Antonio Maceo: Dispersas van por los campos las tropas de un español

Por Pablo Soroa Fernández
12 de junio de 2009, 11:55 am
Guantánamo (Redacción Digital Venceremos) Dispersas van por los campos, como en el romance Xicoténcatl, del poeta cubano Plácido, las tropas del teniente coronel Joaquín Bosh, quien corre peor suerte que las del emperador Moctezuma y perece en la lucha.
El intercambio bélico tiene lugar en El Jobito, paraje perteneciente hoy al municipio de El Salvador, donde los mambises al mando del Mayor General Antonio Maceo derrotan el 13 de mayo de 1895 al regimiento Simancas, el más diestro y mejor armado de los colonialistas en el extremo oriental de la Isla.
Ya Guantánamo había sido muchas veces antes el escenario de las victorias de aquel mulato campesino incorporado al Ejército Libertador 15 días después del alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua.
El Alto Oriente cubano fue testigo de las hazañas de aquel brillante jefe, ejemplo para sus subordinados, alumno predilecto del Generalísimo Máximo Gómez y, junto a este, protagonista emérito de la Invasión a Occidente, una de las mayores hazañas militares del siglo XIX en América.
El 26 de enero de 1969 lo ascienden a teniente coronel por sus exitosas operaciones en Mayarí y Guantánamo, municipios del Departamento Oriental, y el seis de enero de 1877 ataca a Baracoa e inicia la invasión a la zona donde los españoles fundaron la Primera Villa Cubana.
En Guantánamo protagoniza el Titán de Bronce, junto a Máximo Gómez, el combate del cafetal La Indiana, donde espeta al Generalísimo que no se retira porque tiene a su hermano muerto o herido y no lo abandona en poder del enemigo, y rescata a José.
Desembarca por Duaba, Baracoa, el primero de abril de 1895, a bordo de la goleta Honor, junto a Flor Crombet y otros expedicionarios.
Es, como se ha visto, una relación osmótica la que prevalece entre el Alto Oriente cubano y el Héroe de Baraguá.
El mulato sobre el cual escribió el Héroe Nacional José Martí:
“Hay que poner asunto a lo que dice porque tiene tanta fuerza en la mente como en el brazo”, se dispone a reencontrarse con Gómez y Martí y a protagonizar la hazaña militar más grandiosa del siglo XX americano: la invasión a Occidente.
A la vuelta de esa proeza, en San Pedro, Punta Brava, el 7 de diciembre de 1896, una bala española puede más que todas las que silbaron a su vera por esta región y las causantes de las incontables cicatrices encontradas en su cadáver de general caído.
Ha pasado a la Historia el Héroe del Jobito, Mal Tiempo, Peralejo y Sao del Indio.
Quedan como legado, su fuerza en la mente y en el brazo, y su estirpe de Baraguá, hoy más vigente que nunca.
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