Museo Matachín, albacea de la historia de Baracoa
Por Alejandro Hartmann Matos*
18 de mayo de 2011, 04:00 pm
Guantánamo (Redacción Digital Venceremos) - Desde la primera mitad del siglo XVIII se estableció en Baracoa un sistema defensivo debido a las crecientes incidencias comerciales, el corso, la piratería y las rivalidades entre España e Inglaterra, que repercutían de una forma u otra sobre la ciudad.
Ese último factor fue determinante cuando, por primera vez en 1739, el Capitán General de la Isla, Juan Francisco Quemes de Horcasista, ordenó al gobernador de Santiago de Cuba, Francisco Cajigal, realizar un minucioso estudio topográfico con el fin de crear las condiciones propias para la defensa.
De aquel trabajo se encargó al capitán y Comandante de Armas de Baracoa, Pedro Oviedo. quien entre 1739 y 1742, levantó las tres fortificaciones más importantes de la Villa para armar un sistema coordinado de defensa con una estructura adecuada a la topografía, enmarcada hacia el centro de la urbe.
Un legado del fondo de los Capitanes Generales expresa que Matachín fue la segunda fortificación construida en la Punta de Esteban, en dirección opuesta al Fuerte de Majana.
En aquella época la nombraban Defensa de Playa de Miel o Punta de Esteban, pero fue a inicios del siglo XIX cuando recibió el nombre Fuerte de Matachín, sin saberse hasta nuestros días cuándo ni por qué. La fortaleza permite proteger, además de la playa y la ensenada, la entrada de la ciudad por tierra y por el puerto, hacia el Este.
Tras la instauración de la seudorrepública en Cuba, lo que primero fue bastión contra los piratas, y después cuartel de los soldados españoles, sirvió como techo a un grupo de familias desamparadas. Fue tanta la desgracia cernida sobre las personas que se resguardaron allí del frío y la intemperie, que un calificativo fatídico lo identificó como El Castillo Maldito.
La Revolución cubana rescató el Fuerte de Matachín. Bajo la asesoría de la dirección de Patrimonio Cultural fue restaurado e inaugurado el 10 de octubre de 1981. Entonces pasó llamarse Museo Municipal de Baracoa.
Rodeado por un ancho muro de piedras con tronera, se concibió con un edificio principal destinado a albergar 50 soldados.
Sus paredes, firmes y dobles como el muro perimetral, son de mampuesto; el techo, de tejas con una estructura de madera cuadrada, cubierta de redoblón. Incluye un polvorín cuadrado y soterrado -único en América y el Caribe-, con bóveda de cañón como cubierta y un pasillo perimetral con doble pared que lo aisla de posibles impactos.
También exhibe un aljibe para la recolección de las aguas lluviosas. Todo el conjunto edificado se expande en un área de dos mil 976 metros cuadrados.
El Museo Matachín alberga, en nueve salas expositivas, diversas colecciones arqueológicas de la etapa aborigen y de otros períodos históricos de la comarca. Además de reflejar la cultura local, recoge muestras de la flora y la fauna autóctonas del territorio (entre ellas las polimitas y el almiquí), junto con fotos y documentos que testimonian el paso de famosos personajes como el trovador Cayamba o La Rusa, esta última inspiradora de la célebre novela La consagración de la primavera, del escritor cubano, Alejo Carpentier.
En las labores de extensión cultural, sobresalen los Museos Móviles, que recorrieron en los últimos seis años -con numerosas muestras y la colaboración de promotores culturales en charlas y conversatorios- casi todos los centros laborales citadinos, escuelas y zonas rurales de difícil acceso.
Entre las acciones pedagógicas destacan las visitas dirigidas a estudiantes de todos los niveles, junto con un programa que inserta a la comunidad mediante espacios habituales como Tradiciones, La tertulia, Los niños cuentan su historia, Aché cubano y un Encuentro de Investigación Pioneril que, con carácter competitivo, sesiona desde hace 25 años y en el cual han participado más de cuatro mil estudiantes de la enseñanza primaria y media.
En tres siglos de existencia, el Fuerte Matachín se convirtió, con el paso del tiempo, en albacea de la historia baracoense.
*Historiador de Baracoa. Director del Museo Matachín.Colaborador de Prensa Latina
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