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Como Jurista siempre le he concedido al estudio del Derecho Constitucional una importancia cimera por el contenido de lo que de ella dimana. A la luz de algunos trabajos que sobre el tema han comenzado a circular en nuestros medios muy necesarios porque refrescan la memoria histórica y constitucional desde nuestros primeros hitos fundacionales como nación.

 

Llegado este momento creo oportuno expresar algunas ideas en torno a la necesidad de defender y enriquecer sobre la base de los principios revolucionarios el nuevo Proyecto de Constitución de la República de Cuba, que será sometido desde hoy a consulta popular.

 

En su memorable informe central al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba nuestro querido Fidel, entonces Primer Secretario del Comité Central del Partido, refiriéndose a la Constitución Socialista Cubana que acaba de cumplir 42 años expresó:

 

“Hoy necesitamos una Constitución en correspondencia con las características de nuestra sociedad, con la conciencia social, las convicciones ideológicas y las aspiraciones de nuestro pueblo. Una Constitución que refleje las leyes generales de la sociedad que construimos, las profundas transformaciones económicas, sociales y políticas operadas por la Revolución y los logros históricos conquistados por nuestro pueblo. Una Constitución, en fin que consolide lo que somos hoy y que ayude a alcanzar lo que queremos ser mañana.

 

“Se ha trabajado -seguía diciendo Fidel-, concienzudamente en la elaboración del Proyecto de Constitución. En él se han sintetizado las experiencias de nuestro pueblo y la experiencia universal de las naciones que nos precedieron en la edificación de la sociedad socialista.

 

“Creemos que es un texto digno del Primer Estado Socialista de obreros y campesinos, de trabajadores manuales e intelectuales, del continente americano, en el cual la soberanía y todo el poder pertenecen real y verdaderamente al pueblo laborioso, poder fundamentado en la propiedad colectiva sobre los medios de producción y sustentado en la alianza obrero campesina, guiado por su vanguardia organizada marxista – leninista, el Partido Comunista de Cuba, fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”.

 

Pese al tiempo transcurrido desde entonces, esas palabras encuentran plena vigencia. En ellas se sintetiza la esencia de nuestro sistema social y los principios fundamentales que conforman a nuestro Estado Socialista.

 

A partir de estos enunciados podemos apreciar el significado y la enorme importancia que encierra la Constitución, en la concreción de la sociedad cubana, donde el ejercicio del poder reside en el pueblo, entendido por tal, conforme a la concepción marxista y a lo expresado por Fidel en la “Historia me Absolverá”, el pueblo trabajador, o sea, las clases sociales activas y progresistas que se desenvuelvan en el seno de nuestra sociedad.

 

Los gobernantes y políticos enemigos de la Revolución Cubana no han estado ajenos a esa realidad y han enfilado sus cañones contra ella. Resultaría oportuno enumerar algunas de las inventivas, despropósitos y falsedades que han esgrimido en estos más de 40 años de vigencia y que van desde su oposición frontal a sus enunciados, tachándola de autoritaria y reflejo fiel de las que existían en el desaparecido campo socialista, prescindiendo de sus características autóctonas, en correspondencia con nuestras tradiciones constitucionalistas iniciadas el 10 de Abril de 1869, en Guáimaro, Camagüey hasta las de aquellos que reconociéndole solamente un extraordinario valor social, olvidan los valores políticos, jurídicos e institucionales que la misma encierra.

 

A esas voces del extranjero, a las que se unen un minoritario sector interno de la sociedad cubana, que se auto declaran “revolucionarios y progresistas” y solamente quieren avanzar en un proceso que denominan de “democratización” de la sociedad cubana, como si esta no lo fuera para lo cual propugnan la modificación de la Constitución, si vieron a través de nuestros medios la transparencia con que nuestros diputados reunidos en la Primera Sesión Ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular de la presente legislatura debatieron el anteproyecto a la nueva Constitución y que sometemos, además, a consulta popular como legítima expresión de soberanía y luego a referendo, en señal de impotencia callarán sus voces.

 

En mi opinión, el tabloide que ya circula se distingue por una estructura coherente y sistemática, lenguaje claro, asequible y un reordenamiento lógico de sus contenidos que resumidos en 224 Artículos, 11 Títulos, 24 Capítulos y 16 Secciones es de lo mejor y más avanzado del pensamiento constitucional moderno, enfocado con la mira puesta en el futuro de la nación.

 

Las modificaciones que contiene, necesarias, novedosas, innovadoras y algunas osadas, pero revolucionarias todas y en la dirección del perfeccionamiento del Sistema Democrático Cubano y la Institucionalidad, le otorgan perdurabilidad y seguridad jurídica a la Constitución, aclarando que no estamos frente a un tratado de derecho o una enciclopedia jurídica, este tipo de texto normativo tiene límites, es una norma que establece principios básicos y valores esenciales mínimos, su desarrollo lo encontramos en la ley y demás disposiciones jurídicas las que en breve tiempo también tenemos que actualizar.

 

La primera tarea que debemos asumir ahora es estudiarnos ese valioso proyecto, prepararnos bien para un debate constructivo y enriquecedor para seguir perfeccionándolo, en función de lograr una Constitución que refleje por encima de la diversidad de criterios coincidentes o no con un articulo, la madurez alcanzada en interés de salvar la unidad de los cubanos en torno a su sistema político, la democracia socialista y la Revolución, que es en esencia el bienestar colectivo de todos.

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