Vivir en pareja, ¿fácil o difícil?
Por Aloyma Ravelo (Prensa Latina *)
16 de febrero de 2011, 11:40 am
Guantánamo (Redacción Digital Venceremos) - A pesar de las nuevas tendencias de las relaciones "abiertas" o los encuentros ocasionales, estudios recientes demuestran que en este tercer milenio se sigue la apuesta por la vida en pareja en la juventud, la adultez y la ancianidad.
La mayoría de las personas desea compartir su presente con alguien, que esa convivencia sea lo suficientemente buena como para seguir también en el futuro, y si es posible, llegar a la vejez.
La pregunta que se las trae es: ¿Y por qué cuesta tanto entenderse, armonizar, llevar a buen puerto la nave matrimonial? Intentemos descifrar algo de este dilema.
Demasiados matrimonios pierden brillantez, entusiasmo y fogosidad sexual cuando, entre las sábanas, no hay forma de llegar a acuerdos, hablar francamente, compartir gustos o disfrutar de un erotismo el cual crece lozano y se revitaliza con fantasías, y sobre todo, con el interés mutuo de que así sea.
Se transite por la edad que sea, todo eso es posible y más, si tenemos en cuenta cómo la sexualidad nunca se agota y hasta el final de nuestros días puede significar un manantial de dichas y goces.
Para esto hace falta que cada quien tenga claro lo que le gusta o no, y no valen las intromisiones ajenas; nadie debe decidir de cuál manera debemos disfrutarla más o bajo qué requisitos. Es solo una potestad nuestra y merece todo el respeto de la pareja.
Eso que se llama hábito
Con demasiada frecuencia, mujeres y hombres actúan movidos por el hábito, las costumbres culturales, sociales y la educación sexual recibida, que en muchos casos suele ser nula, deficiente o permeada de mitos.
No fueron educados para hablar de sexo, y por tanto, en la juventud y la adultez no tienen palabras para referirse a estos temas.
Hablar, encontrar un lenguaje para expresar lo que no ha sido dicho, los sentimientos que están dentro, es una vía fundamental a fin de dar a conocer las percepciones personales sobre el sexo, y así poder llevar una conversación con la pareja sobre necesidades o insatisfacciones.
Esta toma de conciencia, el saber lo que se quiere hacer o se espera de la vida sexual, transforma de manera positiva a las personas, al mejorar su autoestima y aumentar el sentido de control sobre las propias capacidades en tal dirección. Y derechos y deberes, los cuales en esta esfera también existen.
Modelo de relación
La correspondencia que recibo, tanto de Cuba como del extranjero, me hace pensar que no obstante las liberaciones con las que aparentemente vivimos con relación al sexo y la sexualidad, las parejas no se acostumbran a tratar estos temas del acople y la imbricación erótica de manera natural, aunque sea para ellos algo importante.
Muchas personas, jóvenes y adultas, ante los fracasos amorosos intentan vivir solas y aliviar los apremios sexuales con encuentros esporádicos, sin embargo, esta decisión no tiende a funcionar porque, a pesar de los pesares, la gente prefiere y necesita la pareja como modelo de relación.
Ya se sabe que el amor por sí solo no resuelve los problemas conyugales; en ocasiones olvidamos que cada cual trae al matrimonio toda una historia de crianza y educación.
Pueden tener mucho tiempo juntos, pero cada uno viene con sus costumbres, sus hábitos y su forma de ser, que los hacen individuos aparte dentro de la relación.
Es importante reconocer que tenemos nuestra forma de hacer las cosas y nos vamos a enfrentar a esos rasgos del otro, los cuales a veces no coinciden con los nuestros.
Entonces aparece esa tentación de desear cambiar a la pareja; podrán parecer pequeñeces pero son asuntos que deben ponerse sobre el tapete y resolverse de inmediato, pues son la base para tener una buena intimidad.
Resulta normal el desacuerdo con los malos hábitos del otro, pero tampoco se puede pretender que la otra persona cambie del todo y se descoloque; no es sano obligar a cambiar de la noche a la mañana algo que ha hecho siempre.
Lo ideal es conversar y encontrar soluciones que les permitan a los dos crecer como pareja y sentirse satisfechos. ¿Conversar? Parece simple, muy simple, pero es lo más complicado y, precisamente, por ahí debe empezarse.
(*) La autora es periodista, master en salud sexual y reproductiva y colaboradora de Prensa Latina.
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