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memorias

La última vez que vi a Frank País

. Juan Escardó Cambronero, integrante del Primer Contingente de Refuerzo salido de El Marabuzal, en Manzanillo, desgrana sus recuerdos sobre aquel hombre que era un ejemplo de inteligencia, integridad, carácter y amor a su Patria

Por Pablo SOROA FERNANDEZ
 Fotos: L. ESCALONA, R. GOMEZ  y Archivo

Manzanillo. Aproximadamente a las 10 de la noche del 15 de marzo de 1957, casi medio centenar de hombres parten de un lugar con el bien merecido nombre de El Marabuzal. Marchan bajo molesta y fina llovizna, en una arriesgada operación que se propone burlar al enemigo y fortalecer a los guerrilleros que, en la Sierra Maestra, llevan ya más de tres meses haciendo la vida imposible al ejército de la tiranía batistiana.

Juan Escardó Cambronero, joven guantanamero al filo de los 23 años de edad (los cumplirá en las cumbres más altas de Cuba), va entre los que integran aquel Primer Contingente de Refuerzo enviado por Frank País. Lo acompañan otros dos coterráneos: Gustavo Moll Leyva (Papín), y Enrique Soto, actualmente radicado en La Habana y entonces coordinador del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) en Guantánamo.

Medio siglo después, en su hogar (San Lino 780 esquina a Prado), Escardó apela a su memoria y a su archivo personal para desgranar ante el periodista sucesos vinculados a aquel grupo de 49 hombres que se presentó ante el Comandante en Jefe Fidel Castro, por encargo de Celia Sánchez Manduley y del mítico Frank País, jefe de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio (M-26-7).

“Al principio éramos 52 –precisa-. Pero a uno, Taras Domitro, la dirección del M-26-7 lo había enviado de regreso a Santiago de Cuba, debido a la detención de Frank, otro enfermó y un tercero a última hora se acobardó, por lo cual lo dejaron bajo custodia en El Marabuzal”.

 

Una foto famosa

Descuelga un cuadro de una de las paredes de madera de la ancha casona. El objeto aprisiona una fotografía en que la pátina ha hecho sus estragos y es necesario un esfuerzo para apreciar la bicolor debilidad de los tonos. Resalta en primer plano la figura del Comandante en Jefe.

Juan Escardó junto a su esposa, también guerrillera.

Guiado por el índice del entrevistado, recorremos la imagen. En el extremo derecho aparece Almeida, y en segundo plano y a mitad de la instantánea, el Che y el Comandante Manuel Fajardo. Escardó se localiza al fondo, entre estos dos últimos guerrilleros.

Indagado sobre la fecha de la fotografía (divulgada por la revista brasileña O Cruceiro), responde que debe haberse tomado a principios o mediados de mayo de 1957, pero siempre antes del 28 de ese mes, porque en ella aparece Papín, quien posteriormente muere en el ataque al cuartel de El Uvero.

En un artículo publicado en la revista Verde Olivo el 4 de febrero de 1961, el Guerrillero Heroico narra que “Almeida ordenó un ataque final para tratar de reducir de todas maneras a los enemigos que tenía enfrente; fueron heridos Cilleros, Maceo, Hermes Leyva, Pena y el propio Almeida en el hombro y la pierna izquierda, y el compañero Moll fue muerto”.

 

Combatiente de El Uvero

Juan Escardó participa en aquel combate y ve caer a pocos metros a su compañero de la clandestinidad y de la Sierra. El recuerdo del instante aciago lo persigue y le empaña el júbilo que suscitaría normalmente la referencia a esa acción que, como dijo el Che, marca la mayoría de edad del naciente Ejército Rebelde.

Con el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, a quien le entrega un estímulo, durante la celebración de la Asamblea de Balance de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, en Guantánamo.

Una pausa. El reportero aprovecha para detenerse en otra fotografía que le alcanza la esposa de Escardó, Mireya Morón Monterde, quien integró la Compañía C, de la Columna 17 Abel Santamaría, del II Frente Oriental Frank País.

La foto es reveladora: “Juanito” (así lo conoce el pueblo guantanamero), entrega un estímulo al Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque.

Está fechada (al dorso) el 30 de noviembre de 1988 y corresponde a la Asamblea provincial de Balance, de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, a la cual pertenece por derecho propio este guantanamero que ostenta, entre otras condecoraciones, la Medalla Combatiente de la Columna 1 José Martí y la Orden Combatiente de la Guerra de Liberación (Primer Grado).

El concluye la contienda bélica junto a Fidel y es ascendido a sargento del Ejército Rebelde, antes de ser licenciado y retornar a su natal Guantánamo para seguir cumpliendo otras empresas revolucionarias.

Entre las que más tiempo y dedicación le exigieron memoriza la que pusieron en sus manos, en septiembre de 1960, con el fin de estimular el cumplimiento de la Ley de Reforma Agraria y de otras legislaciones revolucionarias en Yateras.

Asume la responsabilidad de Comisionado Municipal en lugar de Miguel Jiménez Rodríguez, sustituido por actividades contrarias a la política revolucionaria en el lugar.
Entre las principales atribuciones de ese funcionario figuran la reestructuración del presupuesto, saneamiento de los fondos públicos, confiscación de los bienes mal habidos y construcción de las primeras obras públicas.

Escardó las hace cumplir al pie de la letra y es promovido a otras responsabilidades, entre las que podemos citar: jefe de sección de la Comisión de Orientación Revolucionaria del antiguo Comité Regional del Partido, miembro del Ejecutivo de la Asamblea provincial del Poder Popular y se jubiló en los pasados 80, como delegado del ICAIC.

Casas con historias

El domicilio donde conversamos (San Lino 780 esquina a Prado) posee, entre otros valores históricos, el de constituir el escenario donde por primera vez se lee en Guantánamo La historia me absolverá, y de varias visitas de Frank País, durante los avatares de la creación del Movimiento 26 de Julio en Guantánamo.

Aún resuena en sus oídos, a pesar de haber sido solo un susurro, lo que le dice Enrique Soto aquella tarde del 16 de septiembre de 1955: “Juanito, ahora tú y yo no pertenecemos a la Triple A (organización seudorrevolucionaria): somos del 26 de Julio”.

A pocos metros de allí y escasos minutos antes en la casa del primero (San Lino 803 entre Prado y Aguilera), Frank había orientado a Soto la creación de esa formación revolucionaria en Guantánamo, acontecimiento que se produce días después en la citada vivienda, donde inexplicablemente, no existe ni siquiera una modesta tarja.

Entre los fundadores del Movimiento están Escardó, Benito Bell, Fabio Rosell, Orlando Sánchez, Rolando Durruthy, Rafael Orejón y Roberto Cisneros. Encabezan el ejecutivo Soto,  Julio Camacho Aguilera, Octavio Louit, Demetrio Montseny (Villa) y Ñico Torres, por citar algunos.

Frank no estuvo en casa de Escardó Cambronero durante aquella memorable jornada, pero posteriormente la honra con su presencia, en varias ocasiones, una de ellas cuando regresa de México, luego de contribuir con Fidel a la unificación de las fuerzas revolucionarias.
“En aquella oportunidad -recuerda el hoy jubilado- me trajo de esa nación un cigarro, y como era tiempo de carnaval, lo invitamos a salir Soto, Rosell, Reynaldo Brook y yo”.

Añade que esa noche ocurrió algo muy curioso: “Había un tiro al blanco, con rifles de los que usan el tipo de bala denominado u. Estaban  unos soldados de la tiranía y se pusieron a competir con Frank, quien obtuvo más puntos que todos aquellos sicarios.

“Después -precisa Juan- el valeroso combatiente dijo jocosamente: Nos estamos entrenando en las propias narices del enemigo”.

Otra anécdota contada por el integrante del Contingente de Refuerzo habla de la astucia de País García: “Otro día se presenta a la casa con espejuelos que parecen graduados, pero no tenían aumento. Cuando le preguntamos por la excentricidad, nos dice que eran para enmascararlo.

“Gracias a ellos, contó luego entre risas a sus compañeros, no me apresaron en Ermita, cuando detuvieron el tren y lo registraron”.

La última vez que lo vi

En febrero de 1957 se reúne en San Lino 780 la dirección regional del M-26-7, con excepción de Camacho Aguilera y Enrique Soto, sometidos a una atroz cacería por la participación de ambos en el levantamiento del 30 de Noviembre. Participan varios de los miembros de la organización, entre ellos el propietario del inmueble.

Se plantea en ese encuentro la necesidad de seleccionar a tres integrantes para el Primer Contingente de Refuerzo. La selección de los dos primeros, Soto y Gustavo Moll transcurre sin sobresaltos. Falta un tercero, y Escardó se autopropone. Villa disiente y argumenta:

 “Juanito no puede ir porque es necesario para las bombas”. (Se refiere a la participación de este en una fábrica de explosivos en el sótano de la casa de los esposos Enrique Rodríguez y Berta Cuza, en Aguilera entre Santa Rita y San Gregorio, donde conspiraban Gustavo Fraga, Fabio Rosell, Juan Escardó y el propio Enrique).

El líder santiaguero se dirige a Montseny y le explica por qué el autopropuesto debe marchar para la Sierra (“Está muy quemado”). Y le espeta a otro combatiente de jerarquía, el hoy Héroe de la República de Cuba Samuel Rodiles Planas: “Te llevas mañana a Juan para Santiago”.

La instrucción se cumplió sin tardanza

Fue aquella la última vez que Escardó vio a Frank País (caído por una delación el 30 de julio de 1957, fecha instituida en su honor como Día de los Mártires de la Revolución) y a sus compañeros de la factoría clandestina, quienes perecieron en un accidente ocurrido en la instalación el 4 de agosto del mismo año.

El jefe de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio estuvo en El Marabuzal, pero Juan no coincidió con él.

Hace 50 años de esos tristes sucesos, mas para él parece que fue ayer. Tan presentes los tiene en la memoria.

 
 
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