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Desde antes de su devastador paso por el territorio oriental mucho se escribió sobre el huracán Melissa. Sumaron cientos las historias de este pueblo en prepararse para enfrentar los perjuicios, y luego en esta ardua tarea de la recuperación.

Como en anteriores eventos meteorológicos extremos volvió a ser significativa la capacidad gubernamental para, hasta donde fue posible, preverlo todo, priorizándose la preservación de las vidas humanas, recursos y bienes personales y del Estado.

Y, aunque mucho se ha escrito, no siempre se resaltó el mayor de los logros: no lamentar la pérdida de vidas humanas.

El huracán Melissa, entre otras experiencias, volvió a reafirmar la importancia de la Comunicación Social entre los pilares de la gestión de Gobierno en Cuba, y su empleo en los ámbitos mediático, organizacional, comunitario y en el ciberespacio.

Desde la dirección del país hasta cada Zona de Defensa, comunidad, barrio, poblado y a nivel de cuadra y casa a casa, el llamado fue a la protección y a mantenernos informados.

Pero Melissa dejó también la necesidad de revisar qué nos falló, incluso, en la etapa de recuperación hubo fallas en materia comunicacional.

No debemos olvidar que sobre esta Isla del Caribe se vuelca, segundo a segundo, una guerra mediática atroz, sembrando, en el cada vez mayor y heterogéneo público, falsas noticias (fake news) y matrices de opinión que tergiversan nuestra compleja realidad social.

La Ley 162. Ley de Comunicación Social establece directrices y acciones para, como en los momentos vividos, funcione la “Comunicación de Crisis”. Teniéndose presente: “Los procesos comunicacionales orientados a prevenir, enfrentar y mitigar el efecto de situaciones de diversa naturaleza, que hacen peligrar el normal funcionamiento de una actividad, organización, sector, territorio o país…”.

Por consiguiente están definidos en la norma jurídica los responsables de “gestionar” la comunicación: órganos, organismos y entidades del Estado, organizaciones de masas y sociales, y los medios fundamentales de prensa e información.

ps este precisamente el punto llamado a revisar, si queremos llenar espacios vacíos de información y mostrar el sacrificio de cientos de miles de cubanos, antes, durante y, sobre todo, ahora en la difícil etapa recuperativa.

Los medios de prensa se crecen ante limitaciones y carencias tecnológicas y de transporte para mostrar la realidad que se vive en los territorios afectados, pero valdría preguntarnos cuánto nos toca hacer en materia de comunicación, desde cada responsabilidad.

Nos quedan espacios vacíos en materia comunicacional, y no mostramos el mucho esfuerzo con que se trabaja en la provincia y en cada uno de sus territorios, ni la labor de hombres y mujeres en las obsoletas fábricas para garantizar determinadas producciones o trasladando productos de la canasta básica, por solo citar dos ejemplos.

Falta divulgación del esfuerzo, que no por cotidiano deja de ser heroico, sobre todo, en las actuales condiciones, de quienes viven y trabajan en los campos, montañas, y zonas de difícil acceso, en la Cuba profunda, que pocas veces se muestran en reportes y noticieros, salvo en temporadas ciclónicas o por una visita de “primer nivel”.

Son tiempos de comunicadores diseminados en los diferentes organismos e instituciones y suman cientos los teléfonos móviles “corporativos” financiados por el presupuesto estatal para facilitar la labor de directivos y funcionarios. Pero también para hacer una mejor gestión comunicacional.

Si cada jefe, especialista o trabajador con posibilidades publicara, al menos, una información diaria de lo que se hace en su propia entidad por el desarrollo económico y social de la provincia y el país, serían menos los espacios vacíos en nuestras redes; la población recibiría informaciones más objetivas y serían menos las oportunidades de “desinformados o mal intencionados” para tildar de inmovilismo al proyecto social cubano.

Nos toca mostrar el esfuerzo de este pueblo, sus proezas y también sus realidades. Cuba, por su irreverencia en defensa de su propio destino, sin admitir imposiciones neocoloniales, está sometida a una feroz guerra mediática y seudocultural, que hemos de enfrentar con constancia e inteligencia, y como dijo José Martí: “Con todos y para el bien de todos”.