Guillermo Pérez Pérez: “Entregamos la Revolución a los jóvenes, y son ellos, las nuevas generaciones las que conducirán esta obra maravillosa que tiene un excepcional nombre: FIDEL“.
Corría 1966 y en las serranías de Yateras cientos de mujeres guantanameras y santiagueras se encontraban en pleno apogeo de una cosecha de tomates. Los altos de La Clarita y La Caridad de los Indios mostraban las riquezas de sus tierras y hasta allí llegó, sorpresivamente, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
La multitud lo acogió con la alegría y entre vítores y aplausos el Comandante habló extensamente con las compañeras, quienes en ocho caballerías habían ya cosechado 45 mil quintales de la solanácea, de acuerdo con un reportaje publicado por Granma el miércoles 12 de octubre de 1966. Durante el encuentro el entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario trazó planes económicos y dejó en marcha nuevos proyectos agrícolas.
Entre aquellas personas, un joven integraba el grupo encargado de proteger al Comandante durante su periplo por aquellas serranías.
No era la primera vez que , y narra: Electo mejor oficial de las cinco provincias orientales resultó escogido para asistir al Noveno Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes de 1965 en Argelia.
“La delegación al cónclave juvenil fue concentrada para su preparación en el hotel Comodoro, en Miramar, La Habana. Allí supimos del golpe de estado en Argelia y la suspensión del Festival, pese a lo cual las actividades en la sede se mantuvieron.
“Una tarde, de forma inesperada, llegó el Comandante en Jefe para reunirse con nosotros y darnos una información del por qué se había suspendido el Festival. En plena conversación nos preguntó si estábamos de acuerdo en participar en la campaña de siembra de un millón de pinos que se realizaba en Mayarí Arriba, en la entonces provincia de Oriente. Todos dimos un sí rotundo que estremeció al Comodoro”, rememora con una sonrisa de satisfacción este capitán jubilado de la Seguridad del Estado.
La historia volvió a acercarlo a la personalidad de Fidel a principios del año 1966, esta vez en el área geográfica de Mangos de Baraguá y Mayarí, cuando el agente tenía la responsabilidad de dirigir en esa zona las misiones de seguridad de Raúl Castro y Vilma Espín, quienes participaban en la creación del municipio santiaguero de Segundo Frente.
Como si reviviera aquella época, Guillermo precisa: “Fidel llegó en una comitiva con médicos que se graduaron en Cuba luego del triunfo de la Revolución; allí se reunió con el pueblo y en la noche se intercambió con oficiales que trabajábamos allí, hablaba con una naturalidad como si fuera uno de nosotros y hacía muchas preguntas, de todo.
“Cuando supo que yo era de Yateras, dijo que quería ir allá, para represar el río Toa y llevar el agua hasta el Valle, San Antonio del Sur, Imías y Guantánamo, y al preguntarme donde podía hacer ese trabajo, le dije que yo creía que el mejor lugar era en El Toro, una zona donde corre el Toa con elevaciones a ambos lados de su cauce.
Retorna al diálogo inicial, vuelve a octubre de 1966 cuando Fidel llega a las zonas cafetaleras donde las mujeres impulsaban el Plan Tomate y recuerda que en la zona el Comandante manejaba el jeep de Arenal a La Caridad de los Indios. “Los caminos eran pésimos… subía la loma de la Pimienta, elevación muy peligrosa y el carro se le apagaba a cada rato por los saltos en el pedregal, y decidió que yo continuara conduciendo, cosa que hice hasta La Caridad.
Estar tantas veces cerca de Fidel para cualquier cubano es un orgullo, afirma el locuaz septuagenario y enfatiza: “participas en la lucha clandestina, contra bandidos, peleas en la primera línea de combate con el Ejército Rebelde o en Angola, pero nada es comparable con cuidar la vida del líder histórico, eso nada lo supera, es confianza, es responsabilidad, que orgullece mucho, mucho”.
Guillermo Pérez se reconoce guajiro holguinero, pero se declara guantanamero de pura cepa, y lo agradece a una yaterana en tanto apunta al otro extremo de la sala donde sonríe su esposa, Mercedes López Perelló, quien testifica haberle robado el corazón hace ya 51 años.
Por sus venas corre sangre de luchadores, enfatiza orgulloso: “mi bisabuelo fue fusilado por los españoles, mi abuelo Nemesio Pérez fue veterano de la Guerra de Independencia, durante la cual peleó bajo los mandos de Calixto García y Antonio Maceo; y a mi otro abuelo lo asesinó el asno con garras, Gerardo Machado, en Holguín, entre Menéndez y Velazco, frente a toda la familia.
“Soy Fidelista hasta la muerte, asegura y concluye:
“Entregamos la Revolución a los jóvenes, y son ellos, las nuevas generaciones las que conducirán esta obra maravillosa que tiene un excepcional nombre: FIDEL“.