Una pausa. El reportero aprovecha para detenerse en otra fotografía que le alcanza la esposa de Escardó, Mireya Morón Monterde, quien integró la Compañía C, de la Columna 17 Abel Santamaría, del II Frente Oriental Frank País.
La foto es reveladora: “Juanito” (así lo conoce el pueblo guantanamero), entrega un estímulo al Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque.
Está fechada (al dorso) el 30 de noviembre de 1988 y corresponde a la Asamblea provincial de Balance, de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, a la cual pertenece por derecho propio este guantanamero que ostenta, entre otras condecoraciones, la Medalla Combatiente de la Columna 1 José Martí y la Orden Combatiente de la Guerra de Liberación (Primer Grado).
El concluye la contienda bélica junto a Fidel y es ascendido a sargento del Ejército Rebelde, antes de ser licenciado y retornar a su natal Guantánamo para seguir cumpliendo otras empresas revolucionarias.
Entre las que más tiempo y dedicación le exigieron memoriza la que pusieron en sus manos, en septiembre de 1960, con el fin de estimular el cumplimiento de la Ley de Reforma Agraria y de otras legislaciones revolucionarias en Yateras.
Asume la responsabilidad de Comisionado Municipal en lugar de Miguel Jiménez Rodríguez, sustituido por actividades contrarias a la política revolucionaria en el lugar.
Entre las principales atribuciones de ese funcionario figuran la reestructuración del presupuesto, saneamiento de los fondos públicos, confiscación de los bienes mal habidos y construcción de las primeras obras públicas.
Escardó las hace cumplir al pie de la letra y es promovido a otras responsabilidades, entre las que podemos citar: jefe de sección de la Comisión de Orientación Revolucionaria del antiguo Comité Regional del Partido, miembro del Ejecutivo de la Asamblea provincial del Poder Popular y se jubiló en los pasados 80, como delegado del ICAIC.
Casas con historias
El domicilio donde conversamos (San Lino 780 esquina a Prado) posee, entre otros valores históricos, el de constituir el escenario donde por primera vez se lee en Guantánamo La historia me absolverá, y de varias visitas de Frank País, durante los avatares de la creación del Movimiento 26 de Julio en Guantánamo.
Aún resuena en sus oídos, a pesar de haber sido solo un susurro, lo que le dice Enrique Soto aquella tarde del 16 de septiembre de 1955: “Juanito, ahora tú y yo no pertenecemos a la Triple A (organización seudorrevolucionaria): somos del 26 de Julio”.
A pocos metros de allí y escasos minutos antes en la casa del primero (San Lino 803 entre Prado y Aguilera), Frank había orientado a Soto la creación de esa formación revolucionaria en Guantánamo, acontecimiento que se produce días después en la citada vivienda, donde inexplicablemente, no existe ni siquiera una modesta tarja.
Entre los fundadores del Movimiento están Escardó, Benito Bell, Fabio Rosell, Orlando Sánchez, Rolando Durruthy, Rafael Orejón y Roberto Cisneros. Encabezan el ejecutivo Soto, Julio Camacho Aguilera, Octavio Louit, Demetrio Montseny (Villa) y Ñico Torres, por citar algunos.
Frank no estuvo en casa de Escardó Cambronero durante aquella memorable jornada, pero posteriormente la honra con su presencia, en varias ocasiones, una de ellas cuando regresa de México, luego de contribuir con Fidel a la unificación de las fuerzas revolucionarias.
“En aquella oportunidad -recuerda el hoy jubilado- me trajo de esa nación un cigarro, y como era tiempo de carnaval, lo invitamos a salir Soto, Rosell, Reynaldo Brook y yo”.
Añade que esa noche ocurrió algo muy curioso: “Había un tiro al blanco, con rifles de los que usan el tipo de bala denominado u. Estaban unos soldados de la tiranía y se pusieron a competir con Frank, quien obtuvo más puntos que todos aquellos sicarios.
“Después -precisa Juan- el valeroso combatiente dijo jocosamente: Nos estamos entrenando en las propias narices del enemigo”.
Otra anécdota contada por el integrante del Contingente de Refuerzo habla de la astucia de País García: “Otro día se presenta a la casa con espejuelos que parecen graduados, pero no tenían aumento. Cuando le preguntamos por la excentricidad, nos dice que eran para enmascararlo.
“Gracias a ellos, contó luego entre risas a sus compañeros, no me apresaron en Ermita, cuando detuvieron el tren y lo registraron”.
La última vez que lo vi
En febrero de 1957 se reúne en San Lino 780 la dirección regional del M-26-7, con excepción de Camacho Aguilera y Enrique Soto, sometidos a una atroz cacería por la participación de ambos en el levantamiento del 30 de Noviembre. Participan varios de los miembros de la organización, entre ellos el propietario del inmueble.
Se plantea en ese encuentro la necesidad de seleccionar a tres integrantes para el Primer Contingente de Refuerzo. La selección de los dos primeros, Soto y Gustavo Moll transcurre sin sobresaltos. Falta un tercero, y Escardó se autopropone. Villa disiente y argumenta:
“Juanito no puede ir porque es necesario para las bombas”. (Se refiere a la participación de este en una fábrica de explosivos en el sótano de la casa de los esposos Enrique Rodríguez y Berta Cuza, en Aguilera entre Santa Rita y San Gregorio, donde conspiraban Gustavo Fraga, Fabio Rosell, Juan Escardó y el propio Enrique).
El líder santiaguero se dirige a Montseny y le explica por qué el autopropuesto debe marchar para la Sierra (“Está muy quemado”). Y le espeta a otro combatiente de jerarquía, el hoy Héroe de la República de Cuba Samuel Rodiles Planas: “Te llevas mañana a Juan para Santiago”.
La instrucción se cumplió sin tardanza
Fue aquella la última vez que Escardó vio a Frank País (caído por una delación el 30 de julio de 1957, fecha instituida en su honor como Día de los Mártires de la Revolución) y a sus compañeros de la factoría clandestina, quienes perecieron en un accidente ocurrido en la instalación el 4 de agosto del mismo año.
El jefe de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio estuvo en El Marabuzal, pero Juan no coincidió con él.
Hace 50 años de esos tristes sucesos, mas para él parece que fue ayer. Tan presentes los tiene en la memoria. |