En la Jefatura provincial de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), el Teniente Coronel José García Romero observa desde su despacho el pulso de la ciudad que ayuda a proteger. Su voz es pausada, metódica, como la estructura que describe.
No habla de sí mismo, sino de una amalgama, de un engranaje perfecto que se extiende desde su oficina hasta la última estación de policía en los municipios más intrincados de la provincia. Su relato es el de la dirección, el control y la supervisión de héroes de azul presentes en cada esquina: en el patrullero que recorre la carretera, en el agente que vigila el ferrocarril, en quienes ordenan el tránsito bajo el sol.
Es crucial la actividad de la policía en la circulación vial. En la gráfica, recuperación de La Farola, por daños del huracán Melissa.Este año, asegura, el combate no ha cesado. Habla de la cobertura a los camiones que transportan la canasta básica, de una presencia reforzada y permanente en los territorios azotados por el huracán Melissa para proteger a la población y su patrimonio. Pero su mirada se clava en los desafíos. “Hoy más que nunca”, enfatiza, el filo de un arma blanca en la vía pública es una prioridad a enfrentar.
Menciona la tolerancia cero contra las drogas, el combate a quienes atentan contra el patrimonio estatal o personal, y la firme aplicación de la ley ante la desobediencia. Reconoce la resonancia de las redes sociales, donde los hechos violentos parecen multiplicarse.
Con la serenidad de quien maneja datos, desmonta la percepción: estadísticamente, los delitos contra la vida han disminuido. “La población hoy tiene acceso a la ocurrencia”, explica, señalando que lo que antes era un rumor hoy es un titular digital, a veces, incluso, falseado.
¿Y cómo se prepara esta fuerza para delitos que no conocían las generaciones anteriores?
El Teniente Coronel describe una transformación silenciosa pero constante. Cursos especializados para detectar nuevas drogas, preparación en ciberdelincuencia que se coordina con la rama investigativa, y una apuesta clara por el conocimiento.
Jóvenes que se incorporan, y veteranos que estudian carreras universitarias: Derecho, Psicología, Informática. Foros de ciencia y técnica donde se perfecciona el oficio policial. “Hay que estar a tono con la aplicación de la ley”, sentencia, citando decretos y códigos que son su brújula.
La PNR, pueblo uniformado siempre solidario.Al final, su mensaje en este aniversario es para esa fuerza que él coordina. “Somos parte de ese pueblo uniformado”, dice, con orgullo contenido. Habla de centinelas de la vía, de compañeros que se destacaron protegiendo evacuados durante las lluvias intensas, de medallas al servicio distinguido que reconocen abnegación. Su relato es el de una institución que se ve a sí misma como un escudo y un apoyo, inseparable de la comunidad a la que sirve.
Mientras el Teniente Coronel ofrece la visión global, en la vía pública la Mayor Yusmaisi Fuentes Blanco, primer oficial de Tránsito, libra una batalla contra el estruendo. El problema tiene nombre: motociclistas que modifican el tubo de escape para aumentar el ruido, un martilleo que quiebra la tranquilidad de barrios enteros. Su respuesta es técnica y contundente.
No se trata solo de un estruendo molesto; es una deficiencia técnica tipificada en la Ley 109. Al infractor le espera una multa, la retirada de la placa y la circulación, y un viaje obligatorio a la planta de revisión técnica, el “somatón”, donde un sensor medirá el ruido estridente.
La supervisión de lugares de riesgos para evitar imprudencias durante eventos climatológicos es prioridad de las fuerzas del orden público en Guantánamo.
Conoce los puntos críticos: Guantánamo y Baracoa son los municipios con mayor incidencia. Y también la táctica evasiva de algunos: luego de pasar la revisión y obtener el certificado favorable, retiran el silenciador nuevamente. Es un juego del gato y el ratón que exige operativos constantes.
Pero la Mayor Fuentes no se limita al ruido. Su balance anual trae una noticia alentadora: disminución en accidentes, fallecidos y lesionados. Sin embargo, señala con el dedo acusador a los nuevos peligros: la desatención al volante (celular, video, cigarro en mano), la tasa de alcohol cero que muchos aún cuestionan, y un fenómeno creciente: los conductores noveles.
Habla de jóvenes en “grillitos” y motos, sin licencia, sin percepción del riesgo, involucrándose en competencias ilegales en la autopista y hasta en la vía pública en horarios de la madrugada. Las medidas son drásticas: apercibimientos, traslado al depósito (existen varios en la provincia) y, para los multirreincidentes, incluso la denuncia por desobediencia que puede llevar al decomiso del vehículo.
Su relato es el de la aplicación diaria de la ley, una labor de prevención a través de programas de radio y televisión, y una supervisión constante que busca, más que castigar, educar y salvar vidas.
En conjunto, las palabras del Teniente Coronel García y la Mayor Fuentes dibujan el retrato de una PNR guantanamera en movimiento. Una institución que, en su aniversario, mira con orgullo su pasado de servicio, y se reorganiza, se especializa y “se planta” en la primera línea para defender el orden, la seguridad y la paz ciudadana.
Así se presenta la PNR de Guantánamo en su aniversario. Desde la dirección metodológica hasta el control de un cruce específico, desde el enfrentamiento a redes delictivas hasta la persuasión a un joven motorista, la institución muestra sus múltiples capas.
Es, en esencia, la historia de un pueblo uniformado que, en este oriente cubano, se esfuerza por ser a la vez el escudo frente a la amenaza y la mano amiga en el desastre, reafirmando, día a día, su compromiso con la seguridad y la tranquilidad ciudadana. Un centinela que, para seguir siendo efectivo, sabe que debe aprender, evolucionar y, sobre todo, nunca dejar de pertenecer a la gente a la que protege.