Con el recuerdo de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, primer libro publicado después del triunfo de la Revolución, se celebró en Guantánamo el Día del Libro Cubano.
En un ambiente donde la poesía y la lectura compartida marcaron la jornada en la Biblioteca Regino Eladio Boti, se recordó la fecha en que se fundó la Imprenta Nacional de Cuba, el 31 de marzo de 1959 mediante la Ley 187, a solo tres meses del triunfo revolucionario.

La poetisa Mireya Piñeiro Ortigosa, recordó que aquel primer título salió con una tirada masiva de cien mil ejemplares, distribuidos en cuatro tomos.
La edición conmemorativa incluyó ilustraciones de Pablo Picasso y Gustavo Doré, y tuvo un precio simbólico de 25 centavos, sobre lo cual Piñeiro Ortigosa subrayó que Fidel Castro impulsó personalmente esa publicación como inicio de una política orientada a masificar el acceso a los libros.
Al referirse a la obra cumbre de Cervantes, publicada originalmente en 1605 y 1615, la intelectual calificó a Cuba como una nación quijotesca, "no vemos molinos de viento —expresó—, tenemos verdaderos gigantes monstruosos que nos cercan cada vez más, pero con ese mismo espíritu luchador de Don Hidalgo, seguimos adelante, sin detenernos", expresó, en alusión a las dificultades actuales del país.

Aquel primer volumen sentó las bases editoriales que luego permitieron publicar, también en ediciones populares, Ana Karenina de León Tolstoi, Moby Dick de Herman Melville —ambas en tres tomos—, así como también las cartillas utilizadas en la Campaña de Alfabetización de 1961, señaló.
El acto también rindió homenaje a la escritora guantanamera Sobidelia Iglesias, fallecida recientemente, reconocida por su obra poética y su labor como docente, además, durante la jornada se leyeron versos de Carilda Oliver Labra, Dulce María Loynaz y poetas locales.
La música acompañó la velada con la interpretación de Sarvelio Matos y el quinteto de saxofón, mientras estudiantes, miembros de la Uneac y trabajadores de la Cultura completaban el público asistente.

Yesenia Ramírez, escritora guantanamera, intervino para definir la literatura como “una necesidad del alma”.
Destacó la labor invisible de editores, diseñadores, correctores, bibliotecarios, impresores y libreros, a quienes llamó “guardianes silenciosos de la cultura" y exhortó a que se sigan la escritura y la lectura y crean en la capacidad de la palabra para cambiar el mundo.




