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memorias
Manuel Simón Tames Guerra: Héroe de la Patria

Manuel Simón Tames Guerra fue uno de los héroes que inscribieron su nombre en el gran libro rojo de la Historia.

“Dignificar y honrar a los mártires
de una causa elevada y noble,
es obra de los grandes pueblos
que saben conocer el valor de aquella causa”.
General Pedro Agustín Pérez

Por MsC. José Sanchez Guerra
Foto: Tomada de Internet

Guantánamo, 5 sept (Redacción Digital Venceremos) Manuel Simón Tames Guerra fue uno de los héroes que inscribieron su nombre en el gran libro rojo de la Historia: su patriotismo, valor a toda prueba, honestidad y desinterés, fueron rasgos fundamentales de su personalidad de héroe.

El, junto al valiente Iván Rodríguez y el esforzado Omar Ranedo Pubillones, constituyen el trío de jóvenes que representa la sublime abnegación revolucionaria de la generación guantanamera que combatió a la dictadura batistiana.

Tati, como llamaban a Tames sus amistades y familiares, nació el 15 de enero de 1939, en la casa situada en Martí No. 1166, en esta ciudad. Hijo de Simón Tames Mícares y Esther Guerra Bertot, quienes poseían una desahogada posición económica, lo cual le permitió estudiar desde muy pequeño en los Colegios Internacionales de El Cristo, cerca de Santiago de Cuba, junto a sus hermanos Miguel (el Rubio) y María Obdulia (Cuca).

Manuel Simón pasaba temporadas en la playa de Uvero o en el acueducto de Yateritas, del que su padre era administrador y junto a algunos amigos participaba en cacerías por los escabrosos terrenos del lugar, actividad que le permitió conocer palmo a palmo la región, lo cual le fue de gran utilidad más tarde para su vida guerrillera.

Deportista infatigable, tomó parte en varios torneos estudiantiles en las disciplinas de fútbol, natación y kárate, competencias en las que obtuvo varios trofeos y gallardetes, a la vez que desarrolló un atlético y vigoroso cuerpo.

Sus padres, Esther y Simón, se afiliaron al partido Ortodoxo, que dirigió el prestigioso líder cubano Eduardo Chibás. En el hogar de la familia Tames-Guerra, donde se debatían temas relacionados con la sangrienta dictadura de Batista y la necesidad de cambiar de manera radical la situación política y social del país, Manolito recibió las primeras influencias aleccionadoras 1. En la vivienda campestre de su abuela, Lula Bertot, conoció de las proezas del bisabuelo José María Guerra Téllez, capitán del Ejercito Libertador.

En 1956, a los 16 años, en los Colegios Internacionales de El Cristo, junto a un pequeño grupo de condiscípulos estudió el alegato La Historia me Absolverá y comenzó a conspirar contra la dictadura.

A finales de 1957 se vincula y subordina en Guantánamo a Omar Ranedo Pubillones, organizando entre ambos una célula clandestina en Santa María y la zona del aeropuerto de la ciudad, con la colaboración de la familia Infante y de Isabelita Pardo, novia de Tames, etapa en la que desempeña la responsabilidad de segundo jefe de la misma, participando en acciones de sabotajes, traslado de armas desde la base naval norteamericana y en la elaboración de propaganda revolucionaria.

El asesinato de su amigo y compañero de lucha, Omar Ranedo, el día 18 de febrero de 1958, repercutió hondamente en su noble corazón y desde entonces decidió tomar el camino de las montañas para incorporarse a las guerrillas del Segundo Frente Oriental Frank País.

El 30 de marzo, en el acueducto de Yateritas, Manuel, con la decisión que lo caracterizaba, desarmó a un soldado, y minutos después, con ayuda de la joven Elda Samón, terminó los preparativos para alzarse, encaminándose a El Corojo, de San Antonio de Redó, donde vivía su tía Carmen Guerra Bertot, miembro del Movimiento 26 de Julio.

Carmen, con la colaboración de Eliseo Calderón, trasladaron a Tames y a tres jóvenes más que se habían reunido en el lugar, con la intención de unirse a las fuerzas rebeldes, encontrándose entre estos Isidro Martínez y José Rubios.

El día 5 de abril, en horas de la noche, los cuatro jóvenes revolucionarios llegaron al campamento rebelde situado en El Naranjal, donde se encontraba el teniente José Sandino, y se incorporan de forma oficial al Ejército Rebelde.

Raúl Castro, jefe del II Frente Oriental Frank País, al recibir el grupo guerrillero del Valle de Caujerí, que dirigía Zapata, anotó en su Diario de Operaciones, el 7 de abril de 1958:

“Todos estos compañeros actuaban por la zona de Caujerí, al este de la ciudad de Guantánamo, enviados por la dirección local de Guantánamo antes de nuestra llegada. Ellos habían realizado algunas acciones y contaban en esos momentos con el siguiente armamento…

“También un rifle Garand, con 160 tiros, obtenido por un muchacho que en Yateritas, donde está el acueducto, mató a un soldado y le llevó el arma”. Raúl se refería, en esta última anotación de su Diario... a Manuel Tames.

El 9 de abril, Tati recibió su bautismo de fuego en el combate de Imías, acción en la que cayera el capitán Ciro Frías, jefe de la Compañía “E”, sustituido en el cargo por el capitán Félix Pena, quien nombra a Tames como su ayudante, participando el día 16 en la toma del poblado de Puriales. Más tarde, Manuel solicitó al jefe rebelde ser enviado a la primera línea de combate, petición que fue aceptada.

Después de participar en varias acciones combativas en el verano de ese año, entre las que se destaca el ataque a la guarnición de San Antonio (hoy Manuel Tames) el 31 de mayo, en cumplimiento de la Orden No. 30 del Comandante Raúl Castro, el 27 de julio, una unidad guerrillera, bajo el mando de José Sandino y teniendo como segundo a Tames, capturó cerca de La Sombrilla un ómnibus que conducía a más de 20 marines yanquis, acción que constituyó la más importante que se realizó en acatamiento del mandato del segundo líder de la Revolución.

A principios de agosto, Manuel es designado como segundo jefe del pelotón que dirigía Argelio Pérez, unidad que operaba en la zona de Yateritas y en las proximidades de la base norteamericana. Durante este mes, además de participar con Pérez en algunas acciones en la carretera de San Antonio del Sur, personalmente al frente de un comando de la escuadra reforzada que dirigía, hostigó puestos militares de la dictadura en Guantánamo y trasladó al campamento rebelde recursos logísticos sacados de esta ciudad y del enclave yanqui.

En una ocasión algunos amigos y familiares de Tati  le enviaron un mensaje desde Guantánamo, dándole a conocer que para proteger su vida habían realizado gestiones en la Base Naval para trasladarlo en un helicóptero de la Marina hasta el enclave yanqui y la respuesta de Tames no pudo ser más viril: “Dígales que yo tomé las armas para pelear por la libertad de Cuba, y no para rehuir al peligro”.

Sólo tenía 19 años de edad y, por su coraje y decisión, a los cinco meses de estar en las filas rebeldes ya se había convertido en uno de los más valerosos combatientes, a quien se le podían asignar las misiones más difíciles. De su temeridad todavía hablan quienes le conocieron.

El día 9 de septiembre una pequeña fuerza bajo el mando de Tames realizó una emboscada a un convoy del enemigo en La Y, próximo a Boquerón y a la base estadounidense. El éxito de la acción fue completo a favor de las armas guerrilleras, que les causaron al enemigo varias bajas y destruyéndole dos transportes.

Después de la victoria, Manolito indicó al grueso de la fuerza que se retirara al campamento, mientras él, en unión de los combatientes Eleno Borges, Julio A. Delgado y Edilio González se dirigieron a la salina de Puerto Escondido, sitio donde fueron sorprendidos, en horas del mediodía, por una fuerte unidad de la tiranía, la cual cercó a los combatientes acorralados contra el mar y situaron delante a los trabajadores eléctricos que tendían una línea desde Boquerón, para que los rebeldes no tiraran.

Desde su inicio, el combate se desarrolló en forma desigual, por la enorme superioridad del enemigo, que contaba con unidades blindadas. No obstante, los revolucionarios lucharon con valentía, prestos a morir, antes que caer prisioneros.

Manuel Tames recibió un primer disparo, que le destrozó el brazo derecho, pero con el izquierdo tomó su pistola y continuó combatiendo hasta caer acribillado. Junto a él también murieron los revolucionarios Eleno Borges Gallego y Julio A. Delgado Reyes. Por su parte, Edilio González logró llegar al mar y atravesar la bahía, salvando la vida.

Al cesar la resistencia revolucionaria, los verdugos de la tiranía cometieron uno de los crímenes más atroces que recuerda la historia de Guantánamo: asesinaron a mansalva a los siete trabajadores que laboraban en la salina, quienes nada habían tenido que ver con la acción.

Hoy, en la provincia de Guantánamo, un municipio lleva el nombre del Teniente Manuel Simón Tames Guerra. Convertidos en hermosa realidad los ideales por los cuales él y sus compañeros no escatimaron su sangre generosa y ofrendaron sus vidas, el pueblo le rinde merecido homenaje de eterno agradecimiento y reconoce en ellos su condición de forjadores de la Revolución.

1 Testimonio de Alfredo Tames M., tío de Manuel Tames.

 
 
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