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El expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, asumirá el cargo de ministro de la Casa Cilvil, lo que en otros países se conoce como Jefe de Gabinete o ministro de Presidencia.

 

El nombramiento se da tras una reunión que sostuvo con la mandataria, Dilma Rousseff, en el Palacio de Gobierno.

Este cargo es el más importante del Ejecutivo brasileño y de mayor confianza. La información fue confirmada por el dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) en la Cámara, Afonso Florence.

 

Lula sustituirá de esta forma a Jaques Wagner, quien asumirá una secretaría ejecutiva, y tomará las riendas de la estrategia política del Gobierno.

 

Medios locales señalan que aún se esperan más cambios en el tren ministerial, puesto que al parecer en la negociación, Lula solicitó un nuevo equipo para asumir las riendas del cargo.

 

La decisión se concretó el pasado martes por un lapso de tiempo de cuatro horas y este miércoles se conocieron los resultados.

 

Se trata de la primera vez que un expresidente brasileño asume cargo como ministro de uno de sus sucesores.

 

A pesar de que Lula asume este cargo, no supone ninguna diferencia, debido a que las autoridades seguirán en plena función de aplicarle un juicio sobre las investigaciones que conciernen en su contra por el caso de Petrobras.

 

Su causa pasará a manos de la Corte Suprema, mientras que un Tribunal Federal, la instancia más alta del país, será el encargado de procesar cualquier tipo de juicio, en caso que la justicia lo amerite, pese a que Lula ha negado en reiteradas ocasiones las acusaciones que intentan enlodar su imagen.

 

Para muchos, este nombramiento es un intento de obstaculizar el devenir de la justicia en el caso Petrobras, pero lo cierto es que si se llagara a aplicar un juicio en contra de Lula la situación para él sería peor.

 

El profesor de Derecho Constitucional de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (PUC-SP) Pedro Serrano explicó que “judicialmente es peor para él, porque después de la decisión del Tribunal Supremo Federal, no podría apelar su sentencia, porque la decisión de esta corte es definitiva”, afirmó a la BBC.

 

Diputados del PT ven el cargo de Lula como una contribución a la estabilidad política del Gobierno, además de ser un nuevo acercamiento a la presidencia de ese país como él mismo lo ha dicho, que será candidato en los comicios de 2018 ante tanta “insolencia” que han aplicado en su contra por el caso de corrupción de Petrobras.

 

Lula sigue siendo el gran baluarte del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), debido a su inmensa popularidad, sobre todo, tras lograr reducir la pobreza y desigualdad, cuando estuvo al frente del gobierno entre 2003 y 2010.

 

En contexto

Tanto la jefa de Estado, Dilma Rousseff, como el expresidente Lula, enfrentan en la actualidad una campaña de desprestigio por parte de sectores opositores que buscan generar una situación de ingobernabilidad en el país, acusándolos de ser los responsables del fraude masivo en Petrobras.

 

El líder siempre se ha mostrado abierto a declarar a las autoridades, por lo que su orden de conducción coercitiva se relaciona con otros factores, “como un claro ataque a lo que Lula representa como líder político y social”, según refirió el ministro brasileño de Trabajo y Sanidad Social, Miguel Rossetto.

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