Quillay, el árbol espumoso

17 de noviembre de 2009, 02:05 pm
Guantánamo (Redacción Digital Venceremos)
- "Unos días después, Pedro partió con algunos de su hombres a recorrer la región… Aproveché su ausencia para darme un baño y lavarme el pelo con quillay, una corteza de árbol chileno que mata los piojos y mantiene el pelo sedoso y sin canas hasta la tumba".
Con estas palabras la escritora chilena Isabel Allende, habla del quillay en "Inés del alma mía", el libro donde la conquista de un territorio tan austral como es el suyo, deviene historia de amor entre la audaz costurera Inés Suárez y Pedro de Valdivia, el que fuera a fuerza de sueños y espada, el primer gobernador de un reino que nunca fue totalmente suyo, porque los mapuches lo impidieron.
"Inés del alma mía" puede ser un libro del que se hable bien o mal, aunque también queda abierta la posibilidad de que sea una historia de la historia, la que a veces queremos oír por esa necesidad tan humana de ver las cosas de otro modo.
Pero, históricas leyendas aparte, el héroe de las siguientes líneas es ese árbol chileno que dicen no deja salir las canas y que se conoce por el nombre científico de quillaja saponaia.
Se le considera endémico del país y pide poco para vivir. Le bastan los suelos secos y pobres e incluso a dos mil metros de altura, logra alzarse con sus pequeñas flores blancas y alcanzar entre 15 a 20 metros de altura.
Hoy el árbol del quillay puede encontrarse adornando parques y avenidas en muchos sitios, desde California en Estados Unidos, pasando por la India y llegando aunque no es común verlo, a España, porque entre otras virtudes, es una excelente ayuda para reforestar los suelos áridos.
Rica su corteza en una sustancia llamada saponina, los indios mapuches la usaban como detergente, lo mismo para lavar la ropa, que para el baño diario que realizaban como un ritual de higiene en las frías aguas de los ríos.
Hoy, debidamente procesado, es un componente importante en la fabricación de insecticidas contra polillas, aditivo de películas fotográficas, usado como espumante para ciertas bebidas y en la fabricación de limpiadores del cutis.
Pero como casi todo, el "pero" del árbol del quillay y su famosa corteza espumosa, es que no se debe ingerir: los mismos sapónidos que lavan, evitan las canas y suavizan el cabello, irritan las mucosas, provocan gastritis, diarreas, bradicardia, irritación de las vías urinarias, pudiendo llegar a producir fallo respiratorio y coma.
Menos para comer, sirve el quillay para muchas cosas, incluso, (gracias, Isabel) para aparecer en la historia.
Fuente: Agencia de Información Nacional (AIN) |