Guantánamo es un reservorio innegable de tradiciones.

La más oriental es de esos territorios donde palpita el patrimonio cultural de la nación cubana, y en la que a cada paso, repiquetean los cajones y los batá retumban en el cuerpo de los bailadores.

Expresión de resistencia y mestizaje, la rumba encontró en Guantánamo, grupos y músicos interesados en hacer perdurar el legado de la cultura africana en la formación de la cubanía e identidad nacional.

Desde los tiempos coloniales hasta hoy, que la Unesco la declarara como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, la rumba cubana es una mezcla festiva de baile y música pero sus ritmos, fuertes, contagiosos y excitantes han sido también desde siempre, señal de emancipación y rebeldía.

Ayer, el Área de las Tradiciones de la ciudad de Guantánamo acogió por segunda vez al Festival Internacional de Rumba Timbalaye 2017, con presentaciones músico danzarias en la tarde noche, y en la mañana, el encuentro teórico La Rumba en Guantánamo, celebrado en la Casa del Son con la presencia de Irma Castillo y Ulises Mora, organizadores principales del evento.

Por las afueras de la Casa del Changüí desfilaron grupos y familias portadoras, pequeños bailadores del proyecto sociocultural El Patio de Adela, artistas profesionales y aficionados del patio, los grupos Obbá Ilú Ara, Akokán Aché, Rumberos del Guaso, Aché Iré e integrantes de la compañía Ballet folclórico Babul.

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