La maestra leía en voz alta y con orgullo el nombre de la escuela primaria. Los niños, sin embargo, no sabían a ciencia cierta el porqué de tanto respeto. No fue sino hasta algún tiempo después que comprendieron quién era Marcos Viera.
Corrían los primeros años de la Revolución y en tributo a los caídos en el Goicuría, varios planteles llevaban el nombre de los jóvenes que despreciando los riesgos decidieron tomar por asalto la fortaleza militar, el 29 de abril de 1956.
Con el transcurso del tiempo importó cada vez más para aquellos muchachos conocer mejor la identidad del mártir mencionado, nacido en el poblado de Güira de Macurijes y con espacio reservado en un rincón de su centro escolar.
Al amparo del factor sorpresa
Fue Marcos Viera uno de los más de 50 jóvenes que desde un intrincado lugar conocido como Tres Ceibas, en las inmediaciones de la ciudad de Matanzas, partieron con la intención de ocupar por la fuerza el Goicuría. Los animaba el deseo de derrocar al régimen de Fulgencio Batista.
Para algunos fue su último viaje. Entre ellos, figura el nombre del matancero Reynold Garcia, líder del grupo, un hombre resuelto que procedía de las filas del Partido Auténtico.
La idea parecía demasiado temeraria, pero aquellos jóvenes de diferentes organizaciones políticas, nucleados y bajo la conducción de Reynold, llevaban tiempo estudiando cuidadosamente la acción y confiaban en que iban al amparo del factor sorpresa, aunque fue precisamente eso último lo que falló, la supuesta garantía del abordaje.
Estaban decididos a hacer algo que conmoviera a la opinión pública y sirviera de motor para la insurrección popular. Un buen propósito frustrado.
El Cuartel estaba dirigido por Pilar García, connotado asesino apodado La hiena y que recibía órdenes directas de Batista. Allí fue designado como Jefe del Regimiento No. 4 de la Guardia Rural.
Relatan los historiadores que los atacantes salieron en varios camiones pertenecientes al propietario de las Minas Margot, por lo que la caravana pasó inadvertida por las calles de la pequeña urbe. Era mediodía de un domingo.
Desdichadamente, uno solo de los vehículos pudo cruzar por la posta militar y penetrar al perímetro defensivo. Al final, quedó inutilizado por los disparos de los soldados, situación que dejó en total desventaja a los jóvenes revolucionaros.
Imágenes del suceso dejan ver cuerpos acribillados, en particular aquella donde Pilar García muestra su cínica sonrisa junto al cadáver inerte de Reynold García.
En aquel momento eran diez los fallecidos. Después trajeron a un asaltante capturado lejos de allí y a quien mataron delante de todos.
La engañifa del régimen motivó un reportaje de denuncia publicado en la revista Life con el título El onceno cadáver.
El legado
Investigadores locales insisten en que cualesquiera que sean las causas del revés militar, los jóvenes que asaltaron la fortaleza militar Goicuría fueron héroes que estarán por siempre en la memoria de su pueblo.
De su legado vale destacar además que la acción no se produjo al margen de la realidad y los sueños de los cubanos, y que reafirmó la tesis insurreccional como la más adecuada para derribar al régimen de Batista.
Otro indiscutible mérito es el de haber contribuido a destruir la componenda que perseguía el llamado Diálogo Cívico organizado por la Sociedad Amigos de la República, cuya intención era buscarle una salida electoralista de acuerdo con la tiranía, desviando la atención del pueblo de la lucha revolucionaria.
Esa fue quizás su mayor connotación política, según el criterio del historiador Arnaldo Jiménez de la Cal, ya desaparecido físicamente.
Sin dudas, el 29 de abril de 1956 es una de las fechas más importantes en la historia revolucionaria de este territorio. A pesar del triste desenlace, el episodio produjo una gran conmoción a escala nacional.
Más allá de su fracaso militar, de la derrota táctica, se inscribe entre las acciones que hicieron colapsar a la dictadura tres años después, episodio donde, de algún modo, se ayudó a fraguar el espíritu revolucionario de quienes lucharían en la Sierra y en Playa Girón.
El 29 de abril de 1960 Cuba convirtió el Cuartel en la escuela Mártires del Goicuría para rendir tributo a aquel puñado de jóvenes que, como Marcos Viera, buscaba la libertad y la justicia social.
Ningún homenaje mayor que esa fortaleza convertida en escuela, diría Fidel.
Tomado de Granma