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cultura

Los caminos de Virginia

Eyder La O TOLEDANO   

10 de diciembre de 2011, 09:30 am

Virginia López Arnaud: Irremediablemente, actrizGuantánamo (Redacción Digital Venceremos) - De algo estaba segura Virginia, ser artista y una actriz. Y tal fue su suerte, pues los vientos soplaron a su favor: “Un día llegaron unos actores de La Habana a Guantánamo para captar muchachos para la Escuela Nacional de Arte (ENA), en solicitud y gestión de Antonia Luisa Cabal (Tootsie), quien se desempeñaba como directora de la Escuela de Música Luis A. Carbó.  De la cantidad de alumnos que pasamos la prueba solo dos aprobamos”.

A propósito de esa primera vez, rememora: “El joven que aprobó junto conmigo se creció mucho en la escena, no lo conocía, pero le dije: yo necesito aprobar, sígueme y mírame a los ojos. En el ejercicio nos abrazamos con pasión, lloramos… Fue mi primera experiencia escénica de verdad, frente al jurado, es algo inolvidable”. Recuerda que anteriormente no había hecho nada dramático solo tenía referencias de las obras en las que trabajaba su madre, quien pertenecía a un grupo de aficionados al teatro de Salud Pública, “siempre ellos hacían representaciones en el otrora Teatro del Pueblo, hoy Guiñol”.

En la escena guantanamera Virginia López Arnaud tiene un lugar privilegiado, es una actriz de prueba y calibre. Hace 35 años trabaja incansablemente en la construcción de personajes y en la narración oral, además, como directora y profesora.

Sus méritos artísticos, recientemente fueron reconocidos por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas y la UNEAC que le confirieron el diploma Nicolás Guillén, en virtud de su rica y destacada trayectoria, durante la temporada del proyecto La Barca compuesto por la ella y Ury Rodríguez.

Luego de la escuela, teatro Escambray

En la ENA tuve magníficos maestros como Raúl Eguren quien fue mi profesor de voz y dicción, y de actuación; Freddy Artilles, en dramaturgia; Diana Fernández, de vestuario; Derubín Jácome Rodríguez, de acrobacia, entre otros. También llegaron profesores de la antigua Unión Soviética, cuyo aporte fue significativo para mi formación.

El Grupo de Teatro Escambray fue una gran experiencia para mí desde el punto de vista profesional y humano. Cuando nos graduamos, pensamos que teníamos todas las herramientas para enfrentar el trabajo; sin embargo me encontré con que su estética exigía grandes habilidades de improvisación, diálogo directo con el público, capacidad de llevar una dramaturgia clara de la puesta para poder resolver cambios dados por la propia dinámica de la obra, y las representaciones eran por lo general en espacios abiertos.

Seleccionaron profesores de actuación para enseñarnos a construir los personajes y a esclarecernos técnicas del método de Stanislavski, entre ellos Elio Martínez y Carlos Pérez Peña. Confieso que estaba muy asustada ante actores de prestigio en la escena cubana, pero fueron quienes formaron en mí la perseverancia, constancia y pasión por un arte tan hermoso como el teatro.

El teatro, Guantánamo

Cuando regreso a Guantánamo existía el Cabildo Teatral, fundado por Raúl Pomares. Conocí la agrupación en el festival de Teatro Nuevo, realizado en Villa Clara, en 1978. Hablamos de la necesidad que tenía la provincia de fortalecer la cultura con la presencia de un grupo profesional. Él logró una sede en Prado y 8 Este, San Justo, y allí creó lo elemental para su desarrollo.

Al asumir la dirección artística me propuse continuar la misma línea estética por la que fue creado, sobre la base de la cultura popular. A pesar de mi poca experiencia, desempeñé ese rol y además el de profesora de actuación y expresión corporal. Aprendí los bailes de las puestas, canté y enseñé oficios como el de vestuarista, utilería y asistente de dirección.

Actriz y maestra

Empecé a impartir clases a solicitud del desaparecido maestro Sócrates Villalón para fortalecer la interpretación de los cantantes solistas y de coros, eso posibilitó que fuera a La Habana a prepararme con la prestigiosa actriz Verónica Lynn. Estoy orgullosa de haber desempeñado esta labor porque ellos eran más expresivos y conscientes de la disciplina y técnica que debe tener toda artista que pisa un escenario.

También fui profesora en la Universidad y en la Escuela de Instructores Arte; sin embargo, saber que diseñé muchos talleres de actuación para fortalecer la narración oral escénica en Pinar del Río, La Habana, Granma, Isla de la Juventud y aquí, me hace sentir útil dentro de este movimiento.

Defiendo la narración oral escénica porque pienso que después de descubrirme dentro de este arte me sentí diferente en el escenario, algo estaba dormido dentro de mí y era necesario sacarlo para hacer feliz a otros, me sentí útil y necesaria.

Campanario como agrupación estaba integrado por personas muy heterogéneas en su formación e intereses. Proveníamos de varios grupos ahora unidos. Yo sigo diciendo que el eje fundamental para que el teatro sea una fortaleza está en la sólida dirección y la selección apropiada de la puesta que se quiera realizar, por desgracia no todos estamos en un mismo buzón y para una buena realización del hecho artístico hay que tener material humano en correspondencia con lo que se desea hacer y  decir.

La Barca es un proyecto que pretende dinamizar la narración oral a partir de la presencia en la escena, a través de diferentes medios expresivos del teatro. Ury y yo, que lo integramos, realizamos este trabajo años atrás bajo el proyecto Rostros.

Unidos apostamos por la fortaleza de esta otra manera de arte teatral, eso no quiere decir que La Barca solo hace cuentos, también tendremos espacios para otros géneros.

Pertenecer a la tropa de la Cruzada Teatral es para mí un orgullo, si hoy nos conocen en toda Cuba y saben que hay teatro en aquí es gracias a ese proyecto.

Por otra parte, soy optimista con el futuro de la escena teatral en Guantánamo, porque sé que la manifestación ya tiene raíces, solo falta que sus ramajes sigan creciendo.

En lo personal mi madre sembró la semilla de la actuación, la vi desempeñarse como actriz en el Teatro del Pueblo y también en la película Manuela, de Humberto Solás. Ella era enfermera y artista aficionada, eso fortalecía mi sueño.

El encuentro con mi padre fue en Venezuela cumpliendo la misión cultural Corazón Adentro. No sabía si él estaba vivo, pues hacía más de 50 años que se había ido, era muy pequeña. De pronto compartí el abrazo deseado por años y el cariño de su esposa venezolana recuperada de una parálisis y ayudada por médicos cubanos. Allá tengo cuatro hermanos, aquí también somos cuatro.

Sueños y personajes

Hice muchos personajes que quedaron en la memoria del público, pero confieso que me gustaría hacer cine, aunque sea para entrar con un vaso de agua como decimos popularmente, pero sería uno de mis sueños por cumplir dentro del arte.

Por otra parte, los reconocimientos llegaron sin darme cuenta y el primero que abrió las puertas en la narración oral fue en el Festival Barrio Cuento, dirigido por Alberto Curbelo, después vinieron otros. El más significativo es el Premio Guamo, que recibí en el 2006.

 
 
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