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Idalmis Quevedo Palomo es mucho más que su título de doctora. Su vida y trayectoria combinan ciencia, enseñanza, innovación y compromiso social, y lo hace todo con la naturalidad de ver en cada reto una oportunidad para aprender y aportar.

Como científica y profesora ha abierto caminos en su disciplina, desarrollando proyectos innovadores que conectan con experiencias profesionales. Su trabajo no solo forma parte de laboratorios y aulas, sino que también tiene un impacto tangible, demostrando que la ciencia puede ser un puente entre el conocimiento y la vida cotidiana.

Sin embargo, Idalmis no se define solo por sus logros académicos. Es madre, amiga y colega, capaz de combinar sus responsabilidades profesionales con la cercanía y el afecto. Su talento, entrega y humanidad la convierten en un ejemplo de compromiso y en una voz legítima para compartir experiencias y reflexiones sobre lo que significa ser mujer hoy: sostener, crear, enseñar y avanzar sin renunciar a la sensibilidad.

“Me gradué en julio de 1980 en la Facultad de Ciencias Médicas, de la Universidad de Santiago de Cuba”, recuerda Idalmis. “Estaba embarazada en ese entonces, di a luz un 4 de noviembre de ese año y a los tres meses me incorporé al hospital. “De 1983 a 1985 cursé la residencia en Laboratorio Clínico, ya el hospital estaba acreditado docentemente con varias especialidades”.

Desde muy temprano se involucró en la puesta en marcha del laboratorio del centro. Hoy, después de cumplir múltiples cargos a lo largo de su carrera, se desempeña como vicedirectora de medios diagnósticos.

La Medicina no fue un impulso inmediato. “Cuando era niña y adolescente, en mi familia, por numerosa, siempre había varias personas enfermas al mismo tiempo, y me llamó la atención por qué se enfermaban, cómo prevenirlo, cómo cuidarlas. “Me fui acercando al preuniversitario y poco a poco me incliné hacia la Medicina.

Me gusta ser médico -afi rma hoy día- me gusta que los procesos se hagan bien, que no haya dificultades, que se cumplan los protocolos para lograr una mejor atención al paciente”.

Su camino también la llevó a la misión internacionalista: “Estuve en el Frente Polisario durante 1986 y 1987. Al reincorporarme, me dieron el cargo de vicerrectora docente y asumí otros puestos. Trabajé en medios diagnósticos durante 20 años, hasta 2012, cuando partí hacia Angola, de misión internacionalista nuevamente, de 2013 a 2016. A mi regreso, estuve nueve años en la Unidad organizativa de calidad del hospital, y hoy soy vicedirectora de medios diagnósticos”.

La enseñanza y formación de las nuevas generaciones es otra de sus pasiones. “Uno de los principales desafíos que enfrentamos al preparar a los estudiantes es la falta de recursos”, dice. “El bloqueo, la escasez de insumos y la dificultad para acceder a información en mi especialidad hacen que tomar decisiones acertadas y formar bien a los futuros profesionales sea mucho más complejo”.

Recuerda cómo era antes: “En mi tiempo teníamos más recursos y podía mos llevar la teoría directamente a la práctica. Hoy debemos apoyarnos mucho en alternativas creativas para que los estudiantes comprendan los procesos sin perder calidad en su formación”, enfatiza.

Su trabajo como docente se extiende a la práctica clínica, a la atención directa de pacientes y a la preparación de los profesionales para enfrentar situaciones críticas. Un ejemplo de ello es su investigación sobre la ionogasometría, el estudio de los gases en la sangre que permite conocer el estado del medio interno de un paciente, midiendo parámetros como oxígeno, bicarbonato y dióxido de carbono.

“En nuestras salas de Atención a pacientes graves, ese estudio es muy demandado por los especialistas. Tenía la experiencia previa de haber cursado dos maestrías -en Medios Diagnósticos y Urgencias Médicas- y desarrollé una revisión bibliográfica que luego propuse como monografía”, explica. La monografía detalla la ionogasometría en sus tres fases: preanalítica, analítica y postanalítica, para que los estudiantes puedan capacitarse directamente y sin temor. “Es un tema que genera cierta aprensión, pero quisimos sistematizarlo y enseñarlo de forma práctica, para que todos puedan comprenderlo y aplicarlo con seguridad”.

A la par de su labor como educadora, explica que maneja “un proyecto de bioseguridad que busca implementar un sistema de gestión ambiental de la seguridad biológica en el Hospital General”. El proyecto está directamente relacionado con el manejo de residuos biológicos y hospitalarios. Algunos de esos desechos son especiales, como los generados en rayos X, medicina nuclear u oncología, que requieren un tratamiento diferenciado debido a su toxicidad y radiaciones que pueden contaminar el medio ambiente.

“Nuestro principal objetivo es la capacitación de los trabajadores. Muchos violan las normas de bioseguridad por desconocimiento y no se protegen adecuadamente. Por eso, implementamos un conjunto de medidas preventivas destinadas a proteger a los trabajadores, a la comunidad y al entorno frente a agentes potencialmente infecciosos”.

El proyecto incluyó una etapa de capacitación centrada en el uso de barreras de protección, con talleres, conferencias y jornadas científicas. Ahora se encuentra en la fase de documentación y puesta en práctica de medidas según las violaciones que se detecten.

Para facilitar la formación continua, Idalmis cuenta que se desarrolló una página web donde se centraliza todo el contenido básico del curso de bioseguridad, que además está inmerso en el Plan de formación de residentes. “Queremos estimular a los trabajadores, mantener el proyecto actualizado y que todos los que ingresan al hospital tengan acceso a la información y a la capacitación necesaria”, explica.

Su ingenio, y el de sus colegas, ya ha transformado desafíos en logros. Como miembro de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores ha inscrito numerosos trabajos y participado en eventos como Guantánamo Innova y Soluciones Cuba, siempre con el objetivo de mejorar la atención y los procesos hospitalarios.

Entre sus innovaciones más destacadas está la reconstrucción, a partir de piezas existentes, de una lámpara para realizar procedimientos médicos. “Durante más de seis años el servicio de toma de muestras vaginales estuvo cerrado”. En ese periodo se suspendieron estudios importantes para gestantes y pacientes con patologías de cuello uterino.

“La solución fue construir una lámpara a partir de piezas recuperadas en el Departamento de Microbiología”, cuenta. Buscaron una base de monitor en desuso, adaptaron un tubo y colocaron una lámpara de 20 watts a la altura de la mesa ginecológica, logrando la iluminación necesaria para la toma de muestra.

“Esto permitió reabrir el servicio y mejorar la atención a ese grupo de pacientes, porque ya se podían aplicar terapéuticas adecuadas para ese tipo de patologías. Hasta ese momento, muchos tratamientos eran empíricos”, refiere. La lámpara no fue solo una solución técnica. Fue la posibilidad de devolver diagnósticos, certezas y seguimiento clínico a mujeres: una innovación sencilla en apariencia, pero con profundo impacto en la salud materno-infantil y en las consultas de oncoginecología.

Entre otras de sus innovaciones se encuentran la adaptación de capilares de ionogasometría para no detener diagnósticos, la elaboración de un reactivo para la coloración de leucocitos ante la falta de insumos y la recuperación de la caja térmica del Banco de sangre para garantizar la adecuada conservación de muestras críticas.

Todas esas iniciativas reflejan su capacidad para transformar limitaciones en oportunidades, demostrando que la innovación en el hospital no es solo tecnológica, sino también un compromiso con los pacientes y con la formación de los profesionales.

Sobre el papel de las féminas en el ámbito científico habla sin reservas. “Yo creo que las mujeres somos necesarias, que aportamos mucho. Tenemos una manera de organizar, de insistir, de no rendirnos fácilmente. La ciencia necesita constancia, disciplina y sensibilidad, y eso lo tenemos muchas que trabajamos en este sector.

“Hoy, en nuestro país, la mayoría de los científicos que están detrás de la creación de vacunas son mujeres. Eso dice mucho. No es casualidad. Somos mayoría en los laboratorios, en los equipos de investigación, en los proyectos que sostienen resultados importantes para la salud pública. Y eso demuestra que la mujer no solo participa: lidera, investiga, crea”, expone.

“Nunca he sentido que por ser mujer se me dificultara el camino. Al contrario, he visto cómo muchas colegas sacan adelan te su trabajo, su familia y sus estudios al mismo tiempo. La mujer en la ciencia tiene una fortaleza especial. Sabemos organizarnos, sabemos priorizar, y cuando hay que estudiar, se estudia; cuando hay que resolver, se resuelve”.

Por eso, cuando se habla de Idalmis Quevedo Palomo el Día de la Mujer, no se habla solo de género. Se habla de carácter, porque es un ejemplo de la mujer resistente, disciplinada, incansable. Es de las que no se rinden y no se quejan, de las que buscan alternativas donde otros ven límites.

Su historia no cabe en una fecha. Se reconoce el 8 de marzo, sí, pero se sostiene todos los días en cada guardia, en cada clase, en cada proyecto que vuelve posible lo que parecía imposible. Porque mujeres como ella no se celebran una vez al año: se valoran todos los días.

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