Luego de transcurridas más de tres décadas, Juana no consigue separarse de los recuerdos de su hijo y siente la impotencia de que no se haga justicia con ese criminal internacional y su camarilla: “Es inmenso el dolor que siento, el cual comparto con las personas que como yo quedaron destrozadas ante la noticia del vandálico crimen, que segó la vida de los 73 pasajeros del vuelo 455 de Cubana de Aviación.
“Siempre participo en los actos que se realizan para denunciar injusticias como ésta porque considero que con esa batalla en el plano de las ideas alcanzaremos el triunfo.
“De mi hijo te puedo decir que era tranquilo y poco comunicativo, para ilustrarte mejor te voy a poner un ejemplo –explica- cuando estudiaba en la secundaria básica Luis Ramírez López me mandaron a buscar porque no asistía a las clases de Educación Física, ese fue el día que me enteré de su permanencia en el área especial y de su afición por la esgrima. El cariño de todos sí supo ganárselo –enfatiza-, muestra de ello fue el dolor e indignación de los vecinos, quienes me apoyaron en todo momento, al saber de su muerte”. Cuando Juana habla de su fallecido esposo, de lo orgulloso que estaba por los logros de Juan Duany en el deporte y del daño que ocasionó la irreparable pérdida del joven de 18 años, dice: “El primero que recibió la noticia de la trágica muerte de nuestro hijo fue mi marido, él estaba desesperado y no sabía cómo decírmelo, esos sentimientos de dolor lo sienten muchas familias cubanas, por eso cuando puedo me llego hasta la casa de Haydée, madre de Ramón Infante García, para juntas clamar porque se haga justicia”, resalta.
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