Josué Oliva

La llamada canción inteligente, esa que refleja desde su exquisita poética sueños, inconformidades, propuestas renovadoras para cualquier fenómeno o los más incomprendidos y puros sentimientos de un artista, fueron los acordes que atraparon de por vida al trovador guantanamero Josué Oliva Matos.

Los prematuros anhelos de un niño que quería ser pintor, poco a poco se trasladaron a la necesidad de expresar a guitarra en mano cada idea que pasara por su mente, afinidad musical que generaron las continuas descargas nocturnas que realizaba su padre Juan de Dios Oliva Pérez, camionero de profesión y tresero de afición, que a decir de Oliva Matos “tocaba un changüí bárbaro”.

 

Y es que aún y cuando muchos definen etiquetas para clasificar la trova hecha antes y después del triunfo revolucionario, y en los últimos tiempos, a sus 35 años de vida artística profesional, este cantautor prefiere catalogarse como un trovador de todos los tiempos.

 

“Nací como músico, dentro del movimiento de la nueva trova, pero en mi repertorio incorporo esas imperecederas notas de Pepe Sánchez, Sindo Garay, o Manuel Corona, porque la conocida trova tradicional es de donde emerge nuestra identidad musical, donde nace el son, la guaracha o el bolero, música que nos distingue en cualquier parte del orbe.”

 

La obra de Vicente Feliú, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Mike Porcel, iniciadores del movimiento de la nueva trova en Cuba, son las más fuertes influencias que enumera Josué lo hicieran enamorarse del nuevo modo de decir y armónico -dentro de la guitarrística- que surgía, y que mezclaba la samba, el rock u otras influencias de géneros musicales latinoamericanos.

 

Estudios de nivel medio en música, el paso por el Coro Masculino donde aprendiera a leer partituras y las clases en la academia nocturna de guitarra por la imposibilidad de pagar un centro formador de este tipo, engrosaron los conocimientos musicales del juglar, quien también integrara el otrora grupo Fronteras, conjunto musical guantanamero.

 

“La posibilidad de generar música desde sonidos propios de la isla, como el changüí, y otros que se apoderaban de la parte sur del continente para ese tiempo, nos dio la posibilidad de participar en Alemania en el Festival de la Canción Roja de Berlín y compartir escenario con músicos de la talla de Pete Seeger, quien incorporara los versos sencillos de José Martí a La Guantanamera.”

 

Pero es sin dudas la función de enseñar y guiar a los más noveles representantes de la trova en Guantánamo una de las más notables obras del también fundador de la Asociación Hermanos Saíz.

 

“A muchos de esos jóvenes trovadores me los encontré en el parque cantando rancheras, nada que ver con su identidad como guantanameros, y poco a poco los fui llevando a mis conciertos y enamorándolos de esta manera de hacer música, así lo he hecho con Yuris García, Audis Vargas, Yoyi Barret, Pedrito Sánchez y otros más.

 

“Mi misiva siempre fue que se pueden interpretar canciones mexicanas, chinas, las que sean, pues es el folclor, pero primero hay que aprender a interpretar la nuestra para luego fusionarla y defenderla en cualquier espacio como lo es la Jornada de la Canción Política, donde se reúnen decenas de trovadores y se retroalimenta el movimiento”.

 

Más de 500 obras escritas asegura tener Josué Oliva, recogidas algunas en fonogramas como Camino con Fe o Vengo de la trova, textos que como dice Silvio Rodríguez prefieren hablar de cosas imposibles porque de lo posible se habla demasiado.

 

Es esa la esencia de este poeta del pentagrama que aun recuerda los activos de trovadores que antes se realizaban para reunir a quienes decidían defender este modo de hacer música.

 

Desde Alemania, México, Colombia o La Habana, Josué ha defendido sus acordes trovadorescos, armonías que no han sido tentadas por el éxodo, pues a decir del músico, su fuente de inspiración, “es en Guantánamo, con su gente, sus raíces, donde nace mi trova”.

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