La Anita de Palenque

Ana Martínez Almaguer, delegada al VIII Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).
Texto y foto: Arlin ALBERTY LOFORTE
Guantánamo, 11 mar (Redacción Digital Venceremos) Las flores valiosas se guardan en los lugares más insospechados. Parecía salido de una estampa campesina cuando me dijeron que encontraría su hogar en la cima de una loma, después de caminar algo más de un kilómetro, de cruzar un río que -me contaron- incomunica ese lado del mundo cuando llueve.
En un lugar hermoso, donde los naranjos crecen inclinados en las faldas de las lomas, me sorprendió una casa hecha a la antigua, de madera, rodeada de rosas. Palenque de Yateras es dueño de ese paisaje.
Además del café, principal cultivo de la zona, enaltece su entorno una de las flores más queridas que vive allí: Ana Martínez Almaguer, delegada al VIII Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).
En el cuerpo, pareciera que el tiempo se detuvo mucho antes de los 61 años que confiesa tener, pues no hay sombras de cansancio en su rostro a pesar de las muchas responsabilidades en el hogar, la comunidad, el campo, ni tampoco ha perdido la grácil manera de la juventud.
Agil, constante, agradable y, sobre todo, humilde, esta mujer mantiene el alma joven. Para lograrlo, según sus palabras, “no hay receta más eficaz que el trabajo, sólo me doy cuenta de los años cuando me miro al espejo”, dice entre risas que, de tajo, la desmienten.
Su historia en Palenque, a donde vino desde el poblado holguinero de Velasco, hace más de 40 años, “se la debo a mi esposo, cuando nos casamos me mudé, y, después de tanto tiempo, nos queremos como el primer día”.
Con él comparte, además de la vida hogareña, los esfuerzos laborales y éxitos, la elección unánime por las mujeres de su comunidad, a quienes dignamente representó en el cónclave.
“Fue honor hablar en nombre de las guantanameras y discutir temas tan importantes como la producción de alimentos y las indisciplinas sociales –argumenta-, las mujeres somos responsables de gran parte de la educación de nuestros hijos, una cadena que comienza en el hogar”.
En muchos propósitos de la Revolución, está la mano de esta mujer, quien con sólo 13 años se incorporó a la Brigada Conrado Benítez y alfabetizó en la localidad de Calderón, en la provincia de Holguín.
Hace una década es la secretaria del bloque Palenque-Molino, que aúna a casi 200 federadas de cuatro delegaciones.
Su trabajo comunitario se enfoca hacia el adulto mayor, las muchachas desvinculadas y la superación de las amas de casa.
“Impartimos cursos de corte y costura, talleres para la formación de valores y apoyamos la incorporación de las jóvenes al Servicio Militar Voluntario. Para nosotras es necesaria la superación y orientación constantes”, explica Ana.
“El trabajo cara a cara es lo más importante de nuestra labor, en tanto la unidad entre las mujeres y la responsabilidad son esenciales para el mejor funcionamiento de la organización”, enfatiza.
Asociada a la Base campesina de la Cooperativa de Créditos y Servicios Fortalecida (CCSF) Pastor Martínez, hace producir una finca junto a su esposo, Senén, en la que producen café, cítricos, cultivos varios, y leche para la entrega directa a la población.
“Una de mis metas es la incorporación de las mujeres a la base campesina, ya sea directamente a la producción o en el apoyo a la organización del trabajo. “Es inadmisible quedarnos de brazos cruzados cuando se requiere trabajar duro y aportar –asevera-, debemos ser protagonistas de todo lo que sucede a nuestro alrededor”.
Militante del Partido desde el 2003, Anita es incansable: “La mujer en estos tiempos tiene reconocimiento social y, por lo tanto, debe responder ante las necesidades del país. No todas lo hacemos de la misma forma, pero sí estoy segura de que nuestro aporte es útil”.
Un ideal que practica, incluso, en el plano familiar: “En mi casa no existe el machismo, es más, mi esposo y mi padre me ayudan con todo, gracias a ellos puedo dedicarme a lo que me gusta: ayudar”.
Finalmente, da las claves de su vida, de la idea que la llevó a alfabetizar en las lomas, crecerse en el campo, contribuir en la superación de sus congéneres para que alcancen la plenitud como seres humanos, obreras, profesionales: “La mujer es tan protagonista como el hombre. No por gusto dicen que nosotras sostenemos la mitad del cielo”.
|