Baracoa, paraíso de medio milenio
La primera Villa fundada en Cuba por el Adelantado Diego Velázquez, sigue siendo un lugar que expresa, de manera auténtica, la presencia de sucesos y costumbres muy originarias, y también el espíritu del eterno insatisfecho que es un baracoense de verdad
Por Haydée LEÓN MOYA y Yisel REYES LAFITA
Fotos: Leonel ESCALONA FURONES
15 de agosto de 2011, 02:00 pm
Guantánamo (Redacción Digital Venceremos) - Tienen un encanto especial en su cubana amabilidad y espíritu emprendedor. Son guantanameros, pero los distingue mucho del resto de sus coterráneos que le suben la parada a cualquier aspiración y siempre les parece poco.
La Primera en el Tiempo deja ver antiguas construcciones, como el castillo del fondo, hoy frecuentado hotel que abre sus puertas al turismo.
Los baracoenses no son fáciles, dicen a menudo las autoridades de la provincia, para destacar precisamente ese rasgo del habitante de esta región.
Y como si eso no alcanzara para avanzar y preservar, esta gente, entre quienes abundan los hombres y mujeres más guapos que ojos humanos puedan ver en todo el oriente cubano, son grandes de espíritu y quisquillosos al hacer.
Ese debe ser uno de sus secretos para que Baracoa, tantas veces maltratada por el mismo mar que la enseñorea, sea el mismo paraíso cubano de quienes se enamoraron de ella hace ya medio milenio.
La fascinación del Navegante
No parecía que acabara de vivir una larga y azarosa travesía el ilustre marinero. Era el 27 de noviembre de 1492. Recién han llegado.
El Navegante de la Mar Océana capitaneaba la Santa María, con 90 tripulantes, y el capitán Vicente Yarez Pinzón, La Niña, con 23.
Con avidez recorre, observa, compara. Le ha dejado fascinado todo. Y lo describe en su diario: “…un puerto maravilloso y un gran río... lindeza de la tierra y de los árboles, donde hay pinos y palmas…”.
Ese es otro encanto de La Primada: una ciudad frente al mar y rodeada de caprichosas montañas.
No se le escapa nada. Los pacíficos habitantes que, “... eran muchos, todos teñidos de colorado y desnudos como sus madres les parió, y algunos de ellos con penachos en la cabeza y otros plumas, todos con sus manojos de azagayas”.
Ni su entorno, que era “… grande vega, que aunque no es llana de llano que va al Sursuroeste, es llana, de montes llanos y bajos, la más hermosa cosa del mundo…”.
Entonces subrayó que “allí era su propio lugar para hacer una villa o ciudad y fortaleza por el buen puerto, buenas aguas, buenas tierras, buenas comarcas y mucha leña”.
Y como evidencia material de su paso por la zona, Cristóbal Colón Fontanarrosa coloca una cruz sobre las peñas vivas junto a la entrada de la bahía que bautizó como Puerto Santo, el 1ro. de diciembre de 1492, cuatro días después de su llegada al lugar que definitivamente lo deslumbró, Baracoa.
La fundación
Casi dos décadas después, la Corona española decide iniciar el proceso de conquista y colonización de Cuba.
Por eso vuelven otras embarcaciones nuevamente a la entrada de la ensenada. Vienen comandadas por el almirante Diego Velázquez de Cuéllar y traen 300 expedicionarios.
De entre el arrecife arrancan la cruz de Colón, que estaba ceñida por un bejuco de parra silvestre, y evidentemente ignorada por los indios, y se adentran.
Parque Cristóbal Colón, en las proximidades del malecón de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa.
Pudo haberles fascinado toda aquella belleza intacta del entorno y sus gentes, pero la realidad fue que enfrentaron con crueldad la resistencia de los primeros habitantes del lugar de tantos encantos.
El Adelantado fija aquí su residencia y la declara capital política. Nombra alcaldes que ejercieran la justicia civil ordinaria y un Alguacil Mayor. Establece el Ayuntamiento, para el cuidado y fomento del pueblo. Le da el título de Ciudad de Baracoa y la hace capital del gobierno eclesiástico, erigiendo el primer obispado que tuvo Cuba.
El nombre escogido por Velázquez al bautizarla, el 15 de agosto de 1511, fue Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, pero, en 1515, por decisión de su fundador, se transfiere la categoría de capital a Santiago de Cuba.
Orgullo del Primado
Medio milenio es tiempo suficiente para que lo que se conserva desde entonces sea de gran valía. Baracoa es, por tantísimas razones, un lugar de extravagante naturaleza y expresión auténtica de la presencia de sucesos y costumbres muy prístinas.
Maravilla de la ingeniería civil cubana, el viaducto La Farola es una muestra de que vamos a un rumbo exclusivo, como el vial mismo.
Ciudad Paisaje, de las Lluvias, las Montañas y las Aguas. También ciudad Paraíso. De cualesquiera de esas maneras se le llama y en eso coincide uno de sus hijos ilustres, Alejandro Hartmann Matos, por más de 30 años dedicado al estudio de la historia de La Primada, y empedernido andariego de sus calles.
“Es así -asiente Hartmann-, porque su naturaleza envuelta por macizos montañosos, bosques vírgenes, flora y fauna endémicas, ríos cristalinos y playas rodeadas de uva caleta, almendros y cocoteros, la hace poseer un sello distintivo, si la comparamos con el resto del país”.
Alejandro Hartman Matos, por más de 30 años dedicado al estudio de la historia de La Primada y empedernido andariego de sus calles.
Situada a los pies de una limpia bahía, la villa es también ciudad de calles sinuosas que llevan a lugares y acontecimientos que la trascienden, como la Iglesia Mayor, donde se exhibe la Cruz de la Parra, la única que sobrevive, de las 29 que plantara Cristóbal Colón en las tierras de América.
Los primados se saben dueños de esas exclusividades y se aprecia en su carácter altivo y a menudo muy inconforme.
“Ser primados es preservar y sentir sano orgullo por tener el cucurucho, ese dulce ecológico de coco, al que se le añaden frutas y mieles, de azúcar o de abeja, y se ofrece envuelto en la yagua de nuestras palmas”, dice Inalvis Guilbeaux, pedagoga jubilada que por muchos años se ha dedicado a investigar sobre las tradiciones culinarias en la región.
“En los países grandes cultivadores de coco del orbe: la India, Filipinas y Sri Lanka, no lo tienen, y tampoco Jamaica, que es un gran productor en el Caribe.
“Es, además una receta centenaria en su existencia, pues desde el 1700 se hablaba de los viajantes que pasaban por aquí y degustaban ese exquisito dulce del bien llamado árbol de los cien usos”, agrega Hartmann, quien es además director del emblemático fuerte Matachín, hoy museo de la localidad.
Pero usted viaja por las afueras de la urbe, fundamentalmente por las pintorescas carreteras que llevan a los principales emporios productivos de ese municipio guantanamero, y se encuentra a una de esas típicas mujeres baracoesas, unas medio indiadas, otras trigueñas con el indio bien cerca, con su oferta de bacán, que es ese tamal de plátano con salsa de puerco o cangrejo, pasado por leche de coco y con el más exquisito sabor, gracias a la magia que ellas dominan al cocinarlo.
Así son las baracoenses de verdad, según Hartman.
O el tetí, esos enigmáticos pececillos transparentes que entran por la desembocadura de los ríos cuando la Luna es menguante, pero que aún no se ha descubierto su procedencia.
También el cacao, introducido en 1668. La influencia de la emigración francesa procedente de Haití se dejó sentir en el incremento de las plantaciones de ese cultivo y en la preparación de la producción para la exportación.
Desde entonces Baracoa es el lugar cubano más propicio para la cosecha y el mayor productor nacional, por sus envidiables condiciones climáticas, régimen de precipitaciones, temperatura adecuada y la riqueza de sus suelos.
A partir del chocolate procesado allí se confecciona el delicioso y conocido chorote: chocolate espeso y aromático que es carta de presentación en la cultura culinaria local.
Y está llena de otras historias. Por ejemplo, la construcción del primer castillo de Cuba, la presencia y rebeldía del cacique Guamá, que luchó durante diez años prácticamente desarmado frente a un poderoso ejército enemigo, como lo fue el Ejército Español, y que el Almirante Colón haya estado aquí durante siete días de su primer viaje para la fundación de todas las villas.
De leyendas, como la del Pelú, un estrafalario caminante, que dicen maldijo al pueblo tras la agresión a pedradas de que fue objeto, y la del río Miel, esa más creíble, que narra la historia de dos enamorados que en las aguas del torrente escucharon una voz presagiando que quien se bañara en él no se iba o regresaba con el tiempo.
Los estudios de la descendencia de la población actual en Baracoa, donde hay más de 60 sitios arqueológicos que perviven como huella de la cultura taína, la más avanzada de la Isla a la llegada de los españoles, apuntan que La Primada tuvo poca presencia de la africanía y que, desde el punto de vista del somatotipo de las personas, se mezclan los rasgos de franceses, de españoles y del indio, razón por la cual predomina el trigueño con rasgos de indio.
En cuanto a los apellidos, abundan los Ramírez Rojas, Leyva, Romero, Acosta, Coba y Moreira.
La del hervidero
A Baracoa se llega hoy por vía aérea, desde la capital u otras ciudades orientales, y también, desde la ciudad de Guantánamo, a través de una carretera colgante nombrada La Farola, una de las obras viales más bellas e imponentes del país.
Allí te encuentras viejas construcciones: los hoteles El Castillo, Porto Santo y La Rusa y Villa Maguana, su malecón y su animada y caribeña vida.
La vista se recrea en los recién inaugurados hostales como La Habanera y Liberación, que resurgieron de entre sus escombros, cafeterías, edificaciones restauradas y embellecidas por el cumpleaños 500 de la Villa, que dentro de unas horas se festejará.
“Hemos estado en un hervidero de transformaciones al calor de esa celebración.
Todavía en estos momentos en cualquier calle se ve el ajetreo de la población y de los constructores dándole a algunas obras los toques finales y a muchas otras continuidad”, valora Eudis Romero Matos, primer secretario del Partido en Baracoa.
Rescatadas del desastre reciente que les causó el mar que casi les sirve de balcón, estas edificaciones le dan un toque menos antiguo a la añeja urbe.
Además, caracteriza a sus conciudadanos como personas humildes, solidarias y tratables, que tienen ante sí “el reto de ser más exigentes consigo mismos para poder avanzar mucho más”, dijo el dirigente político, un baracoense ciento por ciento.
“Todo se ha sustentado en un programa que aunque desde el punto de vista constructivo abarca la esfera cultural, patrimonial, histórica, científica, medio ambiental y de los servicios, su matiz es fundamentalmente conservacionista del patrimonio que atesora”.
Así lo valora Robert Maresma Gaínza, presidente del Gobierno en el municipio, quien resalta las más de 100 acciones constructivas emprendidas, sin incluir cerca de 50 inversiones nuevas, varias terminadas y cerca de 20 que deben cumplimentarse en diferentes etapas más adelante.
Asimismo menciona, entre las obras que proporcionan beneficio o lo harán en lo adelante, la construcción de la primera fase del acueducto por gravedad, la restauración de bares, cafeterías y restaurantes, del Museo Matachín y de la Casa de la Cultura.
También resalta nuevas construcciones como la oficina de Patrimonio y Monumentos, la heladería El Cocal, el polideportivo y una clínica estomatológica.
“En el 2012 continúa -aclara el Presidente- este programa y en el mismo se incluyen obras de impacto como la reconstrucción de un tramo significativo del Malecón, el estadio y el boulevard de la ciudad, entre otras”.
Confirmación de un carácter
“No es que estemos deprimidos al arribar a los 500 años, pero lo que percibimos los baracoesos, como realizaciones por el cumpleaños tan importante, no es lo que esperábamos.
“Realmente uno aspira a que en fecha tan significativa se terminaran más obras que eleven nuestro nivel de vida, con una gastronomía más surtida, mejoras en los servicios, pero no es exactamente así”, dijo Xenia Noa, joven realizadora de televisión en Baracoa.
“A pesar de ello, afirma la también directora del telecentro Primadavisión, hay una satisfacción intangible y es esa de que, a pesar del paso del tiempo, el baracoeso no ha perdido su esencia: sigue siendo sencillo, apegado a su tierra, a sus tradiciones y a sus costumbres. Eso vale más que muchas obras juntas”.
Leuris Matos Torres, de Cabacú, dice que ya tienen arriba el cumpleaños de la Villa y no todo está terminado. “Hace rato que la ciudad debía estar reluciente, sin esa polvareda de las construcciones por terminar”.
Xenia Noa, joven realizadora de televisión en Baracoa y directora del telecentro: “Hay una satisfacción que es intangible y es esa de que, a pesar del paso del tiempo, el baracoense no ha perdido su esencia”.
No obstante, asegura que por todas partes se edifica, “hasta allá donde yo vivo, que es lejito de la ciudad, se hacen cosas”.
Dargis Barrio Laurencio, trabajadora social, apunta que muchas gentes dicen que se hizo más para el aniversario 490, pero ella considera que no, pues las realizaciones por los 500 años son de mayor alcance.
Pone como ejemplo a las más de 30 mil personas a las que, después de 30 años acarreando agua a puro pulmón, hoy les llega a sus casas a través del acueducto por gravedad, aún inconcluso.
“Eso depende de cómo lo mire cada cual, dice, pero ustedes pueden estar seguros de que Baracoa no tiene igual, porque nunca nos conformamos o nos quedamos detenidos”.
Vaya manera tan provocadora y útil de andar en la vida, la de esta gente que habita ese paraíso cubano de medio milenio de existencia.
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