El silencio de la madrugada en los mogotes de La Tagua ya no es el mismo. Ya no es el silencio tenso que dejó el huracán Melissa a su paso por Guantánamo el pasado octubre, cuando el viento silbaba con furia entre las rendijas de las escuelitas rurales. Ahora, el que rompe la calma es otro sonido: el de las risas de Sandra y sus compañeritos que resuenan bajo techo nuevo.
"Mi escuela quedó hermosa", dice con sonrisa de oreja a oreja Sandra Rodríguez Selma, pionera de quinto grado, mientras ajusta su pañoleta roja frente a la fachada reluciente de la escuelita rural Gelasio Calaña, en la comunidad de Los Tubos. "Cuando pasó el ciclón, nos dio mucha tristeza ver la escuela dañada. Pero ahora, parece otra", expresa la pequeña, cuyas palabras se convirtieron en el mejor termómetro de una recuperación que parecía imposible.
Hace apenas cuatro meses, el panorama era desolador. El huracán Melissa, con su azote a finales de octubre, dejó una estela de destrucción por el oriente cubano que en Guantánamo se tradujo en 277 instalaciones del sistema educacional dañadas: 272 escuelas, dos direcciones municipales de educación –Niceto Pérez y San Antonio del Sur- dos campamentos de pioneros y el techo de un taller de carros.
Con cuatro derrumbes totales en la provincia, techos arrancados en los diez municipios, y una geografía que prometía complicar cualquier intento de rescate, "El Salvador, Manuel Tames, Baracoa y Maisí fueron las zonas más golpeadas", expresa Raquel Laviste Villafruela, directora general de Educación.
Pero si el huracán vino con vientos de más de 120 millas por hora, la respuesta vino con la fuerza arrolladora de un pueblo decidido a no dejar a ningún niño sin un aula donde aprender.
Reconstruir
La escuelita Alfredo López, en San Juan ofrece ahora mejores condiciones a los 10 pioneros de primero a quinto grado que allí estudian.La orden fue clara desde el Consejo de Defensa Provincial: recuperar la mayor cantidad de escuelas en el menor tiempo posible. Sin embargo, la orden chocó de frente con una realidad férrea: escasez, crisis energética y el acecho de las políticas impuestas por Washington de asfixia económica a la isla.
"Sin materiales, sin combustible, pero con voluntad de preservar y continuar la educación, conquista de la Revolución", comenta Marila Videaux Winter, metodóloga municipal, mientras señala el camino por donde, a lomo de mula y en cadenas humanas, hicieron llegar las tejas y la madera desde Yateras hasta la remota escuelita Alfredo López Pérez, que el meteoro había reducido a escombros, en la comunidad de San Juan.
Fue allí, en esas intrincadas serranías del Plan Turquino, donde la comunidad se convirtió en el principal ejército de la recuperación. Padres que dejaron sus labores para agarrar escoba y una cubeta de pintura. Maestros que, aunque perdieron el techo de sus propias casas, fueron los primeros en llegar a la escuela a limpiar el lodo.
"Apoyamos a la brigada constructora, que no era de aquí, y entre todos logramos el maravilloso resultado", explica Kamelianne Heredia Chacón, directora de la escuela Gelasio Calaña de la Hera, un centro multigrado que atiende 52 estudiantes con cuatro maestros. "Durante un mes, dimos clases en el círculo social de la localidad. No paramos ni un día", añade con orgullo.
Esa fue la tónica general. Mientras las brigadas de construcción del municipio Yateras sudaban la gota gruesa en Santa Catalina, en otras partes de la provincia la inventiva popular suplía carencias. "Viviendas de maestros, cooperativas, la sombra de un árbol, todo valía para no interrumpir el curso", relata un reporte de Granma, que destaca cómo 23 escuelas reajustaron sus espacios para acoger a alumnos de centros vecinos más dañados.
Un 24 de febrero para estrenar esperanza
El calendario marcaba una fecha simbólica: el 24 de febrero, aniversario 131 del reinicio de las luchas independentistas. Y como un regreso a la dignidad, la provincia escogió ese día para poner el broche de oro a cuatro meses de trabajo titánico.
Yoel Pérez García, quien intercambió con estudiantes y docentes, subrayó que en medio de la compleja situación en enfrenta el país se continuará priorizando a los niños y a la educación.Las máximas autoridades políticas y gubernamentales de Guantánamo, encabezadas por Yoel Pérez García, primer secretario del Partido en la provincia, llegaron hasta la intricada Santa Catalina para reinaugurar las dos escuelas que faltaban: la Gelasio Calaña y la Alfredo López Pérez, esta última destruida en su totalidad.
"Lo significativo de la reapertura de estas instalaciones educativas", expresó Pérez García desde el pequeño poblado, "es que ocurre en momentos complejos de amenazas imperiales y el recrudecimiento del bloqueo a Cuba; y sin embargo, la Revolución sigue apostando por la educación y por nuestros niños". Incluso, vía telefónica, Naima Ariatne Trujillo Barreto, ministra de Educación, se hizo presente para felicitar a los guantanameros por la proeza.
Mochilas al hombro para el reencuentro
La Escuela Primaria Gelasio Calaña de la Hera, abrió sus puertas a los 50 alumnos con una imagen totalmente renovada.Más allá de los discursos y las cifras, la noticia la escriben los niños. Liliannis Mejías González, alumna de sexto grado en la escuela Gelasio Calaña, confiesa que durante el tiempo que duraron las reparaciones, lo que más extrañaba era su centro. "Ahora las aulas están lindas, todo pintado, arreglado y brillante", dice, mientras sus compañeros corretean por el patio renovado.
La recuperación no solo ha sido de madera y tejas. El impacto emocional de un desastre en los más pequeños es profundo. "Ver la escuela destruida fue muy triste para ellos", comenta una madre de la comunidad de San Juan. Por eso, cuando los niños volvieron a cruzar la puerta de la Alfredo López, el olor a madera nueva y el brillo de las paredes pintadas hicieron más que cualquier terapia. "Prometo que voy a cuidarla mucho y a estudiar con más ganas todavía", sentencia Sandrita.
El regreso a las aulas ha sido posible gracias a lo que la directora provincial, Raquel Laviste, define como un "esfuerzo sobrehumano de gestión". Un sistema de chequeo diario, la implicación de los Consejos de Defensa y la movilización popular permitieron que hoy, ningún niño de la provincial esté recibiendo clases en locales alternativos.
Presente y futuro: lecciones aprendidas
La pequeña Sandra promete estudiar con más ganas y cuidar su escuela.Con las escuelas en pie y el curso escolar en marcha, Guantánamo respira aliviada, pero no se duerme en los laureles. La propia directora de Educación advierte que el trabajo no termina aquí. "Todos han vuelto a sus aulas, pero no significa que todas nuestras escuelas estén en condiciones óptimas”. Se habla de un programa hasta el 2030 para mejorar las condiciones de confort y de infraestructura en aquellas escuelas que, aunque reparadas, aún necesitan algunos ajustes, “el obstáculo siempre es la falta de recursos".
Mas, hay una lección imborrable que deja Melissa: la comunidad educativa es el principal baluarte. "Paradójicamente, el huracán nos ha dado la posibilidad de tener instituciones en mejores condiciones que antes", reflexiona la directora general. La solidaridad vecinal, el esfuerzo de los maestros y la voluntad política han demostrado que, aunque el bloqueo intente derribarnos, no puede con los cimientos de la educación cubana.
Mientras el sol de marzo calienta tierra guantanamera, la imagen simbólica queda grabada: ¨Meñiques¨ leyendo a Martí en aulas dignas, bajo un techo que antes fue escombro, y una bandera cubana ondeando en el mástil de una escuela rural remozada.




