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IMG 20260503 WA0320Es una mujer singular, de porte esbelto y mirada firme, pero lo que más cautiva es su mente abierta al conocimiento.

En confianza, deja escapar -ante la prensa que la interroga- una chispa de locura y osadía que contagia: es su manera de mostrar carisma, de hacer sentir que la educación es un viaje compartido.

Así es la profesora Estrella Padilla Frometa, una docente que ha dedicado más de tres décadas a formar generaciones de estudiantes en Guantánamo y que, fiel a su nombre, "brilla con fuerza, sobre todo, en los momentos difíciles".

Estrella comenzó su camino en 1992, en pleno Período Especial.

“Soñaba con ser médico -dice-, pero las circunstancias me llevaron al pedagógico para estudiar Español y Literatura. Bajo la luz de un candil y con escasa comida fue muy duro aquel tiempo, pero nos enseñó a resistir”, recuerda.

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Esa experiencia la marcó y hoy la transmite a sus alumnos como lección de vida: “Aprobar un examen de ingreso no es solo un requisito académico, es una prueba de carácter”, afirma.

Desde casi finales de los años 90, ella y un colectivo de compañeros se convirtieron en preparadores de estudiantes para las pruebas de ingreso a la universidad. Su récord impresiona: “En 23 años he tenido apenas dos desaprobados”, afirma orgullosa.

“Mis medallas son mis estudiantes; cada triunfo de ellos es una medalla en mi pecho”, asevera. Porque para ella “el verdadero mérito de un educador está en el fruto que obtiene de sus alumnos, muchos de los cuales hoy son médicos, ingenieros y profesionales reconocidos”.

Estrella es una mujer inquieta. En 2010 creó el proyecto “Para llegar a las estrellas”, que vinculaba la lectura con la expresión artística. Los estudiantes debían leer obras como El reino de este mundo y luego representarlas en teatro, pintura o música.

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El proyecto ganó premios nacionales y la convirtió en una promotora de la lectura reconocida en todo el país. “La lectura está prácticamente perdida, pero pienso que un estudiante que quiera llegar a ser profesional necesita un buen vocabulario, y eso solo se logra leyendo”, explica.

De 2014 a 2018 la vida le dio otra misión: ir a Angola a alfabetizar adultos y trabajar en programas de primera infancia.

“Nunca olvidaré a una señora de 76 años que aprendió a escribir y lo primero que puso fue ‘Gracias’. Esa experiencia me marcó para siempre”, relata emocionada. Allí también impulsó el proyecto Todos Unidos por la Primera Infancia, que permitió que niños de familias humildes pudieran matricular sin pagar.

Entre risas evoca anécdotas que confirman el impacto de su labor. Ocurrió en el hospital, durante el nacimiento de su primera hija. Los médicos que la asistieron eran antiguos estudiantes suyos que ahora le devolvían con gratitud lo que ella les había enseñado en el aula.

“Me sujetaron la mano y contribuyeron a que mi parto fuese satisfactorio. Fue un instante que me hizo comprender que la docencia trasciende cualquier aula”, apunta.

Hoy, Estrella sigue en el aula, preparando estudiantes para las pruebas de ingreso y enfrentando los retos de la crisis energética que afecta al país. Además, se prepara para iniciar un doctorado junto a otros colegas del municipio. “En los momentos más difíciles es cuando más brillan las estrellas”, dice, fiel a su nombre.

A inicios de abril asumió una nueva responsabilidad: la dirección del Centro Mixto Américo César Deslís Hernández, un reto que asume con la misma pasión de toda su trayectoria.

“No me considero una mujer de medallas, pero sí de resultados. Mi compromiso es que cada estudiante tenga las herramientas para enfrentar la vida”, asegura.

Más allá de los premios y reconocimientos, la satisfacción está en ver a sus alumnos convertidos en profesionales útiles para la sociedad. La historia de Estrella es la de una mujer que sabe transformar las adversidades en oportunidades y que inspira con su ejemplo a quienes buscan llegar, como ella, a las estrellas.