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baracoa historia

Primero fue Cristóbal Colón, que sin descansar de aquel tormentoso viaje desde el viejo continente, llegó a los alrededores de Baracoa el 27 de noviembre de 1492, y en su diario sobre aquel entorno que se abría ante sus ojos dejó estampado que era “la más hermosa cosa del mundo”.

Cuentan que cuatro días después de la llegada a aquellos parajes llenos de pacíficos aborígenes desnudos y teñidos de colorado, y con “buen puerto buenas aguas, buenas tierras, buenas comarcas y mucha leña”, Colón bautizó a la bahía como Porto Santo, y justo en su entrada sobre unas peñas vivas clavó la Cruz de Parra, la única que hoy se preserva de las 29 que él plantara en América.

Pero fue en 1511 cuando los españoles llegaron en son de conquista y colonización. Venían encabezados por el almirante Diego Velázquez de Cuellar, quien junto a sus 300 expedicionarios encuentra la cruz colocada en esos parajes por Colón 19 años atrás, establecen allí su residencia y declaran aquel lugar capital política, distinción mantenida hasta 1515 en que se traslada la cabeza nacional a Santiago de Cuba.

Diego Velázquez, el conquistador, es quien le da el título de ciudad bautizándola como la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, y la hace el primer obispado que tuvo Cuba. La histórica fecha de ese suceso fue el 15 de agosto de 1511.

Hoy, 505 años después de ese hecho, Baracoa es una ciudad llena de encanto. Su carácter especial, más allá del hecho de ser la más antigua de las villas cubanas, lo da su naturaleza inigualable, bendecida por ese Yunque que hace único su paisaje, los ríos que la rodean, el mar que la estimula y castiga, y su gente sencilla y afable.

Este 15 de agosto Baracoa cumple un año más de existencia, vida en cuyo trayecto ha tenido que pasar por disímiles períodos que van desde el azote devastador de la naturaleza, el olvido y abandono durante la neocolonia, y por un resurgir como Ave Fénix que llegó con el triunfo de los barbudos y el pueblo en aquel Primero de enero de 1959.

De esta última fecha a acá, Baracoa es otra, nuevamente fue cobrando vida y afianzando esa espiritualidad que hace que su gente en cualquier lugar se reconozca primeramente como baracoense.

Con la Revolución, además de ese viaducto de La Farola que se yergue como su principal vía de acceso, llególaextensión de servicios como la educación, salud, deportes, cultura, entre otros, que benefician por derecho a todos por igual.

Decir el nombre de esta peculiar urbe al que ya la ha visitado, es casi imposible sin que recurran en el pensamiento sus ríos, el mar bravo que le circunda, su hotel El Castillo privilegiado desde la altura, la lejana “bella durmiente”, la emblemática iglesia donde se guarda lo que queda de la Cruz de Parra original, y el peculiar malecón que une las otroras fortalezas Matachín y La Punta, hoy museo y restaurante, respectivamente.

Para quienes no han ido, también Baracoa tiene hechizo por su fama de paraje hermoso minado de personas agradables y bellas mujeres, de encantos naturales, capital del coco y el cacao en Cuba, y donde las tradiciones palpitan día a día.

Cucurucho, tetí, bacán, turrones de coco, nengón y kiribá, son algunos de los platos y bailes autóctonos que la identifican, y que unidos al verdor de la vegetación y la riqueza de la fauna que le circunda, sus raíces indígenas, y a esos ríos famosos por sus caudales, que corren en el interior de la urbe o por sus cercanías; hacen de la Primada una ciudad maravillosa e inigualable.