Por: Magda Rosales Rodríguez
''Que viva la paz, pero con los fusiles, cañones y tanques bien engrasados que tenemos nosotros", sentencia el General de Ejército Raúl Castro Ruz en la despedida de duelo de Ramón López Peña, el primer mártir de la Brigada de la Frontera Orden Antonio Maceo asesinado por balas disparadas el 19 de julio de 1964 desde la ilegal base naval yanqui en Guantánamo.
Desde las primeras horas de ese fatídico día, la posta norteamericana ubicada en las coordenadas 43-67, rastrilla sus fusiles y apunta a los combatientes cubanos. Es una más de las usuales provocaciones que desembocan en abierta agresión, causan la muerte a un soldado, heridas a otro -Héctor Pupo Sucarno- y devienen franca violación de las normas elementales del derecho internacional.
La pretensión es bien clara. Tratan de buscar una vez más, sin lograrlo, un pretexto que les permita invadir a Cuba, pero los valerosos soldados se mantienen imperturbables en la línea del frente que custodian.
Nacido el 15 de diciembre de 1946 en Puerto Padre, actual provincia de Las Tunas, Ramón López Peña desde temprana edad realiza labores agrícolas, por lo que la educación primaria sólo la cursa hasta el cuarto grado.
Apenas cumplidos los 15 ingresa en las Milicias Nacionales Revolucionarias, lo que junto a su abnegada actitud en la División 50 y su participación en la lucha contra bandidos le hace ocupar filas como destacado en la entonces Brigada de la Frontera. Ya en el frente López Peña mantiene una firme y decidida participación en la preparación combativa y política, la técnica de armamento, la superación cultural y protagoniza tres zafras del pueblo.
"Papá, esto es de Patria o Muerte", le reafirma el joven a su padre, Andrés, cuando éste le pide que se cuide.
Arrojo y valor muestra en el funeral Eunomia, la madre, quien escribe en la agenda de una periodista de la agencia Prensa Latina: " Yo como madre cubana que he perdido un hijo asesinado por los yanquis, pido a las demás madres que sigan la lucha, que no desmayen, que ante un dolor como ese, el enemigo no vea muestra de lágrimas, sino que ocupemos el lugar de nuestro hijo caído y si es necesario dar la vida por defender la Revolución, la daremos".
Al sepelio asiste vestida de miliciana para rendir honor al hijo. En el sepelio el Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba, entrega al padre de López Peña el carné del joven como militante de la UJC,símbolo de la valerosa fuerza que en la frontera defendió y defiende nuestra soberanía.
El gobierno norteamericano pretendió encubrir el crimen, tergiversándolo, pero las autoridades cubanas le salen al paso con un irrefutable y detallado parte de los hechos.
No sería ni mucho menos, la última vida segada por los traicioneros disparos efectuados desde la ilegal Base Naval. Menos de dos años después, 21 de mayo de 1966, se reeditaba otro horrendo crimen: el del soldado Luis Ramírez López, devenido otro símbolo de la Patria.
El ejemplo de estos jóvenes se multiplica en las muchachas y muchachos que continúan su preparación para la defensa de la Patria en la Brigada de la Frontera Orden Antonio Maceo, orgullo de los guantanameros. |