“Mi esposo no desconocía el peligro –dice Eloísa- que significaba atravesar el canal de entrada de la bahía de Guantánamo, porque a ambos lados estaban apostados los soldados norteamericanos, quienes una noche le tiraron. A partir de ese momento el temor me embargaba cada vez que salía al mar, y por eso le pedí que dejara de hacerlo, pero él no cejó nunca en el empeño.
“Rodolfo era valiente y muy trabajador, laboraba de día como dependiente en la cooperativa Gustavo Fraga, de Caimanera, y la noche la pasaba pescando, mar adentro, en su bote Las dos hermanas.
“Cuando recibimos la terrible noticia de su muerte, el día 13 de julio de 1962, me faltaba poco tiempo para traer al mundo a Reina; Maricela y Rodolfito tenían 7 y 5 años, respectivamente.
“El día anterior –rememora la viuda del mártir– cuando fui, como de costumbre, a llevarle el desayuno, él no apareció, y eso me aterró, porque era la primera vez que no se presentaba.
“Al aparecer su cuerpo al día siguiente, torturado salvajemente, sentí que el mundo se acababa, estaba desamparada igual que mis muchachos, y los únicos culpables eran esos asesinos”, enfatiza.
Al hablar de lo que significa la irreparable pérdida explica: “Fue muy duro, y para los niños peor, porque los privaron del calor paterno.
“A Reina, la más pequeña, el hecho de no conocer a su padre la inspiró a escribir una carta en la que expresa: …Ha pasado mucho tiempo… ¿sabes que nunca pude decir papá? ¡Qué dolor inaudito al saber que el silencio selló tu boca y que mi grito no llegó a tu oído! ¡Oh, padre, no tuvieron compasión contigo, y yo me quedé sin conocerte padre mío, sólo seis días… Sólo seis días para abrir mis ojos por vez primera y verte aunque fuera un instante….
Rodolfo Rosell no fue la única víctima, también el pescador Rubén López Sabariego, Ramón López Peña y Luis Ramírez López, combatientes del otrora Batallón Fronterizo, fueron ultimados por los marines yanquis, quienes impotentes ante el triunfo y desarrollo de la Revolución, arremetieron con odio, sin escrúpulos, contra esos jóvenes que cumplían con su deber.
“Posada Carriles no pagará ni con la muerte por los horrendos crímenes cometidos contra el pueblo de Cuba”, finaliza Eloísa. |