Elocuente paisaje del silencio

Por Víctor Hugo Purón
14 de junio de 2010, 09:00 am
Guantánamo (Redacción Digital Venceremos)
- Alguien ha dicho que la pasión de Regino E. Boti (1878-1958) por reproducir plásticamente la naturaleza es extensión de su poesía escrita, tanto publicada como inédita.
El aserto parece confirmado por casi medio centenar de apuntes, dibujos, pasteles, tintas y acuarelas de Boti -la más amplia muestra vista en Guantánamo- expuestas en la sala Antografía, del Consejo Provincial de las Artes Plásticas (CPAP).
Aunque sin dudas produjeron para su tiempo y el nuestro menos “ruido” que su consciente postura estética renovadora del panorama lírico nacional, las creaciones ahora exhibidas de Arte en silencio, como se titula la exposición que proyecta con permanencia la recién concluida Jornada Boti 23 de Literatura y Artes Plásticas, son santo y seña de una actitud tan insistente como válida, reclamada por el poeta en Luz:
...Mientras otros gritan
yo enmudezco, yo corto, yo tallo;
hago arte en silencio. (...)
...Yo soy mi diamante,
yo tallo mi diamante,
yo hago arte en silencio.
En todo caso, el privilegio que el Archivo Boti y el CPAP ofrecen al público de acceder a esta producción plástica es relevante contribución para justipreciar tanto su concordancia con toda la creación botiana como su discutido valor intrínseco, en este último caso la expresión del talento pictórico propio y las relaciones de ese quehacer con los renovadores códigos formales asumidos por el siglo.
La curaduría de Raúl Estrada Aguilar y Anaysi Taupier Hierrezuelo contribuye efectivamente a que el espectador recorra la muestra con provecho en esos dos sentidos, como invitado a ese camino por el propio artista, “sin prejuicios ni complejos”, como concuerda Irina Fontanet Gil en el catálogo.
Cubanía desde la guantanameridad en el recoleto patio adentro entronca por su lado estas grafías con parte fundamental de la poética del mayor intelectual en la historia local, en lo cual, siguiendo a la citada comentadora “podemos vislumbrar una complicidad y una comprensión total del paisaje, tan suyo y tan característico de esa cierta manera sencilla que tenía de hacer y de sentir”.
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