Taimí Fernández Pérez lleva varios años al frente de la Unión de Periodistas de Cuba, en la provincia de Guantánamo. Desde tal responsabilidad ha acompañado procesos dentro del gremio y ha visto de cerca las transformaciones del oficio, los retos de la profesión y, también, el papel cada vez más visible de las mujeres dentro de los medios de comunicación.
Cuenta que la primera vez que sintió pasión por el Periodismo, cursaba el noveno grado. "Me dio por escribir cuentos, novelitas, historias, y mis compañeros de aula decían que podía ser escritora, pero yo les decía que periodista era mejor, porque un periodista puede ser escritor, pero no viceversa. Sentía que tenía cosas por decir y no precisamente a través de la literatura".
En su trayectoria recuerda momentos en los que tuvo que romper estereotipos. “Cuando inicié, se me dijo en una ocasión que escribir acerca de la agricultura era preferiblemente para varones, pues el trabajo de terreno es en el campo, con las consiguientes rudezas que lo caracterizan e inclemencias del tiempo a veces y otras agravantes. Eso no me detuvo, de agricultura escribí y mucho”, recuerda orgullosa.
Para ella, la práctica ha demostrado que no existen “temas para mujeres” dentro de los medios. “La práctica ha demostrado que la mujer es capaz de escribir sobre cualquier tema: ciencia, agricultura, construcción, medio ambiente, deporte. Somos capaces, si nos lo proponemos, de dar tratamiento a cualquier temática, no importa el género”.
Su visión sobre el papel de la mujer también está marcada por los referentes que tuvo desde niña. “La imagen que tenía de una buena mujer, era la de una madre dedicada, pero también en los roles de esposa y vecina.
"Crecí oyendo hablar de mi abuela paterna, quien es mártir de la Revolución. Leí su biografía y encontré reflejadas las dificultades que atravesó para criar a sus hijos sola, su activismo en acciones fuera de tareas domésticas, su dedicación a quienes tenían menos y, como ella, estaban involucrados en la clandestinidad. Quise, entonces, parecerme a ella", evoca.
Como muchas mujeres que combinan responsabilidades familiares y profesionales, reconoce que el equilibrio no siempre es fácil. “¿Siento culpa por priorizar mi trabajo? Sí, en varias ocasiones. Siempre he prestado especial atención a lo que hago. Por suerte he tenido el apoyo familiar, pero he perdido oportunidades con la familia, momentos importantes de atención a mis padres e hijas y por supuesto que eso crea un sentimiento de culpa cuando sucede algo”.
Es, dice, un conflicto que aparece más de una vez a lo largo del camino. “Piensas, te revisas y te dices: ‘debí estar más presente’, pero al final, aunque me proponga corregirlo, la responsabilidad, el oficio, los colegas y la gente esperan y exige de mí un desempeño justo, y ahí va nuevamente la entrega”.
Para ella, la necesidad del rol femenino en el ámbito periodístico llega con convicción: “Las mujeres somos capaces de asumir responsabilidades y cargos en los medios, de convertirnos en líderes, de transformar todo lo que esté a nuestro alrededor", dice, y predica con el ejemplo.




