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Michele CurtoMichele Curto habla de Guantánamo con una cercanía que no parece la de un visitante. Presidente de la Agencia para el Intercambio Cultural Cuba–Italia, la empresa mixta italo-cubana BioCuba Café y coordinador del Festival Chocolate con Café, asegura sentirse en esta tierra como en casa, un espacio que reconoce también como propio.

Su presencia forma parte del convoy solidario que llega a Cuba, una iniciativa que define como una reacción de la sociedad internacional ante el recrudecimiento de las presiones que enfrenta el país.

"Este viaje ha sido muy significativo, porque ha sido una reacción popular, civil; en parte espontánea y en parte organizada. Todos nosotros veíamos lo que se estaba haciendo contra Cuba. El bloqueo estadounidense no es nada nuevo, pero lo que ha pasado recientemente es aún más cruel, más agresivo, y representa una amenaza muy concreta", asegura.

Explica que el proceso de organización ha combinado voluntad individual y organización colectiva. "Empezamos a preguntarnos cómo reaccionar, cómo ayudar entre compañeros de todo el mundo, y de ahí nacen historias muy bellas.

"Por ejemplo, en el convoy que vino a La Habana la vez pasada, había un muchacho de Argelia. Él salió desde su país, sin vivir siquiera en la capital donde se organizaba el grupo. Fue, pidió visa para Italia, llegó, durmió en casa de nuestros compañeros y al día siguiente tomó un avión para Cuba.

"Cuando yo lo ví en Cuba le pregunté: ¿Qué haces aquí? ¿Por qué hiciste todo eso? y me respondió que no podía llegar tarde. ¿Cómo que no podías llegar tarde? ¿A dónde?, le dije yo y me respondió: “Cuando fue la revolución de mi país, los cubanos estuvieron allí, ayudaron. Yo no puedo llegar tarde ahora”.

Para el joven, la solidaridad de Cuba con su nación en otros momentos históricos marcaba ahora un compromiso personal imposible de posponer. En esa anécdota, Curto encuentra una síntesis del espíritu que mueve la iniciativa.

Considera que afirmar que Cuba no está sola resulta, incluso, insuficiente."Muchas veces se dice que Cuba no está sola, pero esa frase se queda corta. Cuba tiene muchísimos amigos; somos una gran parte del mundo. Lo que hace falta es organizarnos mejor y mostrar esa solidaridad, para que los cubanos tengan conciencia de que, aunque lo que están viviendo es duro —y lo es—, no están solos.

"Nosotros venimos hasta aquí, y vamos a recorrer Cuba completa. Yo siempre digo que para mí Cuba empieza en Maisí, porque gran parte de su historia también puede leerse desde este extremo. Cuando uno llega allí, se da cuenta de que esta es una tierra única, unida, leal, y que va a resistir"

Más allá de los recursos materiales, insiste en que el mayor valor del convoy radica en el acompañamiento humano. Asegura que la intención ha sido avanzar al mismo ritmo del pueblo cubano, compartir sus realidades y demostrar que, pese a las adversidades, existen caminos posibles. En esa convicción, reafirma una idea central: la solidaridad, cuando se hace visible y concreta, también es una forma de resistencia.

"También lo decía el secretario Yoel Pérez cuando hablaba: nosotros venimos cargados de energía, incluso de 'pilas políticas', porque la necesitamos. Han sido días intensos. Ayer estuvimos en Matahambre, en La Maya, en una comunidad campesina, incluso tuvimos que cruzar un río crecido y esperar horas, pero más allá de las dificultades, esto ha sido voluntad. Creo que es justo decir que estamos tratando de ir al paso de los cubanos, de acompañarlos. Queremos demostrar que entendemos lo que está ocurriendo y que, juntos, de esta situación se puede salir".

Afirma que el recorrido por la Isla ha sido exigente. "Desde comunidades campesinas hasta encuentros con personal de la salud, el convoy ha llevado insumos como medicamentos y sistemas solares, pero también ha compartido tiempo, diálogo y experiencias. Las dificultades del camino, como traslados complejos o la espera ante un río crecido, no han sido obstáculos, sino parte de una travesía asumida con voluntad y compromiso", concluye.