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WhatsAppor“Amor con H” no es amor, más bien es un horror a la vista. Además, ¿qué te hace pensar que una persona que no tiene cuidado al escribir lo que siente, tendrá cuidado a la hora de preservar una relación?

Si no tiene la responsabilidad y consciencia de revisar lo que hace, ¿cómo va a asumir las complejidades que implica estar con otra persona? Ayudarla, socorrerla, entenderla…

La ortografía, aunque parezca un detalle menor, se convierte en un escudo a la hora de comunicar. Lamentablemente, no siempre lo tenemos presente, y hasta lo subvaloramos.

Sin embargo, refleja, en primer lugar, el nivel de preparación, conocimiento y preocupación de las personas sobre algo tan básico como la comunicación, y en especial lo referente a la palabra bien escrita.

A esto se le suman los riesgos de la confusión, porque un mensaje mal escrito puede interpretarse de manera errónea, distorsionando la intención del emisor. Por eso, es fundamental repensar nuestras prácticas escriturales, tanto en redes sociales como en cualquier otro espacio público.

Estamos hablando de reducir esos horrores ortográficos que nos rodean por todos lados: desde tatuajes mal escritos hasta grafitis que deberían tener un corrector automático antes de salir del spray.

No es un simple capricho de maestros o puristas del idioma. Cada palabra mal escrita es un pequeño desliz que refleja falta de respeto hacia nuestro lenguaje.

El español no es un invento de Internet ni un juego de memes; es un legado que ha sido pulido, mimado y cuidado durante siglos. Y sin embargo, basta con asomarse a Facebook, Instagram o al muro más cercano para ver cómo este patrimonio sufre a diario.

Entre los errores más frecuentes: confundir haber con a ver, escribir halla cuando quieren decir haya (del verbo haber, normalmente se usa al conjugar he comido, has dicho…), poner valla en lugar de vaya, o ese clásico de fíjate sin tilde que nos hace dudar si el autor alguna vez abrió un diccionario o pretende hacerse pasar por argentino, como una suerte de moda del último decenio.

Otros errores comunes en redes sociales son omitir la s o ponerla donde no es necesario; confundir y con ll, b con v… también acentuar mal las palabras, como por ejemplo, hablar de una sensible pérdida, o qué decir de la mascota perdida, son expresiones que nada tienen que ver una con la otra.

También, escribir hechar de menos, en lugar de echar de menos; olvidar que los nombres propios siempre comienzan con mayúscula, y todo por comodidad y rapidez.

Y si hablamos de pecados capitales, en materia de ortografía, ahí están las frases interminaaaaables…. que nos dejan sin aliento, cuando en realidad podrían dividirse en dos o tres frases por medio de un signo de puntuación, y lo complicado que es acertar la entonación de un mensaje cuando no hay pausa entre las ideas. ¡Qué difícil!, ¿no les parece?

La tragedia al escribir no está en los errores casuales, sino en la costumbre de no releer, no cuidar lo que decimos y cómo lo escribimos.

Cada falta es un reflejo de nuestra relación con el lenguaje: si descuidamos las palabras, descuidamos también la imagen que damos al mundo. Y si esto sucede en las redes, imaginemos en la vida real: en la educación de nuestros hijos, en la comunicación formal, en la preservación de nuestra cultura. No es solo estética es civilización.

Debemos preocuparnos por garantizar que el mensaje sea comprendido, marcar las pausas y la entonación con que deben leerse. No permitas que tus mensajes se afecten por la inmediatez del momento.

Tomémonos un aire para repasar lo que escribimos en las redes, ya que somos dueños del tiempo que dedicamos a dar respuestas a alguien y, sobre todo, de cómo lo hacemos.

Así que en este 2026 cuando vayas a felicitar a alguien por el Año Nuevo, recuerda: no pongas felisidades ni inventes palabras. Las felisitaciones sin ortografía tampoco son felicitaciones, sino pequeñas tragedias compartidas en WhatsApp.