. Entre 1978 y 1981 la periodista Marta Denis Valle, de la Agencia Informativa Latinoamérica Prensa Latina, fue corresponsal en Moscú. A partir del 18 de septiembre de 1980, desde la capital de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), preparó para Prensa Latina un buen número de despachos noticiosos para dar a conocer al mundo los detalles del vuelo espacial conjunto en el que participaba el cubano Arnaldo Tamayo Méndez. Sus recuerdos de aquellas jornadas regresan ahora para cronicar el entramado noticioso.
¡Qué un cubano iba a viajar al Cosmos!, constituía un secreto a voces pero muy pocas personas conocían la fecha exacta.
En abril de 1980 conversé largo rato con los dos candidatos cubanos Arnaldo Tamayo y José Armando López, camino del Centro de Cultura, donde se realizó un encuentro de la prensa con la tripulación del vuelo conjunto búlgaro-soviético, la cual había regresado a la Tierra antes de tiempo debido a un fallo técnico.
En esa ocasión, algunos colegas, conociendo de mi encuentro con los candidatos, me preguntaron si yo conocía cuál de los dos cubanos volaría y cuándo. Pero no pude responder. Era un secreto todavía, y en nuestra conversación no tocamos ningún detalle reservado. Se habló sobre la vida en la Ciudad Estelar, el rigor de la preparación, acerca de Cuba, y otras cosas. Me aseguraron que ninguno se dejaría vencer por el entrenamiento en tierra y estaban dispuestos a cumplir la misión, robándole incluso tiempo a su descanso para dominar mejor el idioma específico de la técnica cósmica.
Era otoño en el hemisferio norte, el día de la partida de Tamayo del Centro de Preparación de Cosmonautas, en unión de Yuri Romanenko, para abordar horas después la nave espacial Soyuz-38, el jueves 18 de septiembre de 1980.
El vehículo, impulsado por un poderoso cohete, de tres etapas, despegó del Cosmodromo de Baikonur, estepa de Kazajstán, arrojando fuego a la noche, mejor dicho a la madrugada, pues 11 minutos del viernes ya habían transcurrido. En ese instante el reloj del gran carillón del Kremlin marcaba en Moscú, las 22:11, y la popular emisora Radio Reloj de La Habana daba las 3:11 de la tarde.
En circuito cerrado, los periodistas acreditados en el Centro de Dirección de Vuelos, próximo Moscú, observamos el lanzamiento de la nave. Un número reducido estuvo en Baikonur, entre ellos Gilberto Caballero -ya fallecido--, de la redacción científica de Prensa Latina, y Juan Marrero, entonces del diario cubano Granma y actual dirigente de la Unión de Periodistas de Cuba.
Sin embargo, la gran noticia del primer cubano y latinoamericano en el Cosmos solo fue desembargada* cuando la Soyuz-38 se situó cómodamente en una órbita circunterrestre intermedia (máxima altura respecto a la Tierra 273 kilómetros, mínima 199 kilómetros, tiempo de circunvalación 88,9 minutos e inclinación orbital 51,6 grados). Algo así como cuando la azafata permite desabrocharse los cinturones a los pasajeros de un vuelo aéreo y se apaga la luz de alarma.
A partir de las 24:00 (hora de Moscú), las imágenes del lanzamiento, los rostros de los dos tripulantes y las biografías de ambos se difundieron por el mundo casi con la misma rapidez de la rotación orbital de la nave cósmica.
La televisión local transmitió una programación especial (co-producción con Cuba), difundida por el sistema Intervisión, mucho más larga que durante los seis vuelos conjuntos anteriores del Programa Intercosmos.
Por la diferencia horaria, en Cuba la noticia llegó al atardecer y las cámaras devolvieron a Moscú imágenes del pueblo cubano que festejaba el suceso. Esta explosión de júbilo duró más allá de los ocho días del vuelo; pasó a paso fueron seguidas las incidencias e, igualmente, alcanzó notable repercusión internacional, especialmente en Latinoamérica.
Antes de partir el entonces teniente coronel de la fuerza aérea cubana declaró sentirse "profundamente orgulloso de representar a la gran tierra latinoamericana, como la llamó José Martí, que abarca desde el río Grande hasta la Patagonia".
El 19 de septiembre, a las 23:49, según el reloj electrónico de la sala principal del Centro de Dirección de Vuelos, se formó el complejo orbital Salyut 6-Soyuz-37-Soyuz-38.
La Estación realizaba su vuelta número 17 mil 128 cuando las dos tripulaciones comenzaron su trabajo conjunto a una distancia máxima de la Tierra de 356 kilómetros , mínima 345 kilómetros, tiempo de circunvalación 91,4 minutos e inclinación orbital 51,6 grados.
A las 02:52 las cámaras de televisión enfocaron al sonriente Tamayo cuando se introducía por la compuerta de paso y abrazaba a la tripulación principal. Los anfitriones Leonid Popov y Valeri Riumin dieron la bienvenida a Tamayo y a su comandante Romanenko con el pan y la sal, según una costumbre eslava.
Al siguiente día, en una nueva comunicación expresó: "Deseo también enviar a los pueblos latinoamericanos un caluroso y fraternal saludo desde la Estación Orbital". A las madres y mujeres de América Latina y de África ofreció su respeto y profundo sentimiento de amistad e invitó a los niños a ser buenos estudiantes y buenos revolucionarios.
Ese 20 de septiembre anunció que había visto a Cuba por primera vez desde el Cosmos. "No había nubosidad, todo fue maravilloso, el cielo estaba limpio y tenía un bonito color. Sobrevolamos La Habana y vimos nuestra hermosa Patria".
Y al pasar sobre el continente americano "me llené de alegría -afirmó--, igual que cuando vi a Cuba".
De sonrisa fácil, fue también Tamayo un hábil cosmonauta que cumplió con rigor el programa de investigaciones médico-biológicas y científico-tecnológicas, preparado por científicos de su país. Su hazaña tuvo además del carácter de extraordinario hecho científico, impensable para un pequeño país tercermundista como Cuba, el trascendente hecho histórico de ser el primero en "tocar el cielo" con rasgos de negro, indio e hispano, ejemplo del crisol de sangre mezclada y razas del llamado Nuevo Mundo.
El último día de septiembre de 1980, Tamayo Méndez volvió triunfante a la Ciudad Estelar para depositar un ramo de flores ante la estatua de bronce de Yuri Gagarin, el primer hombre en viajar al Cosmos.
(Tomado del sitio www.prensa-latina.cu) |