Unos 2 100 millones de personas tienen empleos informales.
Casi el 58 % de la fuerza laboral en el mundo opera en la informalidad y unos 284 millones de asalariados viven en la miseria extrema, propensos a dolencias físicas y mentales, reveló la OIT.
Los déficits persistentes están socavando la cohesión social y la resiliencia económica, afirmó el director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Gilbert F. Houngbo, en declaraciones ante las Reuniones de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, en abril de este año.
Para los Estados de renta baja y mediana la situación tiende a empeorar. El incremento de la deuda soberana, el espacio fiscal limitado y la incertidumbre económica, restringen la capacidad de los Gobiernos para apoyar a los trabajadores y fortalecer los mercados laborales, argumentó el funcionario.
Hasta los países ricos tienen bolsones de precariedad y desempleo, pues, a fin de últimas, el capitalismo necesita un ejército de reserva laboral para que el sistema funcione, bajo las reglas de la economía de mercado.
Según prevé la OIT, la tasa de paro mundial se mantendrá en un 4,9 por ciento en 2026, equivalente a 186 millones de sujetos, mientras otros 2 100 millones continuarán en faenas informales, carentes de protección social.
El desempeño en una plaza fija no es sinónimo de bienestar; casi 300 millones de trabajadores siguen en la pobreza extrema, con ingresos inferiores a tres dólares al día, reconoció la institución perteneciente a la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
En el documento Tendencias Sociales y del Empleo 2026, el organismo advirtió, además, que el índice de desempleo juvenil subió hasta un 12,4 % en 2025, con alrededor de 260 millones de muchachos que no estudian, ni trabajan ni reciben formación.
De acuerdo con el diagnóstico, el auge de inteligencia artificial (IA) y la automatización podrían agravar los desafíos, especialmente para los jóvenes con educación superior, en países de ingresos altos, que buscan su primer empleo en ocupaciones de alta cualificación.
A menos que los gobiernos, los empleadores y los trabajadores actúen conjuntamente para aprovechar la tecnología de manera responsable y ampliar las oportunidades de empleo de calidad para las mujeres y los jóvenes […], persistirán los déficits de trabajo decente y se pondrá en peligro la cohesión social, juzgó Houngbo.
Diversas faenas también perjudican la salud humana debido a errores de diseño y gestión. Anualmente, fallecen más de 840 000 individuos por afecciones que guardan relación con las largas jornadas, la inseguridad y el acoso laboral, expuso la OIT en su informe El entorno psicosocial en el trabajo: Avances mundiales y vías de acción.
Estos fenómenos generan pérdidas económicas anuales equivalentes al 1,37 % del producto interno bruto mundial, indicó la fuente, al considerar los efectos de dolencias cardiovasculares, metabólicas y mentales (incluidas la depresión y la ansiedad), así como de trastornos músculo-esqueléticos y alteraciones del sueño.
El progreso de la digitalización, el uso de la IA, el trabajo a distancia y las nuevas formas de empleo, están reconfigurando el entorno laboral. Dichos cambios pueden intensificar las amenazas existentes o crear otras nuevas si no se abordan adecuadamente, apuntó el texto.
En opinión del experto internacional Olivier De Schutter, el modelo actual no es realista ni sostenible, y a menudo es contraproducente, según afirmó el pasado 22 de abril, al presentar una Hoja de Ruta para la Erradicación de la Pobreza más allá del Crecimiento, fruto de las contribuciones de más de 400 especialistas del sistema de la ONU, el ámbito académico, los gobiernos, la sociedad civil y los sindicatos.
Durante décadas, comentó, la narrativa dominante ha sido que el crecimiento económico es la única salida de la pobreza. Sin embargo, la economía global que hemos construido canaliza una inmensa riqueza hacia las manos de una pequeña élite, debilita las instituciones democráticas y atrapa a millones en trabajos mal pagados.
Esa dinámica se basa en el saqueo de los recursos naturales y la mano de obra barata del Sur Global, y ha causado daños irreparables al planeta, agregó el relator especial de la ONU sobre pobreza extrema y derechos humanos.
Acabar con la miseria es uno de los desafíos más urgentes para la humanidad, pero seguirá siendo inalcanzable a menos que estemos dispuestos a repensar los supuestos económicos que han guiado mal las políticas durante generaciones, razonó De Schutter.
Un reparto justo y equitativo de la riqueza no solo es posible, también es imprescindible. Lo que está sucediendo en el universo laboral podría inspirar las luchas globales contra tanto abuso.
Tomado de Granma