A sus 82 años, Renzo Ulivieri muestra la misma pasión que cuando dirigía en los banquillos de la Serie A, solo que ahora su energía se concentra en compartir saberes.
Por tercera ocasión, el veterano maestro pisó suelo cubano para impartir un curso de superación que, asegura, confirma el despegue del balompié nacional.
Es la tercera vez que estamos aquí impartiendo un curso para entrenadores, y notamos el crecimiento del fútbol cubano», confesó Ulivieri a JIT, con la mirada encendida de quien se sabe partícipe de un proceso mayor.
No vino solo. Lo acompañó un prestigioso equipo de profesores de la escuela italiana, con el objetivo de desplegar una agenda académica de altísimo nivel. Llegamos para enseñar y también aprender, siempre nos llevamos una enseñanza de resiliencia y de amor del pueblo de Cuba, de su gente, de mis colegas.
Durante una semana impartieron cuatro cursos de alto nivel: táctica avanzada; puesta a punto física para jugadores de élite; alistamiento en la base; fútbol caminando, paralímpico y social, y mostraron satisfacción con lo alcanzado, a pesar de comprimir en 40 horas muchísimo trabajo.
El directivo no oculta el orgullo cuando los logros ajenos se sienten propios. Ahí están los dos mundiales de categorías menores en años consecutivos; nos sentimos también parte de eso, afirmó, en alusión a las recientes clasificaciones cubanas a citas universales para jugadores sub-20 y sub-17 años.
Para Ulivieri el secreto del avance estaba latente en la materia prima de la Isla, solo necesitaba un impulso estratégico.
El entrenador cubano tiene mucho potencial, Cuba tiene muy buenos jugadores, con muy buen físico, y estábamos seguros de que si se superaban en cuanto a táctica podían mejorar muchísimo su fútbol. Lo que han hecho en los últimos años es la prueba, argumentó.
Sin embargo, detrás de cada viaje y de cada hora de aula existe una razón más profunda, casi una deuda de gratitud.
Estamos aquí, en primer lugar, acomo agradecimiento a lo que los médicos cubanos hicieron por nosotros en Italia. Admiro mucho a Cuba, que es un ejemplo para el mundo, expresó.
Fiel a su espíritu humanista, lanzó un deseo tan simple como urgente: Deberíamos hacer una bandera y un himno del mundo, y que todos vivamos en paz.
El curso, que durante varios días concentró a más de medio centenar de técnicos de toda la geografía cubana, dejó una huella imposible de medir solo con estadísticas. Ulivieri y sus colegas se van satisfechos, convencidos de que el intercambio volvió a germinar.
En la memoria del maestro italiano todavía retumba un partido muy especial, sobre el cual se atreve a confesar que sus simpatías por Cuba igualan el sentimiento patrio.
En el Mundial Sub-20, cuando se enfrentaban Cuba e Italia, mi corazón estaba dividido. Yo no fui un espía que vino a conocer el fútbol de Cuba, sino a ayudarlos. Entonces, con el empate, sentí que yo también era parte de eso porque ahí había dos de mis alumnos en el banquillo y me gusta pensar que puedo ayudar a los cubanos, rememora con sano orgullo.
Ese cariño lo lleva a hacer una confesión que suena a juramento. Aunque colgó el silbato hace muchos años, guarda un comodín para dos causas muy especiales.
Siento gran cariño por Cuba. Ya no entreno hace muchos años, pero solo volvería a los banquillos si fuera para dirigir una selección cubana de cualquier categoría. Sé que están muy bien dirigidas, esos entrenadores han sido mis alumnos, los conozco, son muy buenos, pero quiero decir que solo volvería a dirigir si me lo pidieran Cuba o Palestina.
Con un abrazo y la promesa de regresar, Ulivieri se marcha dejando claro que el fútbol, cuando se construye desde la solidaridad y el conocimiento compartido, también puede ser un himno por la paz.
Tomado de JIT