Seduce La Veneciana
Una de las pizzerías de la ciudad de Guantánamo demuestra que en la gastronomía popular no tiene que primar, necesariamente, la chapucería y el maltrato. Productos de calidad, buen servicio y precios bajos. El salario medio de los trabajadores sobrepasa los 700 pesos

Calidad, buen servicio y precios módicos distinguen a La Veneciana.
Por Haydée León y Lisván Lescaille
Fotos: Leonel Escalona F.
26 de octubre de 2009, 10:45 am
Guantánamo (Redacción Digital Venceremos) - Por tanto tiempo la chapucería y el maltrato han perturbado el andar de la gastronomía cubana, que no pocos estigmatizan con tales problemáticas a esa vilipendiada rama de los servicios.
Aunque no le quite toda la “sal” que le ha caído encima, una pizzería que es todo un símbolo de la renovación de los servicios en Guantánamo, disminuye la pesada carga que lleva sobre las espaldas esa práctica de ofrecer alimentos ligeros en moneda nacional y a precios asequibles. Y demuestra que no tiene por qué andar necesariamente mal acompañada la popular gastronomía.
Le nombran La Veneciana y está ubicada en el más frecuentado recodo de la urbe. Su grata apariencia no es sólo cuestión de fachada; ni la gran demanda de sus ofertas asunto de poca opción en la llamada ciudad del Guaso. La cuestión está en que muy pocas de sus similares vende tan rico, bonito, barato, y encima de eso rápido, con sumo gusto y sana distinción.
Por dentro
Recientemente los propios trabajadores de la unidad construyeron en un espacio aledaño, una funcional cafetería-boulevard donde ofertan pizzas, bocaditos, frituras y otros alimentos, con la cual ampliaron a la categoría de complejo gastronómico a La Veneciana, anteriormente nombrada Pizzería Holguín.
Lo hicieron con la misma entrega demostrada años atrás cuando remozaron completamente su centro laboral sin dejar de prestar servicios, pues a partir de las 12 de la noche y hasta el amanecer, cambiaban los implementos de gastronómicos por los de constructores. Esa es una de las razones por las cuales la población apenas percibió afectaciones en el servicio mientras por dentro se vivía una verdadera revolución constructiva.
Comienzan a atender a la población a las 10 de la mañana y cierran sus puertas a las 12 de la noche. Los precios son los más bajos de la Isla en unidades de su tipo (por ejemplo, pizzas y espaguetis que cuestan entre tres y siete pesos) y mantienen la calidad y variedad de los productos que elaboran: de 12 a 18 variedades de pizzas, incluyendo ofertas especiales de pizzas familiares, cuyos precios varían en dependencia del pedido del usuario, y una variante llamada “Caprichosa”, que consiste en una pizza grande rellena de carnes, con un precio fijo de 60 pesos y envasada en cajas de cartón fabricadas con excelente diseño.

“Estabilidad laboral, disciplina y el sentido de pertenencia condimentan las ofertas de la pizzería”, asegura Orlando Beneitez, su administrador.
Orlando Beneitez Ramírez, administrador de La Veneciana hace 14 años, y según opinaron varios trabajadores la inspiración del colectivo, asegura que en 2008 las ventas fueron de 4 millones 842 mil 930 pesos, con 1,7 millones de utilidades e ingresos promedio por trabajador de 750 pesos cada mes. Mientras, el costo de producción fue de solo 38 centavos.
Pero desde inicios del presente cada mes esos resultados económicos son más halagüeños, de manera que las ventas mensuales superan el medio millón de pesos, con una ganancia de 220 mil y un salario promedio de 900. Por eso el administrador opina que 2009 cerrará con mejores indicadores que el año pasado, incluso en el costo de producción, pues a pesar del aumento de los precios de los cárnicos y pastas que emplean en la elaboración de los diferentes alimentos, actualmente por cada peso que producen gastan 48 centavos.
A los ojos del cliente
De los indicadores de calidad, esos que no pueden expresarse en cifras, saltan a la vista la higiene y ambientación, el trato afable, la rapidez en el servicio, ofrecido con profesionalidad, aunque los mismos trabajadores y directivos manifiestan el interés que ponen en superarse técnicamente.
También es admirable la presencia personal de los trabajadores tanto en los dos salones de atención directa al público como en las áreas de elaboración y en la cafetería.
“Tienen la posibilidad de poseer cuántos uniformes quieran; no se los regalamos, lo compran y para eso le damos facilidades de pago a plazos. No se les obliga a tener uno o dos, lo que les exigimos es venir al trabajo muy presentables”, asevera Beneitez.
A muchos de sus 96 trabajadores, el amanecer los sorprende en su puesto. Asegura la cocinera Miriam Pérez, que ella es de las que llega casi de madrugada al centro, sin embargo, a esa hora ya están en plena faena las empleadas de limpieza.
Se trata de un colectivo joven -el promedio de edad es 36 años-, que se siente útil y recompensado no solo por la aceptación de la población, sino por los beneficios que les reportan los resultados económicos de su entidad. Por eso la estabilidad laboral, la disciplina y el sentido de pertenencia condimentan las ofertas de La Veneciana.
No ha sido fácil, dice el directivo, pero ya el colectivo asume con naturalidad algunas exigencias que tal vez no estén suficientemente generalizadas en el sector: “En general la gastronomía necesita una tubería de vasos, cubiertos, platos…, porque los mismos trabajadores los acaban y no pasa nada. Aquí el que rompe un vaso tiene que buscarlo o comprarlo de su salario”.
En la filosofía de este joven administrador los servicios gastronómicos requieren de látigo y cascabel. Por un lado, ser un esclavo de tu trabajo para asegurarte que el cliente quede satisfecho, y por otro elevar la motivación del gastronómico para que no piense en inventos.
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