamos a afianzar nuestro trabajo este año.

A la política de cuadros, principalmente en la base y las instancias municipales, también se dedicó espacio en el Pleno, con más comentarios críticos y autocríticos como consecuencia de dificultades que han estado presentes y la elevada renovación de dirigentes que tuvo lugar a partir del pasado año. Cambiar los métodos en este sentido, fue expresión casi unánime.

Es un asunto estratégico, señaló Ulises, si los cuadros no funcionan, no funcionará el resto de las tareas, y la política de cuadros empieza en el colectivo, del que surgen los líderes sindicales, los que mueven a los trabajadores. Este tema suele tener muchas justificaciones, pero lo que más hace falta es el compromiso y la disposición, y esos existen en nuestros colectivos.

Todo lo enunciado tiene un denominador común: el funcionamiento sindical, que tanto en el informe central como en las deliberaciones fue objeto de un análisis crítico y autocrítico.

En ello concentró Salvador Valdés Mesa, miembro del Buró Político y vicepresidente del Consejo de Estado, la parte esencial  de su intervención ante el Pleno.

Es una necesidad imprescindible fortalecer el funcionamiento sindical, su carácter estratégico requiere mayor prioridad, atención y compromiso, aseveró.

Destacó el esfuerzo que hizo el movimiento sindical en el 2014 sobre las nuevas normas legales, el Código de Trabajo, los convenios colectivos, el fortalecimiento de los Órganos de Justicia Laboral, pero no se atendió el funcionamiento como hay que atenderlo.

Si el Sindicato funciona, enfatizó, mayor será el apoyo que se le va a dar a la economía, al proceso de transformaciones, a la implementación de los Lineamientos. El Sindicato tiene la capacidad, el deber y la obligación de trabajar con todos los trabajadores y no excluir a ninguno por su forma de relación laboral, hay que sumarlos a todos, pero lo primero que tiene que funcionar es la sección sindical, asumir su liderazgo y ocuparse de los problemas de los trabajadores; tiene que ser un soporte para discutir, concertar, trabajar para que los problemas de todo aquello que tenga solución a ese nivel se resuelvan, y lo que no lo tenga, siempre encontrará un oído receptivo en la administración, en el Gobierno, en el Partido, para resolver esas dificultades que colectivamente estamos enfrentando.

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