Aniversario 140 de Guantánamo, recuento de una ciudad

Bulevar de la ciudad de Guantánamo.
Por Lilibeth Alfonso Martínez
Fotos: Archivo
25 de noviembre de 2010, 04:00 pm
Guantánamo (Redacción Digital Venceremos) - Este Primero de Diciembre, la ciudad de Guantánamo celebrará el aniversario 140 del otorgamiento del título de Villa por la corona española, aunque la historia de esta tierra entre ríos, que en su devenir se llamó de muchas formas y encontró en franceses, catalanes y criollos los primeros impulsos para su desarrollo, empezó mucho antes.
Un conde en el intento
Los primeros esfuerzos por poblar la región, reconocidos ya sus terrenos vírgenes y las potencialidades de la bahía, llegaron en el siglo XVIII, cuando se envió a estas tierras la expedición de Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas, conde de Mopox y Jaruco, al mando de varios funcionarios.
Tal empresa dejó a la Corona de España un detallado informe sobre lo que había en Guantánamo en esos tiempos, incluida una descripción de las 43 haciendas existentes, y un plan con las principales ideas de la comisión para su desarrollo, detalla el historiador Ismael Alonso Coma, autor de Historia de Guantánamo, en dos tomos.
“El conde encontró varias haciendas dedicadas al autoconsumo, el ganado y el tabaco; además de un notable contrabando a través de la bahía y la costa; pero ningún asentamiento poblacional, más allá de casas o bohíos aislados”, dice.
Se proponía, en el informe de 1798, fundar las ciudades de La Paz y Alcudía en los terrenos de Mata Abajo y Los Caños, traer familias de Cataluña, Galicia y Canarias, además de algunas naturales del país, pero siempre blancas; priorizar los cultivos para el comercio de café, azúcar y tabaco… En total, el proyecto costaría 161 mil 390 pesos a la Corona.
Pero las buenas intenciones se quedaron en el intento. “Al menos tres causas impidieron su materialización –relata Alonso-, por una parte la indecisión de España y la escasez de recursos, la oposición de los hacendados y la falta de mayor interés del conde, acostumbrado más bien a una vida de fiestas”.
Sigue la historia
Hacia 1802, empiezan a llegar los franceses y adquieren el hato de Santa Catalina, que se extendía desde los límites con Jamaica hasta San Idelfonso, Santa Rosa y La Esperanza, y la convierten en pequeñas haciendas.
Tampoco fomentaron poblaciones, más bien iniciaron la explotación de la tierra con grandes plantaciones de café, frutas menores y algodón.
En 1819, España retoma su interés por la zona y envía una segunda comisión, encabezada por el ingeniero Juan Pío de la Cruz, quien al finalizar dio cuenta de 53 haciendas de algodón y dos ingenios azucareros en los límites de la actual urbe, además de unos mil 500 esclavos africanos.
Registró cada hacienda, con su propietario, y un mapa donde “aparece un punto con la nota V. Saltadero, muy cerca de donde se ubicó el primer asentamiento conocido en esta zona. No hay documento que lo avale, pero pudiera ser una seña de que al menos 20 personas vivían en los alrededores”, conjetura Alonso.
El Saltadero
Cuentan que las lajas en el lecho del río Guaso, en la zona cercana al hoy Parque 24, formaban pequeñas cascadas y que, en algunas partes, caminos que permitían el paso entre sus márgenes. Por tradición, lo llamaron El Saltadero.

El Saltadero.
Todo comenzó por el comercio, primero una tienda del catalán José Riero en la margen Este de la corriente, seguido por Tesidoro El Mechero y por Rafart, de este lado del río. Lo certifica el historiador y poeta Regino Eladio Boti, que habla de una fecha anterior a 1822. “Donde hay comercio –apunta Alonso- hay personas, y se crean otros establecimientos”.
En general, y sin disponer de documentos oficiales, el surgimiento de ese asentamiento que luego iría creciendo hasta convertirse en la actual ciudad de Guantánamo, sucede en la segunda década del siglo XIX.
¿Por qué fue el Saltadero y no otro el sitio escogido por los antiguos habitantes para asentarse? La investigadora Hortensia Pichardo, citada por Alonso, lo explica por la convergencia de caminos y puntos de comunicación que entrelazaban Saltadero con los alrededores y a la vez con Santiago de Cuba y Baracoa.
El pueblo de Saltadero, que con el tiempo se llamó indistintamente así y como Santa Catalina del Saltadero, del Guaso y de Guantánamo, en 1837 era un reducido grupo de manzanas orientadas desde el arroyo Rafart con expansión hacia el Norte y un poco al Oeste.
Las casas, entonces, eran mayormente de paja aunque había de mampostería y tejas. Existían además cuatro tiendas, almacenes de víveres y ropas, junto a una fonda, una panadería, herrerías, zapaterías y otros comercios.
Tal es así que en un plano de 1831, propiedad de Boti, aparecían las actuales Pedro Agustín Pérez, Calixto García, Los Maceo y Moncada, y desde Aguilera hasta Bernabé Varona.
Título tardío
Sólo en 1870, por petición de su ayuntamiento, el pueblo recibe el título de Villa, otorgado por el regente del Reino Español aunque son varios los historiadores que coinciden con que el desarrollo alcanzado por la zona lo avalaba por derecho desde mucho antes.

El siglo XX trajo un notable desarrollo comercial, económico y cultural para la Villa de Guantánamo.
“En 1862 –recalca Alonso- Guantánamo ya tenía más de mil 700 habitantes, entre blancos, negros esclavos y mulatos, que eran mayoría; y 221 casas. Teníamos cárcel, ferrocarril desde el 57 y un comercio importante gracias a los intercambios en el puerto de Caimanera”.
Desde 1843, Guantánamo existía como jurisdicción de Oriente, y un año después se constituyó la Junta Municipal que en el 60 se convertiría en el Ayuntamiento. En ese tiempo, también se creó la Sociedad Filarmónica, una imprenta y algunas publicaciones, evidenciando ya cierto desarrollo cultural.
La concesión del título de la corona, al decir de Alonso, tuvo dos razones: el notable desarrollo alcanzado por la zona para ese entonces y “el amor y la lealtad de esta tierra con la corona española”, un elemento que José Sánchez Guerra, Historiador de la Ciudad de Guantánamo, atribuye a un ardid de propaganda política del reino de ultramar, en medio de la guerra de independencia que inició en 1868.
Boti recoge las palabras del regente español en un apéndice de su obra Guantánamo, breves apuntes sobre los orígenes de la ciudad: “como recompensa a los relevantes méritos que han contraído los habitantes de aquella localidad, aunando los esfuerzos contra la insurrección en Cuba”, refiriéndose a la derrota propinada por las tropas españolas a los mambises que intentaron tomarla.
Tampoco Alonso coincide con la fecha en la que se celebra el acontecimiento, amparado por documentos del Archivo Nacional de Cuba. “Está registrado que el reino español aprueba la concesión del título en octubre, aunque tardó hasta noviembre para llegar a Santiago de Cuba y sólo el primero de diciembre recibimos la carta en Guantánamo”.
El 28 de enero de 1909, según los archivos del bardo guantanamero consultados por el propio historiador, es que se lo otorga el título de Ciudad.
Un escudo diferente
Sánchez Guerra insiste en un nacimiento curioso. En 1874, los altos jefes militares y políticos de Cuba aprueban el escudo de la ciudad de Guantánamo, a petición de los lugareños, quienes propusieron también el diseño, casi idéntico al que conocemos hoy.
“Es un escudo muy diferente a otros otorgados en el país en el propio siglo XIX. Normalmente, eran una representación del poder despótico de España, con figuras de la corona, el castillo, la iglesia…, y símbolos de la sumisión que le debía la Isla, como perros que podemos encontrar, por ejemplo, en el de Baracoa”, abunda.
La propuesta que llegó a la capital contenía, por el contrario, una evidente alusión al esplendor de la geografía de la región y sus principales producciones –café, tabaco y miel-, además de los ríos y la bahía…, y una palma real.
“Estábamos en plena guerra del 68, así que el alto mando se niega a incluir la palma en el escudo, por considerarla un símbolo de los insurrectos. El resto es tal cual el actual”, rememora.
Desde aquí, en el tiempo
Lo cierto es que, desde entonces, ha pasado casi un siglo y medio. Después de ser oficialmente villa, con sus construcciones neoclásicas de una sola planta, gana en categoría y empieza a ser evidente cierto esplendor social y económico, a pesar de la guerra.
En plena contienda del 95, la zona era un puerto seguro para los mambises, tanto que sus costas “reciben” a los principales jefes, y los primeros ejemplares de la Edad de Oro, atesorados entonces en el Ateneo cultural La Luz. La figura de Pedro A. Pérez es un baluarte de nacionalismo y antimperialismo.
Con los años, la base naval y la entrada de las compañías norteamericanas atraen inmigrantes españoles, caribeños, asiáticos, árabes, hindúes y cubanos. En 1910, según Sánchez Guerra, tenía un desarrollo tal que en 1930 la ciudad se considera la segunda más importante de Oriente, después de Santiago de Cuba.
De ese siglo, son las grandes construcciones que todavía hoy perduran: El Palacio Salcines, la Plaza del Mercado, el Ayuntamiento hoy Biblioteca Policarpo Pineda, el Hospital General en el actual infantil Pedro Agustín Pérez, el Centro La Luz…, con un estilo ecléctico.
Floreció una población de burgueses, empresarios extranjeros, profesionales, y obreros de la base naval que exigía vida cultural y comercial. Surgen grandes teatros, cines, paseos, tiendas y la ciudad se convirtió en un punto obligado de visita para las mayores compañías cubanas o del extranjero.
Pero Guantánamo no sólo era riqueza. Fue también, en el siglo XX, un caldo de ideas políticas, partidos y confrontación ideológica, con vida cultural propia y grandes intelectuales como Regino Eladio Boti, y otras figuras más cercanas como la notable geógrafa Sara Isalgué de Massip y el músico Lilí Martínez.
La clandestinidad de la mano del movimiento 26 de Julio marcó la última etapa de la lucha revolucionaria en Guantánamo, reconocida luego como la capital del II Frente Oriental. Con el triunfo, recibimos a Fidel por primera vez el 4 de febrero de 1959 y los pobladores de entonces se congregaron para escucharlo hablar, desde los balcones de la Escuela de Comercio.
En el tiempo, aportamos grandes deportistas, el primer cosmonauta latinoamericano, científicos…, logramos una ciudad con más de 208 mil habitantes, casi 200 escuelas, varios hospitales, instituciones culturales, artistas de diferentes manifestaciones, un notable desarrollo humano, médico, crecimiento…
Tenemos en definitiva, 140 años después, razones para celebrar historia, presente y futuro…
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