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terrorismo mediaticoLos nuevos anexionistas que hoy inundan -como parte de la guerra sicológica desatada contra la Isla-, las redes sociales, andan de plácemes luego del secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro. Ahora le toca a Cuba y pronostican, como caja de resonancia de la frustración de sus amos, bloqueos navales, bombardeos e invasiones contra Cuba. Repiten, una y otra vez, el viejo anhelo de la mafia anticubana de Miami, de que, ahora Cuba, por fin, será libre.

Ciegos de odio y perfidia pasan por alto, con la mayor desfachatez, la paradoja de sus declaraciones. ¿Cuba será libre gracias a la intervención del poderío militar de una potencia extranjera, casualmente, la más poderosa del mundo? 

Sin dudas, en el mejor de los casos, la mesada que reciben como terroristas mediáticos les obnubila el entendimiento, si es que acaso alguna vez tuvieron alguno.

A Estados Unidos jamás, debían saber los charlatanes de las redes, les ha importado la independencia de Cuba. No les importó cuando en los tiempos en que la Isla, sometida bajo el yugo español, hicieron todo lo posible por impedir su independencia, ya fuera para evitar una sublevación de esclavos que contagiara las dotaciones de los estados del Sur o para esperar pacientemente que la debilidad del león ibérico precipitara la fruta madura que, el destino manifiesto de la superioridad hemisférica del naciente imperio, debería dejar caer con el tiempo entre sus manos.

Tampoco lo hicieron al culminar la llamada guerra hispano cubana americana, en 1898, cuando le arrebataron la victoria al ejército libertador y le prohibieron la entrada en Santiago de Cuba y mucho menos cuando convirtieron a la Isla en una seudorepública, encadenada por enmiendas, y bajo el mando de los proconsules de entonces, los embajadores yanquis de turno.

Cuba fue libre después del 59, cuando luego del triunfo de la Revolución los cubanos tomaron en sus manos su destino a pesar de invasiones, guerras bacteriológicas, actos de terrorismo, campañas mediáticas y de los mandamientos del memorandum de Lester Mallory que decretaba que los Estados Unidos debían, mediante la  guerra económica, eliminar por hambre y miseria el apoyo popular al triunfante gobierno revolucionario. El mismo gobierno al que ahora, y a pesar de ya haberse quitado, con amenazas de bloqueo naval e invasiones, la falsa careta del embargo, acusan de oprimir al pueblo de la Isla.

Según el nuevo McKinley que habita hoy la Casa Blanca, Cuba debe ser libre porque hay mucha gente buena en la Florida que ha sido maltratada por el actual gobierno cubano a la que él le gustaría ayudar. 

Deberían saber los nuevos anexionistas de las redes que si Cuba, a pesar de los intereses comerciales en juego, no llegó nunca a ser anexada por Estados Unidos fue gracias a la Enmienda Teller, tomada en visperas de la guerra hispano cubana y la cual fue apoyada por personajes como Redfield Proctor quien, para asegurar su aprobación, dio un famoso discurso en el senado en el que declaró su oposición a la anexión ya que no era una política inteligente incorporar pueblo alguno de lengua y experiencias foráneas y carente de un elemento norteamericano fuerte que lo guíe y dejó bien claro que era a los negros cubanos a quien se refería. 

Como expresara Fidel hace años, en una entrevista periodística con la hija de Kennedy, y cito de memoria: los emigrados cubanos de Miami deberían agradecerle a él y a la Revolución todas las ventajas de las que habían disfrutado en relación a otras emigraciones. 

Distinciones que, por cierto, ahora parecen desvanecerse, debido a la traición de los representantes de la mafia anticubana  y su sumisión a la nueva política migratoria del cariñoso Donald Trump, la cual no tiene, por su descarado carácter racista, nada que envidiarle a las razones del antianexionista senador Redfield Proctor. 

Tomado de Cubasi