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fiscal entrevista“El fiscal en la medida que logra convencer, educar y ejercer la justicia en cada caso, se gana el prestigio y la autoridad ante la sociedad”, afirma Maritza.

Siempre creí que estar frente a un fiscal sería lo más intimidante del mundo, por la personalidad fuerte, fría e inquebrantable que proyectan en el ejercicio de su labor, al menos en las películas y series; sin embargo cuando conocí a Ana Maritza Zulueta Benítez, aquella impresión cambió totalmente al escuchar sus palabras joviales, sensibles y sabias, pero sin una pizca de alarde.

 

Recuerdo que me recibió en el departamento de Derecho Penal de la sede provincial en Guantánamo de la Fiscalía General de la República de Cuba. Allí conversamos de varias cosas -política, derechos humanos, desarrollo local-, pero en especial, sobre las razones que la hicieron merecedora de ser la primera guantanamera del Sindicato de la Administración Pública, en recibir la Orden Lázaro Peña de tercer grado que otorga el Consejo de Estado.

 

No trabajo para reconocimientos

 

La Orden… constituye de los más altos honores que entrega el país a hombres, mujeres e instituciones por solicitud de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y que constituyen paradigmas en el obrar cotidiano dentro de su sector.

 

Reconocimientos como la Hazaña Laboral obtenida en 2003, la Medalla Jesús Menéndez en 2015, el hecho de haber sido, trece veces consecutivas, Vanguardia Nacional y recibir el galardón por la labor sostenida y encomiable en el sector, constituyen algunas de las razones por las que los compañeros de la Fiscalía Provincial propusieron a Ana Maritza, para este lauro.

 

Tras 38 años de servicio, más que suficientes argumentos hay para entregarle el galardón, pero aclara: “en mi vida lo que hice y hago no es por los premios”, entonces me dispuse a oír con mayor interés su historia.

 

“Recuerdo que mi inclinación por las leyes inició en la academia del Ministerio del Interior en Santiago de Cuba. Me motivaban dos carreras: Periodismo y Derecho, pero al final entré a la Universidad de Oriente por el ámbito jurídico, hasta 1980 cuando me gradué y casé con un guantanamero.

 

“Sí porque yo soy santiaguera, de Palma Soriano, la tercera de cuatro hermanas que crió una madre prácticamente sola. Humilde de nacimiento, mamá aunque tenía solo sexto grado nos enseñó a ser honradas, a estudiar y leer mucho para decidir nuestro destino, y así lo hicimos.

 

“Durante mis estudios hice prácticas en la Fiscalía santiaguera y me encantó esa rama, porque permitía contribuir a la tranquilidad ciudadana, velar por la legalidad socialista, además de defender los valores de mi Revolución.

 

“No me equivoqué al elegir. Desde que estoy en este puesto, todo ha sido una escuela: política, jurídica, humanista, porque desde nuestro papel encabezamos la lucha contra las ilegalidades, la corrupción, las drogas, males de los que aún hay rezagos.

 

“Además soy Máster en Ciencias Penales y Criminológicas, e imparto docencia en la Facultad de Derecho de la Universidad de Guantánamo sobre Derecho Penal General y Especial, Metodología de la investigación, así como cursos de formación de fiscales y asistentes”.

 

Con más de 20 años como secretaria general de la sección de base del sindicato en la Fiscalía, Maritza apenas parece tener tiempo para sí, pero al final lo logra. Así crió a dos hijos, hoy graduados de Derecho; “la cuestión es saberse planificar –confiesa- lo otro es esfuerzo personal”.

 

Soy Fiscal y cubana

 

¿Porqué escoger la rama penal? Era una pregunta de obligada referencia, porque al verla tan sencilla, cuesta trabajo imaginarla arremeter contra un sospechoso para demostrar la culpabilidad ¿Cuál es secreto para trabajar frente a un tribunal?

 

“Corazón ardiente y mente fresca –me dijo con una ligera sonrisa, tras reflexionar unos segundos y mirar al techo- debemos llevar el expediente elaborado por los agentes del orden público e investigar exhaustivamente para solicitar la sanción, siempre apegados al Código Penal. Hay que demostrarlo todo porque se trata de quitar lo más precioso que tiene el hombre después de la vida: su libertad.

 

“Por eso cuando tengo un caso, lo analizo a partir de las características del individuo, según la peligrosidad del hecho y la conducta del infractor. Siempre he creído que no se trata de ofender a la persona, porque ese es un ser humano, que cometió un delito y por eso la ley lo castiga.

 

“El fiscal no trabaja por cuestiones personales, sino que representa al Estado e intereses de particulares que lo solicitan, en función de ello defiende la tesis acusatoria y en la medida que logra convencer, educar y ejercer la justicia en cada caso, se gana el prestigio y la autoridad ante la sociedad.

 

“Pero yo no solo soy fiscal, también soy presidenta del Comité de Defensa de la Revolución número 8, circunscripción 83, de reparto Caribe e ideológica de la Federación de Mujeres Cubanas en el barrio. Además no dudo en combatir lo mal hecho donde sea, por cuestión de amor a mi Revolución.

 

“Me levanto a las seis de la mañana para salir para coger el ómnibus ruta 5 y llegar al trabajo antes de las 8:00 am. Soy la más exigente en la oficina, la primera en las faenas voluntarias, la que más motiva y grita consignas el Primero de mayo y la última en irme.

 

“Tanto así que el martes 22 de abril -según cuenta, día de su cumpleaños- como tuvieron visita nacional, no salí del trabajo hasta la noche”.

 

Así es Maritza y no hay quien la cambie, o deje de admirarla por eso.

 

No habrá jubilación mientras tenga fuerzas

 

Rodeada de papeles, atareada como de costumbre, me confiesa que la noticia de la condecoración aún la pone nerviosa, sobre todo porque estará en La Habana, en el acto central por el Primero de Mayo.

 

Igualmente me aclara que cuanto ha alcanzado, no es solo un logro personal, sino una conquista colectiva, incluso de su familia, que si antes le instaban a jubilarse para descansar a los 62 años que tiene, ahora le estimulan a seguir en el puesto para, mientras las fuerzas le alcancen, servir a la fiscalía, que es a su vez cuida a la sociedad como mujer de ley.