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1 1 El 3 de febrero de 1962, John F. Kennedy, presidente de los Estados Unidos entre 1961 y 1963, cuando fue asesinado, firmó la orden ejecutiva 3447 que oficializó el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba. Era apenas el prólogo, con visos de “legalidad a la estadounidense”, de un genocidio en marcha desde el mismo inicio de la Revolución, cuando aún el mando imperial lo detentaba Dwight D. Eisenhower, el primero de 13 verdugos contra la Isla de la Libertad.

Nada nuevo, el Imperio retomaba una práctica “aprendida” durante la mal llamada Guerra hispano-cubana-americana, cuando oportunistas, como siempre, volaron el Maine para “hacer suyo” un conflicto ya virtualmente a favor del Ejercito Libertador por el desgaste de la Metrópolis y la incapacidad del General Valeriano Weyler y Nicolau de rendir a las fuerzas mambisas.

2 1Impotente, Weyler recurrió a la criminal Reconcentración: el 21 de octubre de 1896 firmó un bando (orden) que pretendía cortar el apoyo de la población a los cerca de 50 mil insurrectos que en toda la Isla enfrentaban al dominio español, y cuyas acciones ya abrazaban al occidente del país.

En ocho días ordenó el traslado masivo de la población a zonas de reconcentración en un intento por cortar el apoyo a las fuerzas insurrectas y provocó entre 1896 y 1897 la muerte por hambre y enfermedades de alrededor de 300 mil cubanos, la mayoría niños, mujeres y ancianos. El episodio hoy recuerda los campos de extermino nazis en Europa.

La vil política, bien aprendida entonces por los intervencionistas yanquis, es retomada 64 años después, bajo el mandanto de Dwight D. Eisenhower, cuando el 6 de abril de 1960, Lester D. Mallory, vice secretario de Estado asistente para los Asuntos Interamericanos, en un memorándum secreto del Departamento de Estado, definía la filosofía del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto meses después de forma unilateral contra Cuba:

Suscribía al mejor estilo weyleriano: “La mayoría de los cubanos apoyan a Castro… el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales… hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba… una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

Eso buscan y han buscado siempre, ahora con un bloqueo reforzado por una guerra ideológica mediante la cual intentan imponer, con su poder tecnológico y comunicacional, una matriz de opinión que señala como ineficiente al Gobierno Cubano, y califica al país como “Estado Fallido”, porque falta, falta, falta… lo que no entra por el bloqueo, entre otras cosas petróleo.

Un breve repaso de la materialización del Memorandum Mallory (como se identifica hoy): en junio de 1960 Estados Unidos corta el suministro de petróleo a Cuba y prohíbe refinar el crudo de los países socialistas; 16 de diciembre elimina la compra de azúcar y el 3 de enero del siguiente año rompe las relaciones diplomáticas y consulares.

El 16 de septiembre de 1962 bajo el mandato de Kennedy se prohíbe tocar puertos de USA a embarcaciones que comercien con Cuba; en julio de 1964 los satélites de la OEA, salvo México, por orden de Washington (presidente Lyndon B. Johnson) bloquean el comercio con Cuba.

En tiempos del siguiente mandatario, Nixon, se prohíbe a sus nacionales comerciar en el extranjero con mercancías de origen cubano; mientras su sucesor, Gerald Ford prohibió conceder créditos a Cuba; y James Carter mantuvo el andamiaje de la guerra económica con medidas contra la posible presencia de niquel cubano en productos de la firma francesa Creusot-Loire. Eran los inicios.

Ronald Reagan, tan cruel como Trump, incrementó la hostilidad al implantar disposiciones para el recrudecimiento del bloqueo, las que se extendieron al terreno de la propaganda con el fin fomentar la subversión interna:

En marzo de 1982 incluyó por primera vez a la Isla en la lista de países que apoyan al terrorismo. El 4 de octubre de 1983 firmó la Ley de Transmisiones Radiales a Cuba: surgió Radio Martí.

Reagan aprobó la Ley de Seguridad Alimentaria de 1985, con disposiciones para obstaculizar las exportaciones cubanas de azúcar; ordenó controles estrictos sobre organizaciones promotoras de viajes a Cuba, así como sobre el envío de dinero o bienes a la isla y estableció la prohibición a sus nacionales de utilizar las tarjetas de pagos para sus gastos en Cuba.

George H. W. Bush, “el padre”, reforzó el carácter extraterritorial del bloqueo: el 23 de octubre de 1992 aprobó la Ley Torricelli y hasta prohibió introducir en la nación norteña tabaco y ron procedentes de Cuba, aun cuando éstos fueran para consumo personal.

El memorándum Mallory, encontró en la presidencia de Bill Clinton la internacionalización y codificación del bloqueo, cuando éste, desde el Salón Oval, aplicó la Ley Torricelli y aprobó y ejecutó la Helms Burton, que implicaron un recrudecimiento de las medidas hostiles contra la isla.

3 1George W. Bush, “el hijo…”, además de multas a compañías por negociar con Cuba, limitar los viajes académicos y visitas familiares, aprobó el 10 de junio del 2006 el segundo Informe de la “Comisión para la Asistencia a una Cuba Libre” (Plan Bush) que prohibió ventas de equipos médicos; endurecimiento de las regulaciones para la exportación de artículos humanitarios, y el incremento del control sobre el comercio internacional de níquel y cobalto cubanos, entre otras medidas.

Con Barack Obama se estableció el puente de diálogo más fructífero entre Washington y La Habana, pero continuó la persecución de las transacciones financieras y comerciales en el exterior. Proliferaron multas millonarias por negociaciones con la Isla; prorrogó las prohibiciones del arribo de barcos y yates de recreo a Cuba; renovó por un año las sanciones contra Cuba bajo la Ley de Comercio con el Enemigo y mantuvo a Cuba por trigésima tercera ocasión en la lista de “Estado patrocinadores del terrorismo”, junto a Irán, Sudán y Siria.

Donald Trump el presidente 47 de la Unión y el número 13 en intentar inútilmente doblegar a Cuba merece capítulo especial: En su primer (2017-2021) mandato dictó más de 240 medidas -55 de ellas en tiempos de pandemia- para asfixiar económicamente al país, subvertir el orden interno, crear una situación de ingobernabilidad y derrocar a la Revolución.

Prorrogó por un año más la aplicación de las sanciones económicas a Cuba bajo la Ley de Comercio con el Enemigo de 1917; restringió la relación de ciudadanos estadounidense con 179 empresas cubanas; continuó la imposición de sanciones millonarias y activó totalmente el Título III de la Ley Helms-Burton, en virtud del cual Estados Unidos puede demandar a personas de terceros países que inviertan en propiedades supuestamente pertenecientes a ciudadanos norteamericanos.

Restringió los viajes de norteamericanos a la isla; limitó las remesas familiares; suspendió todos los vuelos chárter privados entre Estados Unidos y Cuba y el 11 de enero del 2021 incluyó a Cuba en la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo.

Joe Biden lo sustituyó en el trono y mantuvo inalterables las medidas adoptadas en medio de la pandemia de la Covid-19. Multó empresas y solo al final el mandato presidencial sacó a Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo, solo por un mes, hasta que Trump se convirtió nuevamente en el principal inquilino de la Casa Blanca.

Epílogo de una relatoría que no ha profundizado en agresiones de todo tipo sufridas por los ciudadanos cubanos, negados a bajar la cabeza e hincarse de rodillas: agresión directa en Bahía de Cochinos; terrorismo de Estado, introducción de enfermedades como el dengue hemorrágico que causó la muerte de 101 niños; fiebre porcina africana que obligó a eliminar esa especie animal; el Thrips palmi para acabar con los sembrados, de papa, pimiento, frijol y pepino en el occidente del país; pérdidas económicas multimillonarias en 67 años…

Valeriano Trump emerge más despiadado en su actual segundo mandato, azuzado todo el tiempo por Marcos Rubio, su Secretario de Estado, foribundo anticubano y envalentonado por los tristes sucesos del 3 de enero en Venezuela, pero Cuba es harina de otro costal y arena de Playa Girón.

Ahora “nos convierte” por obra y gracia de la malignidad imperial en "amenaza inusual y extraordinaria" para su seguridad y política exterior, lo que junto con la imposición de un bloqueo total al suministro de petróleo, constituye un nuevo y grave ataque contra la soberanía de la isla, medida inscripta en la estrategia sostenida durante décadas, articulada mediante sanciones económicas, presión política y criminalización del proyecto político cubano para imponer la voluntad de Estados Unidos sobre Cuba y forzar un cambio de régimen.

Con esta calificación, Estados Unidos se arroga la capacidad de imponer aranceles y sanciones a cualquier país que venda o suministre petróleo a Cuba, de forma directa o indirecta. Esta medida impacta de manera inmediata en la vida cotidiana del pueblo cubano: afecta al transporte, al suministro eléctrico, a la producción de alimentos y a la prestación de servicios básicos. La intensificación de la guerra económica actúa como una herramienta deliberada de presión y asfixia social, orientada a generar desgaste interno y facilitar la intervención política, a tono con el Memorandum Mallory

De manera cínica, la orden afirma que su finalidad es proteger los intereses del pueblo cubano y su derecho a vivir en una sociedad libre y democrática. Sin embargo, las medidas adoptadas profundizan el deterioro de las condiciones de vida y agravan el sufrimiento social y económico. El bienestar de la población se instrumentaliza como un medio de presión política, creando condiciones orientadas a la injerencia y al cambio de régimen.

Las medidas de asfixias no son nuevas para los cubanos, quienes resistieron desde la ocupación en las postrimerías de la centuria de 1800 al flamante Capitan General de la Isla Valeriano Weyler y Nicolau y se levantan inclaudicables hoy, libres e independientes, ante el genocida emperador Donald John Trump y su archireaccionario secretario de Estado Marco Antonio Rubio.

No somos un Estado Fallido, por el contrario, nos levantamos sobre carencias inducidas y seguimos adelante con nuestro socialismo, porque contra todos los hurcanes Cuba y Guantánamo, no se detienen.

El 3 de febrero de 1962, John F. Kennedy, presidente de los Estados Unidos entre 1961 y 1963, cuando fue asesinado, firmó la orden ejecutiva 3447 que oficializó el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba. Era apenas el prólogo, con visos de “legalidad a la estadounidense”, de un genocidio en marcha desde el mismo inicio de la Revolución, cuando aún el mando imperial lo detentaba Dwight D. Eisenhower, el primero de 13 verdugos contra la Isla de la Libertad.