Visiones de juventud

El poder de convocatoria de la UJC a movilizaciones para la recuperación y la producción de alimentos se probó después del paso de los huracanes por el territorio.
Por Arlin ALBERTY LOFORTE y Lilibeth ALFONSO MARTÍNEZ
arlinloforte@gmail.com lilithalfonso@gmail.com
Fotos: Leonel ESCALONA y Lorenzo CRESPO
8 de febrero de 2010, 10:20 am
Guantánamo (Redacción Digital Venceremos) -Una profe de la Universidad, hace algún tiempo, nos leyó un texto que resumía la sentencia repetida y escuchada de que la juventud está perdida.
El porqué de tal lectura en labios de quien, en su calidad de maestra y soñadora, no comparte la idea llegó después: el autor había nacido, crecido, sido joven, adulto y cadáver un siglo antes de nuestra generación.
A fin de cuentas, si la juventud en efecto hubiera perdido el rumbo, no seríamos quienes somos, nuestros padres no serían nuestros padres, nuestros abuelos y sus contemporáneos no hubieran hecho la Revolución cada uno a su modo, ni su entereza cuando la Crisis de Octubre habría pasado a la historia, ni la solidaridad y sus milagros, el hoy de Cuba…
Claro, tampoco puede el compromiso asumirse porque sí, en medio de tiempos que cambian e imponen retos, relaciones, distracciones. Venceremos, para cerciorarse, salió a la calle y preguntó, impulsado por los aires del IX Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).
…pero están
El primer argumento es que la mayoría de los jóvenes cubanos y guantanameros se incorporan efectivamente al estudio y al trabajo en los diferentes sectores de la sociedad.
La cifra de vinculados a la enseñanza preuniversitaria o técnico-profesional habla de su preparación para la vida, así como la creciente incorporación a carreras universitarias por medio de la Universalización de la Enseñanza y otras modalidades.
Algunos sectores como Educación, Salud y Comercio tienen en los jóvenes una importante fuerza laboral, incluyendo los muchos que hoy brindan su ayuda solidaria en otros países del mundo.
Con muy poca representación, a pesar de figurar entre las prioridades de la nación, enunciadas en los sucesivos discursos del presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro Ruz, sólo el siete por ciento de los sumados al sector campesino son menores de 30 años.
Tampoco son suficientes los integrados al Ministerio de la Agricultura y la Construcción.
Las organizaciones sociales y de masas, a pesar de incorporarlos a sus filas, no siempre los tienen entre los que asumen cargos de dirección, aunque hay algunos buenos ejemplos en los CDR y la FMC de la propia ciudad de Guantánamo.
En nuestro patio, luego de los ciclones que afectaron parte de la provincia, las movilizaciones a favor de la recuperación y la producción de alimentos demostraron potencial y entrega, así como en sucesivas campañas.
Lo cierto es que se incorporan y trabajan aunque, en sus propios labios, afloren insatisfacciones…
Desde sus voces
A Lorian Milhet Fuentes, docente de la Facultad de Profesores Generales Integrales (PGI) de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Raúl Gómez García, le preocupa que muchos jóvenes no vean en el trabajo o el estudio el sustento de la vida ni les interese la preparación y riqueza espiritual que aporta el conocimiento.
Para este joven, es que “muchos estudiantes universitarios no ven futuro en sus carreras. Al final, cuando se gradúan y llega el momento de elegir, prefieren ganarse la vida de otra forma”.
En su medio, advierte “irresponsabilidad” hacia las obligaciones con la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), la UJC y como estudiantes, y “falta de superación” en los alumnos que tienen en sus manos el futuro de la educación.
La irreverencia, propia de esas edades, se acentúa ante los ojos del profesor: “Muchos hacen oídos sordos ante el criterio de la comunidad y la familia, y eso denota un creciente deterioro de los valores, de la vergüenza, creo, debido a la pérdida de la exigencia y la crítica de sus compañeros de aula y de trabajo, y la familia”.
No obstante, reconoce en el ímpetu de la juventud una fuerza de cambio que, bien dirigida, ha dado buenos frutos. “Sin ser conservador, y a pesar de la crítica, no creo que la juventud esté perdida. Hay logros recientes de la Revolución que no serían posibles sin su impulso. Tenemos mucha creatividad y soñamos: es un buen comienzo”.

“Una de los programas de más alcance de los últimos tiempos es el de los Trabajadores Sociales, conformado fundamentalmente por jóvenes”, afirma Lida.
Por su parte, Lida Pico Pérez, jefa de Prevención, Disciplina Social y Delito, del Programa de los Trabajadores Sociales, tiene argumentos de juez y parte.
“Cuando preguntas sobre las revoluciones más importantes de los últimos tiempos, nadie puede obviar la creación de los trabajadores sociales, pues dio oportunidades a todos y contribuye con otras iniciativas para bien de la economía, la salud, la educación…”, opina.
Su intervención en el uso racional de los combustibles, primero en las bombas de gasolina y luego, en las bases de camiones, ómnibus interprovinciales, durante la zafra azucarera, probó la confianza que en ellos pusiera en principio el Comandante en Jefe Fidel Castro, padre del programa.
La Revolución Energética, dentro o allende nuestras fronteras, los puso en primera fila. Su aporte, ya valioso en los barrios de la ínsula, se encumbró en sus caminos por Venezuela, Bolivia…, en misiones análogas a las realizadas en suelo patrio, pero lejos de la familia, en entornos desconocidos.
“Trabajamos en la transformación comunitaria, en el rescate de valores y tradiciones locales, en el apoyo al sistema de Salud ante la actual coyuntura epidemiológica. Estamos en 20 comunidades consideradas de riesgo como Primero de Mayo y Luis Mariano Raposo, en la cabecera provincial”, dice.
Del programa que atiende, precisa que la mayoría de los jóvenes no son comisores de delitos, auqnue sí incurren en ellos y, más frecuentemente, en indisciplihnas sociales.
Entre los 2 mil 320 desvinculados del trabajo o el estudio que atienden en la provincia, destaca que alrededor de mil tienen entre 15 y 30 años, a quienes tratan de reinsertar a la vida útil.
La inexperiencia, no obstante, juega sus pasadas: “Es cierto que no todos están preparados para la labor social. Para ello, integramos a un grupo de sociólogos, psicólogos y comunicadores sociales en la asesoría de los graduados. No pueden permitirse errores a estas alturas”.
Las visiones de Antonia Francisco Local, estomatóloga de 30 años, tienen el cristal de su trabajo como profesora e internacionalista, cruzada de buena fe que actualmente involucra a muchos jóvenes cubanos.
Ve, así, las gradaciones del compromiso que se mide mejor, nadie lo duda, en los momentos más difíciles. “Nuestros jóvenes tienen mucha competencia profesional, pero no siempre el mismo compromiso. Hay apatía, por ejemplo, para asumir cargos administrativos o políticos”.
En sus estudiantes, aprecia “falta de estudio, motivación y disciplina en la forma de dirigirse a sus mayores, profesores o no. Es hora de reconquistar a la juventud, trabajar con ese universo con más énfasis. Es de ellos cambiar, revolucionar, triunfar”.
Sin embargo, no todo puede endilgarse a la educación. Hay un contexto social diferente para cada una de las edades comprendidas en los años preciosos de la juventud de hoy. La década del 80, con sus entusiasmos y abundancias, dista de los 90, grandes en resistencia, pero definitivamente difíciles.
Los retos, en los años más cercanos, estaban en seguir fieles a los principios, a pesar de otras propuestas superiores en provecho material, pero denigrantes moral y humanamente.
Tania Tirado Fernández, de reciente incorporación al sector del Comercio, con una plantilla integrada en un 30 por ciento por jóvenes, asegura estar comprometida con los retos de la Cuba actual y preparada para defender el buen servicio que requieren los clientes en el Pikinchikin, donde trabaja.
“Lo que está mal, está mal”, dice, aunque reconoce que si tuviera más tiempo en la unidad no sería fácil enfrentar a sus compañeros. “Hay que tener claro con quién o con qué es nuestro compromiso. A fin de cuentas, de nuestro trabajo dependen muchas cosas.
“Tenemos la obligación de dar un buen servicio, ser amables, pero también serios en el gramaje, en los precios de los productos… El problema es que no todos piensan y actúan en consecuencia con sus responsabilidades, y cometen delitos o permiten que ocurran”.
Y continúa: “La muestra es que todavía se habla de mal servicio en algunos establecimientos, de engaños al consumidor. Ahí tenemos que actuar los militantes de la Juventud, esa es la mejor forma de ser ejemplo. No es posible ver estos procederes sin hacerles frente”.

“Falta protagonismo en los líderes, capacidad de convocatoria, ejemplaridad. Ya no hay espacios para las consignas, hay que predicar con hechos”, dice Liaena.
Las responsabilidades ante las suertes de la sociedad cubana actual, también tienen manos jóvenes que la sustentan. Liaena Hernández Martínez, la diputada más joven del Parlamento Cubano, desde sus 20 años, da fe y hechos de su participación.
Su posición, en el vórtice donde se definen los cauces venideros de la Isla, le da argumentos para referirse, en una mezcla de reconocimiento e insatisfacciones, a su generación.
“Hoy, fundamentalmente en nuestras universidades, están los jóvenes a los que les corresponde ser los futuros ministros, dirigentes… Siento que no comprenden ese compromiso del todo, como si no les tocara. Es importante tener claridad política e ideológica, para evitar ser vulnerables ante mensajes distorsionados”.
La responsabilidad, opina, corresponde en parte al paternalismo hacia las nuevas generaciones. “Fuimos criados en una conciencia del derecho a muchas oportunidades, pero de poca exigencia y deberes”.
A su entender, “no se profundiza lo suficiente en el conocimiento de la Historia y no se cumple, ante las pretensiones de masividad, el carácter selectivo de la Universidad.
“La UJC debe ser la vanguardia, donde estén los más comprometidos, aunque no siempre sucede, considero, por el ingreso superficial a las filas, la falta de selectividad, el crecimiento masivo. Se ha perdido la voluntariedad dentro de ellas. Muchos acceden a la organización por tener beneficios, no condiciones”, agrega.
Atribuye lo anterior a la falta de liderazgo de muchos dirigentes, a su poca capacidad de convocar. Las consignas, replica, “ya no funcionan. Hay que predicar con hechos”.
Todos coinciden en que el IX Congreso no puede ser formal, sino un momento clave en el que se discutirán los problemas de la organización. La juventud, y no sólo los militantes, estarán en el centro de las miradas. Escrutarse con valentía, reconocer sin conformismos y cambiar sin reservas lo necesario, serán motores y garantías de futuro. Las herramientas están en nuestras manos. |