f0443166En Gaza, construir una biblioteca durante un genocidio es un acto que se eleva al nivel de liberación, dijo Hamad.

En la oscuridad de una ciudad hecha cenizas, en la cual los destellos de los misiles y el rugir de las bombas se han hecho cotidianos; allí donde se quiebra la promesa de mañana y el futuro no es más que quimera…, entre el fuego y la destrucción, han levantado una biblioteca, que es lo mismo que arropar una esperanza o lanzar entre el silencio de los libros un grito de guerra.

En Gaza han abierto una biblioteca. Y, aunque es siempre ese tipo de centro una alegría, el lugar y la forma en la que llegaron los libros que el sitio arropa hoy son símbolos de un pueblo que se niega a desaparecer.

Su nombre habla de la voluntad. Como el ave, muchos de los textos que llegaron a Fénix fueron rescatados de entre los escombros de instituciones educativas, bibliotecas, y otras instalaciones destruidas por los ataques israelíes a la Franja.

Encontrados, desempolvados y puestos a disposición de los palestinos, pudieran lucir heridas de guerra, pero, ¿qué es una hoja rasgada o una cubierta deteriorada, cuando hay niños que aún no saben leer, porque sus escuelas ya no existen o porque la disputa histórica no les ha dejado siquiera aprender?

En Gaza, construir una biblioteca durante un genocidio es un acto que se eleva al nivel de liberación; quizá sea la liberación misma. Cada libro que cargué sobre mis hombros mientras estaba desplazado, y cada libro que rescaté de entre los escombros, era una patria robada, dijo Omar Hamad, quien fundara la biblioteca junto a algunos amigos.

Otros volúmenes formaban parte del reservorio personal de Hamad, su amigo Ibrahim Massri, y otros impulsores del proyecto. Mientras que voluntarios donaron obras literarias y recursos económicos para fundar Fénix.

En una publicación, en 2025, Hamad había escrito: Busco con ahínco el significado de la esperanza y no lo encuentro, el significado del amor y no lo encuentro. Quizá no lo sepa, pero en ese proyecto está lo que buscaba, pues en medio del caos de la guerra, ¿qué son un montón de libros?  

¿Han sido solo daños colaterales la devastación de más de 13 bibliotecas públicas, archivos históricos, y centros universitarios en Gaza? ¿Es, acaso, casualidad» que el 53 % del patrimonio artístico y arquitectónico del enclave costero haya quedado destruido en estos dos años de ascenso bélico?

La respuesta es sabida. Esos sitios, como la Universidad Islámica, el Centro Palestino para la Política y el Desarrollo, y el Archivo Central este último atesorando documentos de más de 150 años poseían algo que a las bombas y al odio les hacen frente: el conocimiento, la identidad palestina, el patrimonio. Por eso son blancos del genocidio.

Sin embargo, no pueden bombardearse la resiliencia ni los deseos de aprender ni el conocimiento. Les es imposible a los drones sobrevolar la historia vivida y borrarla.

Tomado de Granma

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