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Una cuadrilla de cuatro trabajadores de la Empresa de Calderas Alastor Guantánamo, encabezada por Alberto Cutiño Aguilera, jefe del grupo técnico, laboraba desde la mañana del martes último en la solución de una avería en la obra refractaria aledaña al quemador de la caldera, en la Unidad Empresarial de Base Industria Valle de Caujerí, ahora subordinada a la Empresa de Conservas y Vegetales Guantánamo. 

La inmediatez en la solución del desperfecto podría marcar la diferencia en el resultado final de la cosecha de tomate en el más importante polo productivo de la provincia, enfrascado ahora en el pico de maduración más alto de la campaña.

2Trabajadores de Alastor laboran en la corrección de la avería de la calderaDe la necesidad de agilizar la corrección de la caldera estaban impuestos los operarios de Alastor, tanto que uno de sus integrantes, en el afán de aprovechar cada minuto desde su llegada de Guantánamo, pretendió acceder al punto afectado, pero el calor aún reinante en la caldera lo obligó a postergar el intento hasta tanto aquella se enfriara.

Las labores de reparación exigían resanar la zona averiada y su fraguado por unas 48 horas para evitar el resurgimiento del problema, lo que, de acuerdo con el diagnóstico de Cutiño Aguilera permitiría la posible puesta en marcha de la fábrica para el jueves en la tarde. 

El funcionamiento de la planta ha estado limitado además por la carencia de fuel oil, decisivo en el funcionamiento de la caldera, y sobre todo de electricidad, lo que ha conllevado a los trabajadores a laborar cuando llega la energía, generalmente en la madrugada, asegura Olíder Méndez, director del colectivo. 

Desde el domingo último la industria estaba sin moler, lo que conllevó a que unos 60 palets llenos de la solanácea comenzaran a corromperse, a destilar líquido y a correr el riesgo de perderse en su totalidad.

Pero el daño mayor estaba en los campos, donde decenas de toneladas acopiadas corrían igual suerte y otras cientos, listas para recogerse, aguardaban por la reapertura de la fábrica u otra solución que impidiese su pérdida, con la consiguiente afectación al productor.

Opinan los productores  

3En el patio de la industria el tomate contenido en unos palets exhibe descomposición. Egueny Rodríguez Martínez, presidente de la Cooperativa de Créditos y Servicio Constantino Lores, asegura que la situación es compleja y requiere de medidas inmediatas para evitar que la producción se siga perdiendo y con ello el esfuerzo y el dinero del campesino. 

“Tal vez algunas de ellas sean que parte del tomate contratado con la industria vaya hacia otros destinos: venta directa a la población, al consumo social, a otros municipios… a otras provincias”, reflexiona.

Cuenta Egueny que, como su cooperativa, otras como la CCS Feliberto Rodríguez y la CPA 17 de Mayo, de las más comprometidas con la cosecha de tomate, ya han perdido parte de la cosecha al no recibir la industria todos sus envíos. “Hoy mi cooperativa tiene unas 12 toneladas en palets y cajas echándose a perder y otras cerca de 30 maduras en las fincas listas para cosecharse”.

Rudy Tito Navarro, presidente de la CCS Feliberto Rodríguez, afirma que en los campos existe tomate para cumplir el compromiso de la cooperativa con la industria, pero lamentablemente, ésta, como en años anteriores, ha afrontado dificultades que ponen en riesgo la cosecha, ahora en pleno pico. 

“En estos momentos (-martes último-) mi cooperativa tiene más de 2 mil cajas acopiadas, la mayoría de ellas desde hace unos cinco días, las que corren el riesgo de perderse”, ejemplifica Tito Navarro, quien sugiere que una posible solución parcial del problema estaría en el traslado de tomate para la planta Guaso, en el municipio de Guantánamo, de esta estar en condiciones de moler, desde luego.

“Por la situación de la industria hemos paralizado la cosecha. La razón es sencilla: el tomate, aunque esté maduro, perdura más tiempo sin corromperse en la plantación que una vez recogido y almacenado en caja o palets”, explica el presidente de la Feliberto Rodríguez, quien asegura disponer en su base campesina de transporte y envases por si se autoriza trasladar la hortaliza para otros territorios.

1Tomás muestra la producción acopiada hace una semana, en franco deterioro.Venceremos recorrió varias tomateras de Valle de Caujerí, pero si una deslumbró por su alto rendimiento y la calidad del fruto esa fue la de Tomás Columbié Matos, campesino de la Constantino Lores, todo humildad e impregnado, desde los pies a la cabeza, del amor al trabajo de la tierra.

Residente en el reparto Vaqué, al costado del poblado de Guaibanó, este productor sembró dos hectáreas de su variedad predilecta, la HA 3057, de probado potencial productivo y un fruto grande y de alta calidad.

Cuenta que él mismo obtuvo su semilla y la desarrolló en el complejo de casas de cultivo tapado de Valle de Caujerí, para asegurar su calidad y evitar la mezcla varietal. 

Lamenta, sin embargo, la cantidad de tomate que llevó a la industria hacía unos siete días y al no recibirse tuvo que regresarlo a su casa, donde es visible la merma significativa y la casi inminente pérdida. Como paliativo Tomás extrae las simientes de parte de esa producción “para garantizar -nos dice sin remordimiento- la siembra de la próxima campaña”.

Columbié Matos afirma estar consciente de las dificultades que afronta el país, sobre todo con el combustible y la generación de electricidad. No obstante, estima que ante el limitado funcionamiento de la industria, agravado ahora con su rotura, y el alto pico de maduración del fruto, tal vez debiera convocarse a todos los municipios, varios de ellos con baja presencia de tomate, a que acudan a Valle de Caujerí a adquirir ese producto, de alta demanda en la población.

Hasta el martes pasado en Valle de Caujerí se habían cosechado 750 toneladas de la solanácea, de las cuales 232 se destinaron a la fábrica y el resto a ferias, placitas, mercados agropecuarios y el consumo social, relata Miguel Urgellés Rodríguez, delegado de la Agricultura en el municipio de San Antonio del Sur.

Estima entre 500 y 600 las toneladas que aún restan en los campos, un volumen alto que ojalá pueda salvarse.

San Antonio del Sur y especialmente Valle de Caujerí, trabajaron duro para recuperar su agricultura de los severos daños ocasionados por las intensas lluvias de principio de septiembre y octubre del pasado año, más el azote del huracán Melissa.

Tanto es así que a pesar de los destrozos ocasionados a los cultivos por esos fenómenos climatológicos, lograron cumplir su plan de siembras de la campaña de frío, de 2 mil 712 hectáreas. De hecho se venció en la encomienda mayor. El reto ahora es salvar la cosecha de tomate.