1Laura Melo del PMALaura MeloLa cita de la representante del Programa Mundial de Alimentos (PMA) con la prensa está fijada para media hora después, pero nos adelantamos y asistimos a su encuentro con expertos y representantes de entidades vinculadas al Programa de País, que desarrolla ese organismo en 43 municipios cubanos, a un costo superior a los 18 millones de dólares.

El tono es amistoso. Laura Melo no es nueva en Guantánamo, lo dice la naturalidad con que se mueve entre el debate y disecciona cada tema, propia de quien desanda los recovecos donde el PMA extiende sus proyectos de colaboración con el gobierno cubano.

Esta provincia, dice varias veces durante el “tope” y luego, en sus declaraciones a la prensa local, es un ejemplo en el programa que discuten y en otros. Hablamos también de la sequía, de la ayuda tras Matthew, de garantías para la seguridad alimentaria, de grupos vulnerables, y del futuro...

Un país y un proyecto

El Programa País, explica, es parte del apoyo de su agencia a la prioridad del gobierno nacional con respecto a la seguridad alimentaria y nutricional, a través del apoyo a los grupos más vulnerables (niños hasta los tres años, mujeres embarazadas y lactantes, ancianos…) y el fortalecimiento de la producción local de alimentos.

“Tenemos, precisa, tres grandes áreas: la primera, es el trabajo en las redes de protección social con esos grupos vulnerables ya mencionados, para garantizar que se les garantice acceso y disponibilidad a los alimentos y a un consumo nutricionalmente equilibrado”.

Ese primer punto, incluye la distribución de alimentos fortificados contra la anemia que llegan hasta los sitios más recónditos, sobre todo destinados a ese programa contra el déficit de glóbulos rojos en la sangre.

Una segunda, explica, “busca fortalecer -con introducción de tecnología, semillas…- la cadena de valor del frijol, para garantizar que se disponga de alimentos de calidad para estos grupos más necesitados, y un tercer pilar tiene que ver con la alerta temprana y resiliencia ante los desastres naturales, para minimizar su impacto en la seguridad alimentaria”.

Los resultados en Guantánamo, sin tradición frijolera y por donde empezó la experiencia piloto del Programa, que se extiende entre el 2015 y el 2018, son “alentadores” y un “ejemplo” para el resto de los territorios donde se aplica.

Avalan su opinión, “un aumento muy claro de las producciones de frijol que permite el autoabastecimiento del grano para los programas sociales y el aumento del uso de semillas de calidad adaptadas a las necesidades de la demanda y las condiciones naturales.

“También el vínculo entre los programas nutricionales y la agricultura, porque logramos fortalecer la producción de frijol biofortificado y que éste llegue a los destinos: círculos infantiles, hogares de ancianos, y hacia los sitios donde están los grupos más vulnerables”.

Mientras, en la alerta temprana, puntualiza que se trabaja en la articulación de los protocolos que identifican una situación de sequía, pero también de la acción de los diferentes actores, meteorología, recursos hidráulicos, los gobiernos, la agricultura, los productores…, porque “muchas veces se precisan estos periodos, pero la información generada por los expertos no llega a los agricultores, sobre todo con consejos prácticos para enfrentar esa situación, para que no afecte tanto las producciones y la seguridad alimentaria”.

Un huracán llamado Matthew

Finalmente, el huracán Matthew acapara todas las preguntas. La interrogante clásica se impone, en busca de declaraciones exclusivas de ese organismo de las Naciones Unidas sobre el manejo tras el paso del meteoro, sobre todo en lo concerniente a seguridad alimentaria.

“Cuba tiene una fortaleza muy grande en la preparación y respuesta a desastres naturales, y su Defensa Civil es una referencia para la región. En general, me dice Melo en su español casi perfecto, el gobierno hizo un trabajo extraordinario que posibilitó que no se perdieran vidas humanas”.

El PMA, de hecho, ha sido testigo de excepción del proceso de creación de capacidades de respuesta ante desastres naturales, desde sus primeros vínculos con el archipiélago, surgidos coincidentemente tras los vientos huracanados y las fortísimas inundaciones que dejó El Flora, en aquel lejano octubre de 1963.

La relación, llevada a sus máximas expresiones en la preparación para enfrenar al Matthew, permitió que por primera vez -y gracias a las donaciones de los gobiernos de Canadá y Brasil y del Fondo Común para Respuesta a Emergencias de Las Naciones Unidas-, se preposicionaran reservas de arroz y frijoles en el país.

Ese preposicionamiento, al final, será la principal fortaleza y la lección primaria tras el meteoro. “Tener esos alimentos en Cuba, un país para el cual, a causa del bloqueo estadounidense y su condición insular, se hace más complicado el proceso de comprar y trasladar alimentos; hizo posible que las personas recibieran nuestros alimentos en menos de una semana luego del paso del huracán, también gracias a nuestra donación de carpas para almacenar esos recursos en los sitios más devastados”.

Con ese argumento, confiesa la representante del PMA en Cuba desde el año 2013, “estamos buscando financiamiento entre nuestros donantes para incrementar la cantidad y la variedad de esos alimentos preposicionados en el país, con el apoyo del gobierno, por supuesto”.

La búsqueda de financiamiento, en esta etapa, también se encamina a extender las facilidades del Proyecto de País (alimentos fortificados, creación de capacidades, equipamiento para los productores y el uso de expertos…) a otros territorios de la provincia fuertes en la producción de alimentos para apoyar el consumo en los municipios afectados, con más tradición de cultivos como el cacao y el café. Con Rusia, adelanta, se conversan las primeras propuestas.

Nuestro trabajo, resume, es asistir al gobierno cubano para garantizar la seguridad alimentaria en las comunidades afectadas, donde muchas personas perdieron sus medios de vida y pasaron un sufrimiento muy grande, y en momentos en los que los esfuerzos para reconstruir el país implican una sobrecarga adicional para el presupuesto nacional.

La llegada, disposición y distribución de los donativos del Programa para apoyar a los damnificados, resume, “marchó de forma muy eficiente, y con gran apoyo de las autoridades locales. Eso posibilitó que esos primeros alimentos se movieron de una manera muy rápida, aunque luego el proceso de compra de nuevos productos fue algo más moroso, lo que terminó de confirmar la importancia del alimento situado en el sitio del desastre”.

Le consta, también, la transparencia de la distribución de los donativos tras Matthew. “Somos una agencia sustentada exclusivamente en donaciones voluntarias y por tanto tenemos una gran responsabilidad y somos muy exigentes en cuanto al seguimiento, monitoreo y evaluación del destino de nuestros aportes, para eso tenemos en cada provincia un monitor de campo que, como pasó en este caso, nos informó la calidad de los procesos de transportación, almacenamiento, entrega”.

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