POR: VIVIAN DIAZ BARDAJI
"Dicha grande". Cuanto anhelo, expectativa, fervor patriótico y revolucionario, demuestran esas palabras escritas por Martí aquel 11 de abril de 1885, en su diario.
Llegaba el guerrero de la pluma y la palabra, hasta ese día, a tierra cubana, y justamente por "La Playita (al pie de Cajobabo)", territorio de Guantánamo, para convertirse, además, en el soldado de fusil al hombro y jolongo a la espalda.
Vino a cumplir su deber con la Patria, a protagonizar al Abdala de sus dieciséis años, y a romper los grilletes que marcados en su piel, simbolizaban la opresión en que vivía Cuba.
"Arriba por piedras, espinas, y cenagal", olvidados los padecimientos de salud, iba Martí junto a Gómez y el resto del grupo. En el descanso, el cielo por techo y el suelo como lecho; no había pena en el andar y la alegría fue mayor cuando el día 13, se les unen las fuerzas del comandante Félix Ruenes, salidas expresamente en busca de los expedicionarios.
El 14, fue "Día mambí", se produce el encuentro con Ruenes en Vega Batea; todo era dicha en el rancho de Tavera: "¡qué luz, qué aire, qué lleno el pecho, qué ligero el cuerpo angustiado! Miro del rancho afuera, y veo, en lo alto de la cresta atrás, una paloma y una estrella".
Los albores del 15 de abril de 1895 anunciaban día de gloria para la Patria; pero también para José Martí: se le confería en horas de la tarde, el grado de Mayor General del Ejército Libertador; ganado ya desde las canteras de San Lázaro, cuando apenas era un adolescente durante la Guerra Grande; y ratificado con la constitución del Partido Revolucionario Cubano, alma visible de la Revolución; y el Plan de La Fernandina.
Fueron el monte, la tierra y el cielo guantanameros, escenarios y testigos del resumen de la azarosa labor política, revolucionaria y organizativa, hasta ese momento, del Apóstol que se hizo a la posteridad por sus ideas y su acción, hasta llegar a convertirse en el fundamento ideológico de la Revolución Socialista Cubana, hoy paradigma de todos los pueblos oprimidos del mundo.
En el Jobo se despide de Ruenes, y por las escarpadas lomas cruzan seis veces el río del mismo nombre. Recreación de poeta fue su descripción del paisaje y el hechizo de la noche montuna, ya en Palmarito.
Conoce gentes, y escucha de ellas historias de la gesta pasada; en otros va forjando el amor a la causa, desarrollando sentimientos de patriotismo. "Vamos haciendo almas", escribe en su diario en la zona de los Carderos, donde acampan a orillas del río Guayabo.
De ahí, rumbo a San Antonio, se entera de la triste noticia: "Flor, muerto, con su bella cabeza fría, y su labio roto, y dos balazos en el pecho; el 10 lo mataron".
A orillas del ancho río de Sabanalamar vio "La yuraguama, la hoja fénica que estanca la sangre, y con su mera sombra beneficia al herido". En las sierras guantanameras aprendió mucho de sus pobladores acerca de plantas que curan: el itamorreal, la sábila, el romerillo, la yagruma. No se cansaba el Maestro de adquirir conocimientos.
Dos días han estado en San Antonio, impacientes, aquí reciben noticias del movimiento de fuerzas enemigas que los buscan. "Desde el Palenque nos van siguiendo de cerca las huellas". Acampan en Cabezadas de Jiguato el 23, y el 24 en Cabezadas de Yuraguana.
La siguiente jornada los adentra en las cercanías de Guantánamo. Lastimados por las espinas y los bejucos llegan hasta Arroyo Hondo con el rumbo perdido. "Jornada de guerra". "Como a nuestros mismos pies es el combate".
Allí están los mambises triunfadores esperándolos, en el mismo campo de batalla, y Martí no siente horror ante la sangre, ni de los heridos, ni de los muertos. Se va forjando en tierra guantanamera, el soldado en la guerra; algo nuevo para él, busca la vida a través de la muerte, porque los cubanos, esclavos en la opresión de España, tenían que ser libres, y él había tejido todos los hilos de la organización de esa Guerra Necesaria.
A poco está ante José Maceo, "el recio Cartagena, Teniente Coronel que lo ganó en la guerra grande". El les entrega caballos y descansan en las márgenes del río Jaibo. "El río nos canta", y eran "Cariñosas las estrellas; pero en la guerra está presente siempre el dolor: había caído el Comandante Arcid Duverger, "el valiente; de cada fogonazo, un hombre; le entró la muerte por la frente".
En marcha, sobre las once de la mañana, llegan a Iguanábana, donde escribe carta a Maceo para concertar una entrevista.
En Vuelta Corta, en zona de Filipinas, trabaja y organiza junto a Gómez el territorio. Por la tarde es el encuentro con Pedro Agustín Pérez, "el primer sublevado de Guantánamo: de 18 meses de escondite, salió al fin, con 37, seguido de muerte, y hoy tiene 200".
Trabaja sin descanso junto a Gómez organizando la asamblea de representantes que eligirá al gobierno, escribe circulares y cartas; nada puede perturbar la guerra. Mientras espera respuesta de Maceo; pero éste alega acciones urgentes, haciéndose imposible la entrevista en esos momentos.
El 1ro. de mayo abandonan el campamento de Vuelta Corta, rememorando el valor de Policarpo Pineda. Han llegado a la Tontina y va quedando atrás el territorio de Guantánamo. Veinte días, la mitad de su tiempo en la guerra, ha estado el Maestro, el poeta, el revolucionario, el organizador, el soldado, haciéndose gigante en nuestro territorio.
Son muchas las razones en esta travesía de José Martí por Guantánamo, que avaladas con su labor como ideólogo revolucionario, hacen del 11de abril, la fecha histórica a celebrar en la provincia.
¡Dicha grande para los guantanameros!.
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