El director argentino Adolfo Aristarain (1943-2026) falleció este domingo en la ciudad de Buenos Aires a la edad de 82 años, según informó la Academia de Cine de España.
Autor de una importante filmografía que le valió la Medalla de Oro 2024, otorgada por la Academia Española, al considerarlo uno de los nombres fundamentales en la historia del cine de Iberoamérica, Aristarain alcanzó relevancia por su pasión por el cine y capacidad como guionista y director de contar historias.
Durante distintas ediciones del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano se presentaron filmes dirigidos por Aristarain; la primera vez a propósito de la IV edición, donde se reconoció a Tiempo de revancha (1981) con el Premio Coral, obra con la cual se había inaugurado ese año el certamen.
Otro largometraje suyo, Martin Hache (1997) obtuvo en el festival habanero los Premios a Mejor largometraje, Mejor dirección y Mejor actuación femenina, hecho que consagró la relación del artista con la cita que tiene lugar cada diciembre en la capital cubana.
Fue invitado posteriormente a fungir como presidente del Jurado de Largometrajes de Ficción, y sostuvo siempre con el Festival una relación estrecha de colaboración y respeto.
Conmoción y profundo pesar ha despertado la noticia del deceso de Aristarain en las últimas horas; sobre todo entre los creadores de la comunidad de cineastas de América Latina y España, entre los que destaca el mensaje de Tania Delgado, directora del Festival de Cine de La Habana.
La pérdida de Aristarain constituye otro golpe para la creación cinematográfica en el continente, por ser una voz autentica que llevó al cine las historias y los conflictos de su identidad, destacó Delgado, significando, asimismo, que su muerte se suma a las recientes despedidas de otros grandes del cine argentino.
Quedan sus historias convertidas en películas que durante todos estos años nos acompañaron y lo seguirán haciendo, sostuvo.
Pedro Ortega, programador del festival habanero declaró en exclusiva a la Agencia Cubana de Noticias que el cine de Aristarain mostró otras visiones de la historia de Argentina, de España y del contexto común para ofrecer un mapa humano y sensible de la realidad.
Tuve el privilegio de conocerlo en uno de los viajes de selección a su país, unos minutos de encuentro fueron suficientes para conocer su nuevo proyecto (Roma), su amor por el cine, sus preocupaciones por las problemáticas latinoamericanas y su admiración por el Festival, refirió Ortega.
De igual forma, la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (FNCL) publicó en sus redes sociales un mensaje de condolencias donde señala que otra vez está de luto el cine latinoamericano, calificando al director como una de las figuras cimeras del cine argentino extendido al peninsular, pues allí realizó buena parte de su carrera, y dejó entrañables amigos.
Aristarain, fue uno de esos pocos para quienes no existía distinción entre cine de autor o cine comercial, hecho por encargo. A cada una de las realizaciones en las que se involucró como director, guionista, montador, sonidista, o asistente de producción, le entregó entera pasión y responsabilidad, agrega el texto.
Junto a su partida, concluye la FNCL, perdemos al realizador de algunas de las obras más influyente del cine argentino: Tiempo de revancha, Un lugar en el mundo y Martin Hache, centrada en los conflictos éticos y sociales, marcado por una impronta estética que lo distinguió en la cinematografía regional.
Obras como La parte del león (1978), La playa del amor (1979), La ley de la frontera (1995), Un lugar en el mundo (1992); Goya a la Mejor Película Iberoamericana, Lugares comunes (2002) ;Goya al Mejor Guion Adaptado y Roma (2004), constan también en su extensa filmografía.
La mejor manera de recordar la impronta de este cineasta es repasar su filmografía, encontrar las claves de sus presupuestos estéticos, y volver la mirada a estas historias, sus protagonistas y el legado que dejan sus imágenes.
Tomado de ACN