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Estados Unidos lanzó alrededor de 50 misiles sobre instalaciones militares sirias.

Disparados desde una base naval en el mar Mediterráneo, según Telesur, estos misiles impactaron múltiples sitios, entre ellos una base aérea cercana a Homs.

El País, que también se hizo eco de la noticia, aseveró que se trata de una «represalia por el ataque químico del martes por el cual murieron unas 80 personas, y que Washington atribuye al régimen de Damasco».

Sin embargo, otros medios advierten que esa fue, precisamente, «una excusa de EE.UU. para ejecutar el ataque: acusar –sin pruebas– al gobierno de Bashar al Assad de haber usado gas sarín en un supuesto ataque químico en Idlib, que ni siquiera la ONU, a través de Oficina de Asuntos para Desarme, pudo confirmar que haya sido efectuado desde el aire y con aviones rusos, como se acusó.

Este ataque sorpresivo se registra como el primer asalto convencional ordenado por Donald Trump contra otro país, y ocurre un día después de que el mandatario estadounidense dijera que el ataque químico en Idlib (Siria) había «cruzado muchas líneas» y que estudiaría tomar medidas militares ante esa «grave situación».

«Ordené un ataque militar directo contra una base en Siria desde la que fue lanzado el ataque químico», declaró Trump en rueda de prensa tras el ataque, y lo justificó diciendo que «responde al interés vital de seguridad nacional de EE UU».

Por su parte, la televisión siria califica el hecho de «acto de agresión», ya que el ataque sigue el plan trazado por el Pentágono desde el 2013.

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