Lucila Chiesa, a pesar de su juventud, es una de los integrantes de la Brigada Primero de Mayo, colectivo de activistas que, con mezcla de compromiso social y convicción política, busca mitigar las tensiones que enfrenta Cuba, a raíz del cerco económico perpetuado por Estados Unidos.
De mirada firme y palabra serena, combina la energía de su juventud con una convicción política que se percibe en cada una de sus intervenciones. Su vínculo con Cuba no es circunstancial: nace de años de trabajo voluntario y de una experiencia sostenida de intercambio con comunidades dentro y fuera de la Isla, que han ido marcando su manera de entender la solidaridad como una práctica cotidiana más que como un gesto puntual.
"El primer convoy de ayuda solidaria a Cuba, que llegó en marzo a La Habana surgió como iniciativa de Progressive International, una organización con la misión de unir, organizar y movilizar a las fuerzas progresistas del mundo. Desde ese momento, estábamos pensando en cómo podíamos organizar un convoy que no llegara exclusivamente a la capital, sino que se extendiera al resto del país".
Así, por iniciativa de la Agencia para el Intercambio Económico y Cultural con Cuba (AICEC, por sus siglas en italiano), nace este segundo convoy, que recorrerá en la provincia su extremo más oriental. "El hecho de haber llegado hasta aquí es algo extraordinario, y representa un valor añadido que le otorgamos a esta brigada, a diferencia de otras. Aspiramos a conocer comunidades más alejadas de la ciudad, donde se siente con más resiliencia la fuerza de este pueblo", declara.
Esta muestra de solidaridad para con el pueblo cubano no nace solo del altruismo, sino también del deseo de hacer recíproca la ayuda brindada en el pasado. "Es conocida mundialmente la colaboración médica prestada por la brigada Henry Reeve durante la pandemia, en comunidades de Italia.
"En esa etapa, presté servicio como voluntaria en un hospital para apoyar con la traducción a los médicos cubanos. Desde entonces creo que tenemos esa deuda increíble, no solamente por este apoyo recibido en Italia, sino por el internacionalismo que Cuba demuestra desde hace más de sesenta años en todo el mundo", confiesa.
La llegada del convoy a Guantánamo no solo marca un nuevo punto en su recorrido por el oriente cubano, sino que también coincide con una fecha de profundo simbolismo para Italia: el 25 de abril, día en que se conmemora la derrota del fascismo. Para Lucila Chiesa, esta coincidencia no es casual, sino profundamente significativa. “No podíamos imaginar el mejor lugar para celebrar esta fecha. Es un recordatorio de que sí es posible ganarle a un enemigo que aparentemente es mucho más fuerte”, afirma, estableciendo un puente entre la memoria histórica de su país y el contexto actual que vive Cuba.
En ese sentido, reconoce el momento especialmente complejo para la Isla, marcado por el recrudecimiento de medidas económicas que impactan directamente en la vida cotidiana. Frente a ello, explica, la brigada ha optado por una forma de acercamiento que trasciende la ayuda material. “Hemos decidido vivir este pedazo, aunque sea por poco tiempo, junto al pueblo cubano. Viajar en transportes locales, dormir en lugares humildes… para poder entender un poco esa cotidianidad a través de los propios cubanos”, comenta, dejando ver una intención clara de inmersión y aprendizaje.
Más allá de la logística o la composición del grupo —integrado por alrededor de cincuenta personas de diversas nacionalidades, entre ellas italianos, mexicanos, franceses, estadounidenses y cubanos—, lo que atraviesa su discurso es una noción ética de posicionamiento. “Estar en el lado correcto de la historia es muy importante en estos tiempos difíciles. Hay que mantenerse firmes en los valores que nos animan, porque son los que realmente pueden generar paz”, sostiene.
Su trayectoria personal refuerza esa idea. Con más de una década vinculada al voluntariado y casi cinco años de trabajo directo en iniciativas relacionadas con Cuba, reconoce que cada experiencia en la Isla continúa sorprendiéndola. “Es asombroso cómo en cada lugar al que llegamos recibimos una acogida extraordinaria. Siempre hay agradecimiento por nuestra pequeña muestra de solidaridad, pero creo sinceramente que los agradecidos tenemos que ser nosotros”, confiesa.
Desde esa vivencia cercana, también establece una diferencia entre las representaciones externas y la realidad que ha podido conocer. “Cuba es un ejemplo de resistencia, de cómo es posible seguir luchando con ideales distintos al consumismo y al capitalismo, que han generado tanta guerra y dolor”, expresa, reivindicando el valor simbólico que, a su juicio, tiene el país a nivel internacional.
La memoria, sin embargo, sigue siendo un eje central en su reflexión. “Es la decisión de no permanecer indiferentes ante la injusticia y la opresión. Yo empecé a vivir esta fecha como un recordatorio de seguir luchando”, señala. Desde esa perspectiva, iniciativas como el llamado “tren de la memoria”, que acerca a las nuevas generaciones a los episodios más oscuros de la historia europea, buscan precisamente reforzar esa conciencia.
“Siempre decimos que la memoria histórica no es solo una mirada al pasado, sino un compromiso con el presente y el futuro. Es dar vida, valor y sentido”, concluye. Y en esa misma línea, resume el espíritu que impulsa al convoy: “El ejemplo de Cuba para el mundo sigue estando vivo. Este convoy es la prueba más sincera de que vamos a seguir estando del lado justo de la historia”.




