Thersa-May-Reina-IsabelLa Reina Isabel hace oficial el nombramiento de Theresa May como primera ministra del Reino Unido, la segunda después de Margaret Thacher. Foto: PA.

“Theresa es una mujer tremendamente difícil”… La frase pertenece al veterano Kenneth Clarke, que trabajó con Margaret Thatcher, primera líder de la Gran Bretaña. Lejos de tomárselo como una ofensa, Theresa May ha recogido el guante del ‘bloody difficult’ y lo ha convertido en su seña de identidad nada más poner el pie en la histórica residencia de Downing Street: “el primero que va a saber que soy tremendamente difícil es el presidente de a Comisión Europea Jean-Claude Juncker”.

 

Las comparaciones con Angela Merkel, canciller alemana, son inevitables, como lo será el pulso que se avecina entre las dos mujeres “blindadas” de la política europea. Al igual que la germana, Theresa Brasier heredó la moralidad y las formas de su padre vicario, Hubert , el mismo que la casó a los 24 años con un banquero llamado Philip May, a quien conoció cuando estudiaba en Oxford.

 

El propio Philip, ahora en el papel de consorte, ha intentado marcar de antemano las distancias con el legendario Denis Thatcher: “sólo hubo y habrá un Denis, y además soy malísimo al golf”. Parco en palabras, responde tal que así a la pregunta que le hace el medio británico Daily Mail sobre el futuro de su esposa como primera ministra: “será excelente, siempre es capaz de mantener la calma”.

 

En una insólita puerta abierta a su vida personal, Theresa May ha confesado también estos días la frustración que arrastró durante un tiempo la pareja por no tener hijos, pese a buscarlos con persistencia: “por supuesto que nos ha afectado. Casi todos nuestros amigos tienen hijos mayores a estas alturas, pero tenemos que aceptar lo que nos da la vida. Hay otras parejas en esta misma situación”.

 

Theresa May, ha eludido también las comparaciones directas con la ‘Dama de Hierro’, que fue líder del Partido Conservador a los 50 y llegó al poder con 55, cuatro menos que los que tiene ella: “Thatcher era única a su manera: nunca habrá otra igual”. Quienes la conocen dicen que May no ha sido nunca ‘thatcherista’, y que el efecto de sus políticas sobre los “menos favorecidos” es algo que precisamente se ha propuesto evitar como primera ministra.

 

Su viejo amigo universitario, Pat Frankland, revela a The Guardian que el sueño de Theresa May desde que estaba en Oxford era llegar a ser algún día a primera ministra, de ahí la relativa animosidad hacia Maggie… “Ella quería tenía muy claro lo que quería. ‘Yo quería haber sido la primera, pero fue ella la primera’… Tenía 17 años cuando me dijo eso. Yo era muy consciente de esa ambición desde el primer día”.

 

“Brexit es Brexit”

Theresa-May.-Foto-Reuters-580x395Theresa May ha dicho “Brexit es brexit” en alusión a que no realizará otro referéndum sobre la salida de su país de la UE. Foto: Reuters.

En el 2002, en uno de los momentos que definen su ascenso, Theresa May habló de la imperiosa necesidad de los ‘tories’ de dejar atrás la etiqueta del ‘nasty party’ (‘el partido asqueroso’) que arrastraban precisamente desde la era Thatcher y por sus desdén a las clases trabajadoras. En su declaración del principios, la propia May aseguró que uno de los tres pilares de sus mandato será lograr que la economía funcione para todos y no “para unos pocos privilegiados”.

 

Por lo demás, y aparte del tajante “Brexit es Brexit“, el “credo” de la nueva primera ministra está aún por desvelar, más allá de sus antecedentes de “mano dura” ante la inmigración y su negativa a dar garantías para conservar su actual estatus a los tres millones inmigrantes de la UE en el Reino Unido. Durante la campaña -y peses a sus devaneos euroescépticos en el pasado- apoyó testimonialmente la permanencia. Pero fue más bien por un gesto de lealtad a su jefe de filas o de posicionamiento personal ante la carrera por la sucesión que ya se estaba gestando.

 

A diferencia de David Cameron, que en sus seis años de mandato se dejó guiar por su instinto de político “táctico” (hasta errar estrepitosamente en sus cálculos con el Brexit), Theresa May aspira a dejarse llevar por sus convicciones y a dejarse guiar por su brújula moral… Siempre y cuando sea capaz de conciliar a las dos mitades enfrentadas de los ‘tories’ que seguirán luchando a sus espaldas (mal que le pese) como dos escorpiones dentro de la misma botella.

 

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