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babul ceibaHay espacios que terminan pareciéndose a las personas. Envejecen, acumulan historias, sobreviven a las modas y terminan convirtiéndose en parte inseparable de la memoria colectiva. Bajo la Ceiba es uno de ellos.

Cualquier guantanamero que haya transitado el parque Martí durante los últimos veinticinco años probablemente recuerde una mañana de música, danza, teatro o simplemente un grupo de personas reunidas bajo la sombra de algún árbol observando cómo el arte tomaba por asalto el centro de la ciudad.

Lo que hoy parece una tradición nació en uno de los momentos más difíciles de la historia reciente cubana. Corría 1998. El país todavía intentaba recuperarse de las profundas heridas económicas del Período Especial. En medio de carencias materiales y limitaciones de todo tipo, surgió una idea sencilla: acercar el arte a la gente.

Así nació Bajo la Ceiba

El proyecto tomó su nombre del emblemático árbol sembrado por los mambises en el parque Martí y fue concebido por el Ballet Folklórico Babul, bajo la dirección del maestro Ernesto Llewellyn de la Hera, con el propósito de contribuir al enriquecimiento espiritual, la recreación sana y el acceso de la población a las artes escénicas.

Sin embargo, la historia demostraría que aquel espacio estaba destinado a convertirse en mucho más que un escenario para la danza.

"Se creó para presentar el trabajo de Babul, pero con el tiempo se convirtió en un espacio mucho más amplio", explica la investigadora y relacionista pública Magela Zamora Simons.

La propia historia del evento lo confirma

Bajo la Ceiba recorrió diferentes ubicaciones dentro de ese entorno urbano. Pasó por distintos espacios del parque, adaptándose a las dinámicas de la ciudad y a las necesidades de cada momento, hasta encontrar el sitio que actualmente ocupa.

Lo importante nunca fue el lugar exacto sino el encuentro y la ciudad como escenario artístico. Quizás una de las mayores virtudes de Bajo la Ceiba haya sido romper las barreras tradicionales entre el artista y el público. No había que comprar una entrada. No era necesario acudir a una institución cultural específica. El arte simplemente aparecía en el corazón de la ciudad.

Mientras los niños corrían alrededor del parque, los trabajadores hacían una pausa en sus rutinas y los ancianos ocupaban los bancos cercanos, la danza, la música y el teatro encontraban un público que muchas veces no acudía habitualmente a las salas especializadas.

Aquella decisión terminó convirtiendo el espacio en uno de los proyectos comunitarios más sólidos de las artes escénicas guantanameras.

Con el paso de los años comenzaron a confluir allí agrupaciones teatrales, proyectos musicales, artistas circenses, escritores, promotores culturales y creadores de diversas manifestaciones. Lo que nació como una extensión del Ballet Folklórico Babul terminó convirtiéndose en una plataforma cultural abierta para toda la provincia.

"Ahí confluía todo lo que llegaba a Guantánamo", recuerda Magela Zamora. "Artistas invitados, agrupaciones locales, proyectos culturales. Muchos eventos comenzaron a utilizar Bajo la Ceiba como espacio de presentación y promoción".

No es casual que celebraciones tan importantes para la cultura local como la Semana de la Guantanamera encontraran en este escenario uno de sus puntos de encuentro más visibles.

La huella de Babul

Hablar de Bajo la Ceiba es hablar inevitablemente de Babul. Fundada el 22 de abril de 1994 por Ernesto Llewellyn junto a un grupo de jóvenes artistas guantanameros, la compañía nació con el propósito de investigar, preservar y promover las tradiciones músico-danzarias de la región oriental y del Caribe.

A lo largo de más de tres décadas de trabajo, el Ballet Folklórico Babul ha construido un repertorio que bebe de las raíces afrocubanas, franco-haitianas, anglófonas y caribeñas que conforman la identidad cultural guantanamera.

Su trabajo ha trascendido las fronteras nacionales con presentaciones en países como Francia, Italia, Nicaragua y Venezuela. Pero quizás su mayor mérito no esté en los escenarios internacionales. Quizás resida precisamente aquí.

Bajo la Ceiba

Es en ese ejercicio constante de democratizar el acceso a la cultura. En convertir la ciudad en escenario. En lograr que una presentación artística forme parte de la cotidianidad de los guantanameros. Más que un espectáculo

Con los años, Bajo la Ceiba dejó de ser únicamente una programación cultural. Se convirtió en un símbolo.

Por allí han pasado prácticamente todas las compañías danzarias de la provincia. También agrupaciones teatrales, músicos, proyectos comunitarios, artistas aficionados y profesionales.

Incluso delegaciones diplomáticas y visitantes extranjeros han compartido con el público guantanamero bajo la sombra del histórico árbol.

La propia guía oficial de turismo de Guantánamo identifica hoy a Bajo la Ceiba como el espacio más reconocido del Ballet Folklórico Babul y uno de los referentes culturales de la ciudad.

Su permanencia durante más de dos décadas también habla de la relación que logró construir con el público. El formato ha cambiado. La frecuencia de las presentaciones ha variado. Las circunstancias económicas y sociales del país son distintas. Pero el espacio permanece.

Y eso, en tiempos donde muchas iniciativas culturales desaparecen o pierden conexión con sus comunidades, tiene un valor extraordinario.

Bajo la sombra de la memoria

Tal vez el verdadero secreto de Bajo la Ceiba sea que nunca perteneció realmente a una institución artística aunque se programe por el Consejo de las Artes Escénicas. Terminó perteneciendo a la ciudad. Hay quienes recuerdan una función de teatro. Otros una presentación de danza. Algunos evocan conciertos, premiaciones o actividades culturales que encontraron allí un escenario natural. Cada generación parece conservar una imagen distinta.

Sin embargo, todas tienen algo en común: la certeza de que, durante algún momento de sus vidas, estuvieron allí. Mirando hacia el centro del parque. Escuchando música. Observando bailarines. Aplaudiendo. Compartiendo.

En una provincia donde la cultura forma parte esencial de la identidad colectiva, Bajo la Ceiba ha sido un punto de encuentro entre la creación y la comunidad, entre la tradición y la contemporaneidad, entre la ciudad y su memoria.

Quizás por eso, más de un cuarto de siglo después de su fundación, sigue siendo imposible hablar de las artes escénicas en Guantánamo sin mirar hacia la sombra de aquella ceiba que un día acogió un sueño y terminó convirtiéndolo en tradición.